Al fin, nuestra paciencia tiene su premio. Luego de caminar kilómetros a través de una densa selva subtropical, en pleno Impenetrable, a merced de alimaÑas y tras haber perdido a dos importantes miembros d enuestro equipo de filmación (Irma, la maquilladora, y Rubén, el encargado de contratar el catering), por fin encontramos a esta elusiva criatura, que el ojo humano casi no ha visto: la hormiga.
Mi equipo me informa .un poco tarde, tal vez -que no es así. Parece que no es tan elusiva. Parece que hay hormigas en todos lados, incluso en la plazoleta que hay a la vuelta de la productora. Bueno. Tenía mal una información. Cosas que pasan. Lo que sí es seguro, es que pocas hormigas tienen las características de la hormiga habitante de la Selva del Impenetrable, especialmenbte la característica de vivir en la Selva del Impenetrable. Estas trabajadoras bestias, como podemos ver a primera vista, andan en fila.
Entonces, una terrible tragedia está a punto de ocurrir frente a nuestros ojos. Los insectos, seguramente perturbados por las preocupaciones de la vida cotidiana, no advierten que las líderes de la fila están cayendo en un agujero. El horror crispa nuestra mirada, mientras vemos cómo, una a una, caen en ese perverso abismo, tal vez construido por otra especie, más inteligente y cruel.
Como quiera que conmigo eso del documentalismo descomprometido, eso de la no intervención y quedarme filmando como un nabo mientras una matanza se efectúa ante mis ojos no va, salgo corriendo, arranco un terrón del húmedo suelo y me dirijo a tapar el agujero, para evitar que las muertes siga sucediéndose.
Algo me detiene. La selva no es lugar para nosotros, hombres acostumbrados al cemento y a las seÑales de tránsito. ¿Se trata de la liana colgando de un lapacho que se cruza en mi camino? ¿O tal vez del traicionero ataque de una lampalagua? ¿O una banda de carayás que han decidido acabar con mi vida? Nada de eso: Se trata de Hugo, nuestro camarógrafo, que me hace una media Nelson, mientras me explica algunas cosas que desconocía sobre las hormigas.
Aclarado el malentendido, procedemos a filmar el interior del .hormiguero. (así se llama) con nuestras cámaras. Al principio nos encontramos con ciertas dificultades. La cámara es demasiado grande y no entra por el agujero. Lo intentamos repetidas veces, incluso tratando de sorprender al tamaÑo del agujero metiendo la cámara de golpe, pero no pasa nada. Tememos, por un momento, que debamos renunciar al documental.
Con ingenio y paciencia, resolvemos sin embargo el intríngulis; sólo debemos regresar a Buenos Aires (empresa en la que perdemos a Roberto, nuestro tiracables, y a Marcos, nuestro productor ejecutivo), desde donde encargamos a una empresa en Canadá una cámara digital de fibra óptica y lentes especiales, que tarda unas cinco semanas en llegar (pero sospechamos que las hormigas no se van a ir a ningpunn lado); el esfuerzo vale la pena, y destaco especialmente el ingenio práctico de Hugo, que tuvo la idea de buscar el modelo en Internet.
Dos meses después (y de perder a Carla, nuestra editora .que no sé bien para qué la trajimos .en las fauces de un yacaré), encontramos nuevamente el .hormiguero.; las primeras imágenes de la cámara son de una belleza sobrecogedora. Miles y miles de hormigas viviendo en armonía e igualdad social, trabajando para el bienestar de la comunidad; algunas, construyendo túneles. Otras, .fabricando. el alimento con ayuda de su saliva. Las de más allá, ofreciendo sus cuerpecitos, cuando la comida escasea, para alimentar a la Rein.
El descubrimiento nos deja helados. La aparentemente igualitaria sociedad de las hormigas no sería más que una tiranía totalitaria, completamente contraria a nuestros principios morales y políticos. Nos reunimos en Asamblea para ver qué hacer. El veredicto es claro: ¡Libertad o Muerte!
