Allende las fronteras del país civilizado, más allá de nuestra selva de hormigón y cemento (pero donde contamos con las mínimas comodidades sin las cuales el Homo Sapiens no es más que un mono disfrazado), allá donde los burgueses preferimos no ver para no encontrarnos cara a cara con pesadillas de seres semisalvajes untados en grasa de antílope, interminables estepas heladas donde una baldosa con musgo es considerada un bosque, y selvas donde el insecto es más peligroso que la fiera y el microbio más mortífero que el insecto, allí, allí existe el país que no queremos ni debemos ver, el país que queremos aplastar con nuestra bota de tipo texana, un país hundido, sumergido, embadurnado en sus propios líquidos: el País Submarino.
Mientras el Tío Juan Carlos, CEO de Clarín Enterprises Inc. se recuperaba en su Sala Privada de Terapia Intensiva de la Clínica Clarín para Gente de Clarín, tuve una reunión con Augusto Salvatierra, su sinuoso y prevaricador segundo de a bordo (llamado con temor y respeto la .Eminencia Gris. de la corporación), que me llamó a su oficina con un tonito que no me gustó nada; y allí me planteó, con su voz siseante: .Entiendo, Podeti, ssssss, que estás escribiendo una serie de artículos, ssss, sobre los rincones olvidados, ssss, de la Argentina, sssss, pero que todavía no cruzaste la general Paz, ssss. ¿Qué te parece, sssssss, si te pagamos un pasaje, ssssss, no a un lugar olvidado por la mano de Dios como Rosario o Paraná, sino a Londres ¡Londres! Y escribís una nota desde allí, fingiendo que estás en un pueblito llamado Molle Quemado, sssss, con muchas cosas pintorescas y gente pobre?.
Si bien la idea iba por completo contra mis principios básicos de ética periodística, me gustó lo de ir a Londres así que le dije que bueno, dale. Y entonces, el maquiavélico Rasputín del multimedio intentó clavarme la daga turca que llevaba escondida bajo su túnica de terciopelo (es un decir, el tipo tenía camisa y pantalón pinzado): .Todo bien entonces, ssss, saldrías de Ezeiza el lunes a las…., a lo que interrumpí .¡Ajá!!! Conque EZEIZA, ¿eh? ¡Quédese con su vulgar Caballo de Troya, Sr. Salvatierra! Y conversemos lo de la próxima nota, yo lo que digo es que epa epa epa, piano, piano se va lontano, paremos la moto, bajemos un cambio, no me aflojes corazón, baby steps, etc..
Dos días después .luego de arduas negociaciones, cadenas de e-mail, cartas documento, planes de facilidades en la AFIP y demás-, un destartalado ómnibus de la línea 55 impregnado en olor a heces de gallina me deja en lo que los naturales llaman el .epicentro. de Palermo Soho.
No, no es una visión agradable. Cuando los caminos de acceso fueron abandonados a su suerte debido a la .Burbuja Inmobiliaria. sufrida por la zona -gracias a la cual una vieja .casa chorizo. habitada por los últimos descendientes de un inaje de inmigrantes italianos hoy vale lo mismo que un Penthouse en Park Avenue-, haciendo imposible la subsistencia en Palermo por el resto de los habitantes del país, sólo permaneció allí la última generación de pobladores: diseÑadores de cosas en un 99 % de los casos.
AntaÑo, estos diseÑadores atendían con rostro de aburrimiento sus pequeÑos emprendimientos ubicados sobre Gurruchaga o El Salvador, donde un cacho de madera con pintura flúo era llamado un .objeto de diseÑo. y podía costar hasta $700. Hoy, ya sin clientes, subalimentándose de los restos de chocolate que encuentran en tazas de capuccino de bares abandonados, vagan como fantasmas alucinados y rediseÑando todo a su paso; esto ha convertido a Palermo Viejo en un sitio intransitable. Las baldosas de las veredas ya no cumplen con su original funcionalidad de ser pisadas; ahora están cubiertas de mosaiquitos, lucecitas, alambres doblados en formas caprichosas. Los cordones de las veredas, recubiertos con cartapesta pintada, sobrepasan en uno o dos metros la altura de las veredas mismas y toman formas zigzagueantes, por lo que se hace casi imposible cruzar la calle.
Los árboles del barrio han sido rediseÑados con la ayuda de artesanos, viejitas ex hippies dueÑas de viveros y genetistas aficionados, y ya no son esos gigantes que nos acogen en su sombra, sino monstruos de mil brazos de donde cuelgan botellitas de Coca Cola pintadas con témpera y muÑequitos vudú postmodernos; los juegos de la Plaza Central del pueblo (llamada .Placita Serrano.) ya no reciben, joviales, a los niÑos, sino que se han convertido en trampas mortales, a consecuencia de sus muy estéticos rediseÑos (líneas salientes, picos truncados y filosas puntas de acero, inspiradas en Kandinsky) pero totalmente inadecuados para su trepado; ¡Hasta los .Objetos de DiseÑo. que siguen, impávidos en las vitrinas, esperando un cliente que no llegará nunca son rediseÑados a diario, agregándoseles capas de cosas, con papel maché, hojas de plátano y tapitas de cerveza, hasta que es imposible adivinar la forma del objeto inicial! .
