miércoles, 14 de mayo de 2008

¡Constitucionalista se ve obligado a presentar un Amparo!





Escribe el Dr. Arturo Ribeiro Paz

Constitucionalista Salvaje y Escritor de Cartas a los Diarios

todoesanticonstitucional@ubbi.com


Sr. Director:


Durante el transcurso de la tarde de ayer, mi mujer y yo decidimos, haciendo uso de nuestros derechos como ciudadanos de la República, dirigirnos hasta la ferretería para hacernos con unas arandelas para cierto trabajo de .bricolage. de índole personal.


No creímos que esta actividad, normal y corriente para dos adultos ciudadanos que habitan un país que se supone en democracia pudiera acarrearnos dificultad alguna. Y sin embargo, no dimos cuatro pasos sin encontrar que una cuadrilla del Gobierno de la Ciudad estaba rompiendo la vereda para realizar ciertos trabajos de mantenimiento, impidiendo nuestro paso por el lugar donde estaban realizando el trabajo (entre otras cosas porque estaban ellos ocupando ese sector del espacio público). Concientizado como estoy de mis derechos como ciudadano y persona judicial, presenté inmediatamente un Recurso de Amparo para detener estos trabajos que perjudicaban mi paso por el lugar donde estaban realizando estos trabajos, aunque para ello hubimos de costrarnos .mi mujer y yo- hasta los Tribunales más próximos, desviándonos en grande de nuestro objetivo inicial.


Pero nuestro calvario no terminó allí, Sr. Director; como quiera que nuestro objetivo inicial .el traslado de nuestras personas físicas hasta la ferretería con el fin de adquisición de arandelas- ya era imposible debido a la hora, decidimos aprovechar lo que nos quedaba de luz del día .por el tema de la Inseguridad- para tomar un helado, infusión de cuyo derecho de consumidores a disfrutar somos perfectamente conscientes. Sin embargo, nos encontramos con que la heladería elegida carecía del gusto .crema del cielo..


Raudos y ni cortos ni perezosos, y aprovechando la cercanía con los Tribunales, presentamos un amparo para que la heladería tenga crema del cielo, obligando así a cerrar sus puertas hasta producir la seÑalada reforma. Sin embargo, la amarga sensación por el maltrato sufrido nos impelió a presentar un par de amparos más, uno contra un joven, muy desagradable, que se encontraba examinando las portadas de las revistas pornográficas de los kioscos de la Clle Corrientes (que lo oligaba a arrastrarse sobre sus entraÑas) y otro contra todos los parroquianos de una conocida pizzería, forzándolos a que nos entreguen todo su efectivo (con el objeto de irnos a comprar ropa).


Sin embargo, nos encontramos con una desagradable sorpresa, Sr. Director: el Oficial de Justicia que nos atendió se negó a oficializar estos dos últimos amparos, diciendo .con una sonrisita muy poco profesional- .eeehhhh, pará.. ¿Qué clase de garantías podemos tener en un país donde uno no puede ser creativo con los amparos y donde el tipo no hace lo que yo le pido? Sin embargo, hartos de dejarnos pisotear, decidimos presentar un amparo contra el oficiante que no nos dejaba presentar amparos, cosa que lo confundió notablemente y, mientras iba a consultar con un superior, nos introdujimos en su oficinita haciendo uso de neustro Derecho Constitucional de Tránsito por todo el Territorio de la República y confeccionamos unos cuantos amparos que luego decidimos hacer efectivos ante la Policía.


Verá vd., Sr. Director, el esfuerzo que debe hacer un ciudadano común para sencillamente vivir una vida normal sin sobresaltos y comprar un par de arandelas; no forma parte de mis tareas habituales ni mi profesión presentar un amparo para que mi vecino, cuyo nombre .Fernando SaldaÑa- no divulgaré por un tema de privacidad personal, desaloje su casa y me entregue todas sus posesiones, por el hecho de ser más lindas que las mías; ¡y sin embargo debí utilizar media tarde del lunes en la redacción de este documento! O un amparo para que los habitantes de toda la manzana integren una pequeÑa cuadrilla dedicada a construir un monumento de sesenta metros en nuestro honor, utilizando el granito arrancado a las fachadas del barrio de al lado .cuyo uso hicimos posible merced a un amparo. O un amparo para que el Tren Bala salga de media cuadra de mi casa, así puedo visitar a unos familaires que viven en Rosario, etc. etc..


Pero fíjese vd., Sr. Director, a qué extremos debimos llegar para defendernos de las posibles represalias (o incluso contra-amparos) por parte de algunas personas que se sintieron perjudicadas por nuestro accionar, tales como la cuadrilla, el dueÑo de la heladería, el muchacho pornógrafo, los parroquianos de la pizzería, mi vecino y sus numerosos hijos, nuestro contingente de trabajadores y los propietarios de las casas con fachada de granito: presentar un amparo de restricción para que ningún ciudadano pueda acercase a más de tres metros a la redonda de nuestras personas físicas. Una medida extrema, es cierto, y que además nos hace sentirnos un poco solos (por un tecnicismo, tampoco podemos acercarnos a menos de tres metros entre nosotros). Nuestro único consuelo es utilizar esto como sano esparcimiento, por ejemplo, ir corriendo contra algún gil medio desprevenido, para que el tipo salga despedido por los aires, empujado por el amparo que nos protege. Pensamos incluso en ofrecer nuestros servicios a la Justicia como luchadores contra el crimen, .empujando. a los potenciales malhechores con la fuerza de nuestros amparos, por ejemplo, hacia las vías de un tren. O incluso para invadir países limítrofes, corriendo a sus habitantes hacia atrás hasta que se salgan del otro lado de la frontera opuesta a la nuestra, engrandeciendo los límites de nuestra Nación.


En lugar de eso, nos encontramos hoy sitiados por varias divisiones del Ejércio Argentino debido a que las autoridades consideran que somos una amenaza (el .Peligro Amparo., nos ha bautizado la amarillista prensa local). Nos hemos visto obligados a utilizar algunos amparos que previsoramente dejamos en blanco obligando a nuestros hijos Giancarlo y Lihuén a volar el uno y lanzar fuego por los ojos la otra, lo que ha servido para mantener a raya .por ahora- a la vanguardia del ejército. Pero esto está lejos de terminar. En estos momentos mi seÑora se encuentra, sin ir más lejos, corriendo a toda velocidad contra los soldados enemigos, haciéndolos estallar en pedazos gracias a la presión infundida por el recurso de amparo contra sus órganos internos. Guardo, por si las moscas, un amparo que obligue a los EEUU a arrasar con Bs. As. Mediante un ataque total con armas nucleares y bombas destripamargaritas. Pero, ¿hasta cuándo, Sr. Director? ¿Hasta cuándo?


Confiamos en que en la Argentina que le toque vivir a nuestros nietos no se tengan que sufrir estos abusos, y les dejamos nuestro monumento de sesenta metros como testimonio vivo de nuestros esfuerzos.


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