Desgraciadamente, la Sociedad Mundial de Documentalistas puso un recurso de amparo para evitar que viniéramos con nuestro arsenal, debido a ciertos .excesos. cometidos en nuestros documentales anteriores (.El Paraíso del Wienepazookie. y .Rescatando a Jean Paul.). Hugo, con la ruda decisión de los hombres de acción, propone un ataque con molotovs y palos. Sin embargo, mi abogado .que por suerte sobrevivió al ataque de los coatíes -me recomienda que, en beneficio de mi libertad condicional, intente una protesta pacífica.
Gloria, una de las hormigas que hemos elegido como protagonista desprevenida de nuestro documental, asoma su carita por la tarde. Sus antenas buscan, midiendo la densidad del aire y los sutiles perfumes de la selva, la dirección en la que hay mayores posibilidades de encontrar alimento.
Tiene suerte; todo lo que hay a su alrededor es alimento, ya que, como sabemos, las hormigas comen cualquier cosa. Sin embargo, se detiene, con una actitud que podríamos denominar de .perplejidad.. Gloria, acostumbrada a toda una vida de sometimiento, queda boquiabierta ante el .escrache. que hemos organizado contra su Cruel y Despótico Gobierno. No estamos seguros de que pueda leer lo que dice en las pequeÑas pancartas que hemos construido .aunque Ariel, nuestro diseÑador gráfico hizo maravillas con el alfabeto para hormigas que confeccionó, que básicamente es el mismo que el nuestro pero más chiquitito-, pero tal vez nuestra actitud de firme protesta y rebelión la haga reflexionar un poco. Antes de volver, perpleja, a hormiguero, le entregamos un volante (también en tamaÑo pequeÑo).
La noche del Impenetrable cae sobre nosotros, pero luego de unas horas la selva despierta, con su multiplicidad de sonidos, colores y olores.
Sin embargo, en nuestro segundo día de protesta pacífica, observamos con preocupación que Gloria no aparece. Evidentemente, han encontrado epl panfleto entre sus efectos personales y procedido a su ejecución. Ariel cree verla, pero se trata sólo de una hormiga bastaaaante parecida. Creemos que la han enviado para confundirnos. Reaccionamos sin perder tiempo pidiendo un hábeas corpus y redactando cartas a la prensa libre, y gestionando una intervención de las Naciones Unidas. Hugo camina como un tigre enjaulado, diciendo .mientras nos sentamos aquí como seÑoras que toman el té, allá dentro las hormigas están sufriendo! ¿Entienden? ¡Están sufriendo!.. No puedo decirle nada.
Agotados y de mal humor, luego de 43 días de protesta y huelga de hambre (tengo que aclarar que la mayoría del equipo desertó, y algunos no soportaron la falta de alimento), sólo quedamos Hugo, Nanette (mi asistente, que se muestra perturbadoramente quieta desde hace unas horas) y yo. Esperamos con ansiedad la respuesta al petitorio que enviamos ayer. Pero todo lo que obtenemos es el hermético silencio rodea al hormiguero.
Hugo no aguanta más, y con una pala abre de un tajo la tierra del hormiguero. Intento detenerlo al grito de .¡No! ¡Tratemos de seguir por las vías institucionales!., pero me golpea con el mango de la pala y caigo al piso. Cuando me levanto, furioso, Hugo me muestra, sonriente, que tiene entre sus dedos a la Reina. La furia puede más que la estrategia y el respeto a los tratados internacionales, y la llevamos a nuestra carpa, donde instituimos un tribunal popular para juzgarla por sus crímenes. Esa misma noche, es ejecutada de un pisotón.
La noche cae nuevamente sobre el Impenetrable. Hugo y yo (Nanette, lamentablemente, no lo logró) nos sentimos cansados, y sin esperanzas (a pesar de la huelga de hambre no nos quedan víveres, que fueron devorados por alimaÑas el segundo día), pero al mismo tiempo, felices y sabedores que en el proximo Festival Latinoamericano de Documentales, se dirá de nosotros .se dirá lo que quiera de sus documentales, especialmente que no lograban terminar ni uno, pero lla verdad que los tipos se jugaban las pelotas..
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