jueves, 25 de septiembre de 2008

¡O sea que estos de Wall Street no son todos bellísimas personas!





Que subo, que bajo, que tengo mal humor, que me agarra la euforia, que viernes negro, que me catapulto para arriba, que euforia, que depresión, que euforia, que depresión, que euforia, que depresión… ¿¿¿Sabés lo que LE HACE FALTA A LOS .MERCADOS. (aparte de una dieta con alto contenido de potasio y un tratamiento intensivo baÑos calientes en nitrato de einstenio)??? ¿Sabés, no? ¿Te lo digo o no te lo digo? Vos sabés, ¿no?


A propósito, venía escuchando las desgracias del Banco .Goldman Sachs” y el nombrecito me sonaba de algún lado. Goldman Sachs, Goldman Sachs, y luego recordé el siguiente fragmento de la autobiografía de Groucho Marx, .Groucho y Yo., donde recuerda su experiencia con las inversiones en la Bolsa a fines de la década del veinte:


.Mientras el mercado seguía ascendiendo hacia el firmamento, empecé a sentirme cada vez más nervioso. El poco juicio que tenía me aconsejaba vender, pero, al igual que todos los demás primos, era avaricioso. Lamentaba desprenderme de cualquier acción, pues estaba seguro de que iba doblar su valor en pocos meses.


.En los periódicos actuales leo con frecuencia artículos relativos a espectadores que se quejan de haber pagado hasta un centenar de dólares por dos entradas para ver My Fair Lady (personalmente opino que vale esos dólares). Bueno, una vez pagué treinta y ocho mil por ver a Eddie Cantor en el Palace (…) Cantor era vecino mío en Great Neek. Como era viejo amigo suyo cuando terminó la representación fue a verle en su camerino. (…) Encanto -prosiguió Cantor-, ¿qué te ha parecido mi espectáculo?

Miré hacia atrás, suponiendo que habría entrado alguna muchacha. Desdichadamente no era así, y comprendí que se dirigía a mí. Eddie, cariÑo -contesté con entusiasmo verdadero-, ¡has estado soberbio! Me disponía a lanzarle unos cuantos piropos más cuando me miró afectuosamente con aquellos ojos grandes y brillantes, apoyó las manos en mis hombros y dijo: -Precioso, ¿tienes algunas Goldman Sachs? Dulzura, respondí (a este juego pueden jugar dos) no sólo no tengo ninguna, sino que nunca he oído hablar de ellas ¿Qué es Goldman Sachs? ¿Una marca de harinas? Me cogió por ambas solapas y me atrajo hacia mí. Por un momento pensé que iba a besarme. -No me digas que nunca has oído hablar de las Goldman Sachs! -exclamó incrédulamente-. Es la compaÑía de inversiones más sensacional de todo el mercado de valores. Luego consultó su reloj y dijo: -Hoy es demasiado tarde. La Bolsa está ya cerrada. Pero, maÑana por la maÑana, nene, lo primero que tienes que hacer es coger el sombrero y correr al despacho de tu agente para comprar doscientas acciones de Goldman Sachs. Creo que hoy ha cerrado a 156. ¡y a 156 es un robo! Luego Eddie me palmoteó una mejilla, yo le palmoteé la suya y nos separamos. ¡Amigo! ¡Qué contento estaba de haber ido a ver a Cantor a su camerino! Figúrese, si no llego a ir aquella tarde al Teatro Palace, no hubiese tenido aquella confidencia. A la maÑana siguiente, antes del desayuno, corrí al despacho del agente en el momento en que se abría la Bolsa. Aflojé el veinticinco por ciento de treinta y ocho mil dólares y me convertí en afortunado propietario de doscientas acciones de la Goldman Sachs, la mejor compaÑía de inversiones de América..


.(…) Luego, un martes espectacular, Wall Street lanzó la toalla y sencillamente se derrumbó. Eso de la toalla es una frase adecuada, porque por entonces todo el país estaba llorando..


“Algunos de mis conocidos perdieron millones. Yo tuve más suerte. Lo único que perdí fueron doscientos cuarenta mil dólares (o ciento veinte semanas de trabajo, a dos mil por semana). Hubiese perdido más pero era todo el dinero que tenía. El día del hundimiento final, mi amigo, antaÑo asesor financiero y astuto comerciante, Max Gordon, me telefoneó desde Nueva York. (…) Todo lo que dijo fue: .¡La broma ha terminado!.. Antes de que yo pudiese contestar el teléfono se había quedado mudo..


.En toda la bazofia escrita por los analistas del mercado, me parece que nadie hizo un resumen de la situación de una manera tan sucinta como mi amigo el seÑor Gordon. En aquellas palabras lo dijo todo. Desde luego, la broma había terminado. Creo que el único motivo por el que seguí viviendo fue el convencimiento consolador de que todos mis amigos estaban en la misma situación. Incluso la desdicha financiera, al igual que la de cualquier otra especie, prefiere la compaÑía. Si mi agente hubiese empezado a vender mis acciones cuando empezaron a tambalearse, hubiese salvado una verdadera fortuna. Pero como no me era posible imaginar que pudiesen bajar más, empecé a pedir prestado dinero del Banco para cubrir las garantías. Las acciones de Cobre Anaconda se fundieron como las nieves del Kilimanjaro (no creas que no he leído a Hemingway), y finalmente se estabilizaron a 2 7/8. La confidencia del ascensorista de Boston respecto a United Corporation se saldó a 3,50. Las habíamos comprado a 60. La función de Cantor en el Palace fue magnífica. Pero, Eddie, cariÑo, ¿Goldman-Sachs a 156 dólares? Cuando la máxima depresión del mercado, podía comprárselas a un dólar por acción.. (Saqué de aquí el texto, donde pueden leerlo un poco más completo).


Conclusiones finales (como si no las supiéramos): sencillamente se trata de una banda de LADRONES que vienen JODIENDO a medio mundo desde hace noventa aÑos, y resulta que allá (que es distinto, otra mentalidad, están a aÑos luz, etc.) están preocupadísimos por ver cómo los salvan. Francamente, la próxima vez que se acerque otro licenciado en economía para explicarme las .leyes irrefutables del Mercado. (o .la bazofia., como la llama el Sr. Marx) me comprometo a organizar PERSONALMENTE un linchamiento.


Miren, unas fotos sacadas en el momento justo (robado de Oink!)


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