Festéjase hoy (porque, como todas las cosas con fecha, no se festeja, sino que festéjase) el Día de la Historieta, y como los organizadores siguen sin hacer lo que tienen que hacer (o sea, 24 hs. de Lucha Libre de Dibujantes), voy a decir 3 cosas de la .Historieta Paradigmática., es decir, .La PequeÑa Lulú..
1) Mi hijo mayor, desechando los cantos de sirena del manga o el pedorro superheroísmo actual, se ha convertido en FANáTICO de Lulú a un punto que nos vemos en la situación de tener que decirle .no, hoy no, hoy leamos otra cosa que no sea La PequeÑa Lulú., algo que no hubiera creído EN MI VIDA que saldría de mis labios. Ello no obsta para que el asunto hable muy bien de ambos: de la supervivencia al paso de los aÑos de Lulú y del excelente criterio del primogénito.
2) Lo que no está sobreviviendo demasiado bien es el papel donde está impresa la historieta. Tenía los ejemplares guardados en una caja, preservados de todo contacto con la luz, el aire, los ácidos que desprende la carne humana, etc., y en sólo un par de meses de uso están prácticamente desintegrándose. Mi .Plan B. es tal vez encuadernarlos, pero descarté cualquier intento de preservación en folios u otro tipo de elemento aislante. Porque no nos tenemos que olvidar de la fortaleza máxima de la historieta: su condición de arte menor, de hija boba, de literatura descartable. Ahhh, no te confundas, no te cambio media biblioteca de Babel por una tira de Charlie Brown o dos páginas del Corto Maltés, lo que estoy diciendo es que la historieta nació plebeya, proletaria y portuaria, y morirá plebeya, proletaria y portuaria, que debe rechazar con furia las tentaciones de ser elevada de categoría, de figurar en bibliotecas, enciclopedias, universidades, exposiciones (aunque nos juntemos en el Recoleta a fingir que podemos leer algo colgado en una pared) y otros regazos de mamá para artistas inseguros. Sólo con conciencia de arte menor y palurdo, en papel de mierda y efímero, la historieta brilla, arrasa y les rompe el culo a todos, como el flamenco debe escucharse en un barcito con gente hacinada y ebria de vino y jamón y no en un teatro para doscientas mil personas, y un choripán debe comerse en la calle y caminando, no en vajilla de porcelana y un .weblog. en la oficina mientras fingís escuchar las instrucciones del jefe, no en un compilado de Editorial La Cachucha (por supuesto que no me refiero a ud., Sr. Editor que me hizo una jugosa propuesta. Este caso sería una excepción. Gracias, siga leyendo). Cada cosa en su lugar. El papel satinado y con brillito no hace más que ponerla en ridículo y aprisionarla con un chaleco de fuerza, como disfrazar con smoking y sombrerito a un boxeador de raza. Así que no, renuncié a mis sueÑos de preservar mis PequeÑas Lulú, ed. Novaro de 1962 a 1978 para el resto de la eternidad; Lulú morirá peleando, despedazándose luego de cada lectura o de caer en manos de mi nene más chico, y lo bien que hace, porque ¿sabés? ¡Vos también te vas a morir, sí, vos, vos, vos, vos, vos, vos, vos, vos, vos, vos, vos, vos, VOS!!!
3) En .La PequeÑa Lulú. aparece un personaje, el Inspector Fobia, que es un tipo muy ridículo con traje a cuadros blancos y celestes y un bombín, que trabaja para la escuela de la ciudad atrapando niÑos que se hacen la rata (o que .hacen novillos., como dice la traducción mejicana). Es como un policía, o un cazador de recompensas, que cuando no logra atrapar ningún niÑo recibe los retos del Director de la escuela. .Si no atrapa hoy un niÑo haciendo novillos está despedido., le dice el Director. En fin, la cosa es que recién hace un par de semanas, luego de ¿cuántos? ¿treinta y cinco aÑos de leer .La PequeÑa Lulú.?, mi cabeza terminó de tocar los botoncitos necesarios para sugerirme que, ¡no existe esa profesión! No, en serio, hasta no revisar voluntariamente el concepto, tenía clasificado el dato como una cosa más de la realidad, algo normal, algo que podía darse en la vida real, como tomar helados, ir a pescar o al teatro a ver un mago. Uno de esos conceptos que tomás a edad muy temprana como palabra santa y hasta que no se te ocurre revisarlos o la vida te golpea, quedan ahí eternos e incuestionables. Por cuestiones de preservación personal, no me atrevo a seguir reflexionando sobre otras cosas que aprendí con .La PequeÑa Lulú..
Miren, en el marco del Día de la Historieta, el dibujante Parés le hizo una entrevista demencial al dibujante Fayó. Y unos animales contra el vidrio.
Actualización: Bueno, me informa el comentarista Gabriel Noel que parece que sí existía gente que laburaba de Inspector Fobia, y se llamaban .Truant Officers., así que mi reflexión número 3 no tiene el menor sentido, hagan como que no dije nada. La realidad supera la ficción. Bah, no, la iguala.
La cosa es que vuelvo a creer. ¡Maldición!
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