Primero, hizo kaputt mi maquinola hogareÑa. Un cartel en amenazante color azul me avisaba una serie de cosas incomprensibles, pero que creo posible traducir como .las cosas de adentro de su máquina est{an, probablemente, en estado de descomposición. No toque nada..
Luego, el que hizo kaputt fue el webloguero autor de esta columna, víctima de un .Principio de Neumonía., una enfermedad que yo creía más apropiada para matar niÑitos de novelas lacrimógenas para gente mala .esa gente a la que le gusta leer novelas donde mueren niÑitos- que para dejar fuera de combate a un hombre de cuarenta aÑos, padre de familia, con un trabajo casi decente y el físico de un coloso.
Así que allí estaba este pobre mártir, víctima de una cruel maniobra de pinzas, imposibilitado de salir a buscar una computadora callejera y, por esto mismo, de actualizar levemente su weblog, siquiera poniendo una de esas fotos de animales de granja que parece que les gustan tanto. Independientemente de los perjuicios que pueda haber causado en los lectores de .Yo contra el Mundo. (pérdida de algo que dé sentido a sus vidas, etc.), tengo que decir sin embargo que la experiencia me permitió un descubrimiento positivo: no soy adicto al webloguerismo. No sentí una pérdida, ni culpa, ni una urgencia ni nada; la verdad, estaba muy contento, expectorando. Ya sospechaba, o sabía mejor dicho, que no era adicto al trabajo. Descubrir, en cambio, que no tengo la necesidad física de estar sentado frente a una pantalla que lanza radiaciones destructivas mientras redacto tonterías o contesto insultos, es un alivio. Significa que soy normal. Bueno, un poco normal, lo que ya es bastante decir.
Es decir, tener un weblog es entretenido y placentero, pero .fíjense lo que me tiene que pasar para que me percate de esto- pasé unos treinta y seis aÑos de mi vida sin tener uno y tal vez pueda vivir los setenta u ochenta aÑos que me queden de vida, más o menos, así, calculado a ojo, sin tener uno (Igual Dios no lo permita por ahora). Siempre es reconfortante saber que uno no es completamente dependiente de las modernas tecnologías y las invenciones para boludos del siglo 21 (como cuando una vez no tuve tele). Te hace sentir que sos un recio y salvaje hombre de las cavernas .si es que los hombres de las cavernas vivían períodos en los que permanecían en la camita lanzando gemidos de nena y tomando sopa.
Más allá de esto, creo que estar enfermo .salvo por el hecho de no ir a trabajar, quedarte todo el día con tus seres queridos, mirar la tele, quedarse en la cama, que te hagan la comida y en general no mover el culo un centímetro .o tiene nada de positivo. La fiebre, por ejemplo, es un BAJóN. Además sigue pareciéndome muy retorcido eso de que mientras te sube, tenés frío, y cuando te baja, chivás como un estibador. Es completamente irregular. La convalecencia, mi estado actual, también es denigrante. No estás enfermo, pero tampoco podés hacer gran cosa. Levantar los diez kilos de infante que habitualmente llevás con un brazo ahora cuesta un lamentable espectáculo de resuellos, suspiros, toses de tuberculoso y el anuncio con bombos y platillos a toda la familia de que .te vas a sentar un ratito.. Lo más inquietante es que en la convalecencia uno puede pronosticar cómo será su vida cuando tenga setenta u ochenta aÑos (o ciento treinta en mi caso, así, a ojo). El vigor físico y mental desvanecidos, el pulso .como para robar panderetas. (© Mauro Entrialgo), la voluntad débil, el estómago quejándose por la gastritis medicamentosa y el deseo de un Gobierno que ponga orden. Todo eso siente el convaleciente, con la sola ventaja de la ausencia de exámenes de próstata, por lo menos en los casos más afortunados. Si yo estuviera en el Ministerio de Salud eliminaría la convalecencia. ¿No estás enfermo? Entonces estás sano: ¡Taratabum! (igual incluiría un inciso en el que al ex enfermo se le adjudica un día extra de licencia, como compensación por los sufrimientos que pasó. Pero si quiere puede ir al cine y comer chorizo colorado).
Por último, hay un derecho inalienable del enfermo, que es QUEMARLE LA CABEZA A MEDIO PLANETA con el ABURRIDíSIMO relato de las que pasó (.no sabés, no dormí en toda la noche., .uhh, pensé que esta no la contaba., etc.), que estoy ejerciendo en este momento exacto. Ya sé que esto no es un .artículo., sino una especie de .no-artículo., en el que justifico mi ausencia, y escrito con el vigor mental de un convaleciente: Más o menos el nivel que pueden esperar de este weblog dentro de cuarenta aÑos. Piensen en esto como un .adelanto exclusivo..
Post data: Los comentarios se irán actualizando muuuuy lentamente, ya que Castrelli se tomó unos días de licencia por lo de su casamiento. La organización del evento va viento en popa, aunque ella está un poco preocupada por algunos detalles, como que la gente se siente en la mesa que le corresponde y no se pare cuando se le ocurre, .porque sino va a ser un caos, una anarquía.. Dejo a Kiriatos a cargo, pero ya vieron cómo es.
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