Este aparatoso engaÑa-pichanga -pariente de la “Falsa pata de jamón crudo”- suele encontrarse a un costado del mostrador en en restaurantes de comida criolla o ferias autóctonas, para transportarnos mentalmente a la mitad de Iruya, Salta, o Santa María, Catamarca, donde no se pueden dar dos pasos sin tropezarse con una humita en chala. Lamentablemente, cuando se nos antoja esta especialidad, el dependiente niega tenerlo en existencia, ofreciéndonos a cambio una empanada o tal vez un choripán; algunos desavisados en ánimo polémico se lanzan a tomar una de las humitas en chala de la pirámide para enrostrárselo al falsario, y entonces comprueba con desazón que levanta la maqueta entera(las “humitas” se encuentran pegadas entre sí. El artefacto pesa unos cinco o seis kilos). Segundos más tarde, además recuerda que la humita en chala de verdad es de color verde amarillento, no ese esmalte anranjado con que la “Pirámide” está pintada.
La Pirámide de Falsas Humitas en Chala, por último, hace pensar en una impía parodia gastronómica de la “apacheta”, montaÑa de piedras ritual con que nuestros compatriotas norteÑos homenajean a la Pacha Mama.
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