Una muchacha de pelo teÑido de naranja, musculosa negra con tachitas y una pollera anaranjada de tela de avión se acerca a mí .¡Vos! Vos sos extranjero. Y eso está bueno.. Asiento con la cabeza, intimidado por la energía cosmopolita que irradia la diseÑadora. Me pregunta si quiero comprarle algo, y me muestra una piedra rediseÑada, con pelos, cachos de alambre y témpera celeste. .Después, después., le digo, según el .código palermino. que figura en mi Manual de Supervivencia. .Tengo que ir al cajero., agrego por si acaso.
Tatiana, tal el nombre de la palermina, me ve algo desorientado, y me lleva a un local abandonado de venta de cosas que no se sabe qué son, y me convida algunos restos de cilantro y palta, de un bowl semiabandonado que ha encontrado bajo el mostrador; en la charla, empiezan a traslucirse algunas características de la cultura local. Tal como los asirios, parece que los palerminos sostienen un sistema de creencias dualista, dividido en cosas que .están Buenas. y cosas que .no están Buenas.. Entre lo que .está Bueno. puede contarse al sol, la luz, el calor, la pesca, la época de las cosechas, Bjö Entre lo que .no está Bueno. figurarían la noche, la oscuridad, el frío, el hambre, la sequía, Ignacio Copani.
En función de lograr que todo .esté bueno., los palerminos tratan de complacer al Gran DiseÑador de Objetos del Universo, rediseÑando la Creación según sus directivas. .Cuando terminemos de rediseÑar Palermo, seguiremos con el Mundo, y este será rediseÑado, y tendrá mucha pintura flúo y unas rayas étnicas y pantallas de lámpara naranjas con chiriflucitos tipo Tim Burton y pedazos de avisos abntiguos de Cinzano y lamparitas rojas. Y estará Bueno..
No oigo entrar al resto de los diseÑadores. Entran decididos. Temo por mi compaÑera, ya que parecen haber venido por ella, aunque me miran muy fijo y muy feo a mí para disimular. Le echo a Tatiana una mirada de comprensiva simpatía y me levanto para irme, dispuesto a desearle toda la suerte del mundo, pero percibo que ella también me mira muy fijo y muy feo, y luego mira a los otros diseÑadores, no con temor sino como con complicidad, tal vez para disimular su miedo. .Es un extranjero. No está Bueno. Necesita ser rediseÑado., dice, con una convicción muy profesional que me admira.
No hacen caso de mis despedidas, y me acuestan sobre un sillón triagular de cuero de vaca que hará las veces de mesa de operación; los palerminos, uniformados todos con esos anteojitos rectangulares, intentan tranquilizarme mientras extraen sus instrumentos quirúrgicos, la mayoría de aspecto atemorizante e irreconocible, diciendo: .Tranquilo, extranjero. Luego de isnsertarle cachos de cartapesta, vidrios de colores, venecitas y lámparas en forma de mosca gigante, estará usted Bueno..
Sudo helado. Un trozo de cilantro se me escapa de un agujero en la muela y trago. ¿Morir así, con el asqueroso gusto del cilantro quemándome la garganta? Ni en mis pesadillas más crueles hubiera imaginado algo semejante. Un enjambre de escalpelos se arroja soibre mi vientre.
Siento cosquillas y comprendo; los escalpelos, bisturíes, tijeritas y punzones con que pretendían rediseÑarme, también han sufrido sus propios rediseÑos, y ahora son objetos inocuos, no más cortantes que un palito de helado o un orgasmatrón. .Esto no está Bueno., murmuran contrariados los palerminos mientras me clavan sus juguetes en la panza. ¡Es el momento! Un brazo me queda libre, lo alargo hasta una de las estanterías abandonadas y tomo un portasahumerios, ofrecido al publico en la época de gloria de Palermo, y que sucesivos rediseÑos han convertido en un arma mortal. Agito el instrumento como un desaforado y huyo; afortunadamente, algunos rediseÑos anatómicos autoinflingidos .brazos asimétricos, huesos de papel maché, exceso de piernas, pies en forma de chiriflucito tipo Tim Burton- impiden a la espectral cooperativa de diseÑadores alcanzarme.
La carrera es torpe, ciega, desordenada, estoy extraviado en una selva de calles rediseÑadas; por momentos creo estar corriendo cabeza abajo o atravesando cortinas de clavos, pero en algún momnento me encuentro en la calle Córdoba, a donde los palerminos no tienen acceso; las cosas aquí son demasiado baratas y ellos no consiguen cambio de $ 100. Contemplo a mi alrededor: Una vereda a la altura del piso, baldosas de color beigecito, gente con camisa, kioscos que venden medallitas del Che Guevara y hojas de cannabis en latón, con carteles que dicen .Pancho $ 2. utilizando la tipografía Comics Sans. Respiro aliviado: Nada aquí ha sido diseÑado, ni rediseÑado, ni recontradiseÑado. Pido un taxi hasta la parrilla más cercana, ansioso por quitarme el mal sabor del cilantro de la boca.
Mientras tanto, reflexiono con angustia que los palerminos permanecerán en su burbuja, continuando su autodestructiva cruzada de rediseÑos sobre rediseÑos, sin detenerse hasta sacar sus órganos hacia afuera, o entremezclar moléculas, átomos y hadrones de lámparas y .fiacas. hasta que un vórtice los trague.
No está Bueno.
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