lunes, 31 de marzo de 2008

Dani the O





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Dani the O
era un mostro, un capo, una masa, una máquina, un master, un campeón, un amigo.


El sábado el humor gráfico argentino perdió a un tipo que tenía el ritmo de Copi, el salvajismo incorrecto de Crumb y la ingenuidad de Landrú, una combinación que parece imposible pero que a él le salía espóntánea y suya. Los guionistas argentinos de la tele perdieron a un tipo que tenía un toque mágico, porque no es casual que cada proyecto en el que estuviera terminara ganando premios, de Pulgas en el 7 a Verebó, y cuyo material era siempre gracioso, siempre alegre, siempre con ese algo más que diferencia a los tipos como Dani de los .profesionales., esos ejemplares tan apreciados por los imbéciles que manejan el medio, esos que entregan a tiempo, ordenadito y sin una coma de más, pero que nunca dan otra cosa que lo que se espera de ellos.


Los chicos argentinos perdieron a un autor de libros diferentes, y si no, léanle a sus hijos .El libro Peludo de la Pulga Ochoa. y vean el asombro en su mirada, y asómbrense ustedes mismos con las oportunidades de juego, actuación y sorpresa que Dani obsesivamente incluyó a lo largo de su absurda obra maestra.


Y nosotros perdimos a un amigo, a un sujeto de oro, un tipo sin un miligramo de maldad. Un tipo con un humor entre ingenuo y bestial, capaz de decir las más tremendas barbaridades ante completos desconocidos, y que lograba que nadie se enojara con él, porque su inocencia era completamente transparente, porque su risotada era tremendamente contagiosa; porque la dimensión que le falta a este catálogo de talentos es la de Dani mismo como obra de arte, ya que en la vida y en la calle era capaz de generar momentos de genialidad, como el caso de esa pareja .me tocó atestiguarlo- que se acercó a preguntarle por la raza de su perra, y que ante las respuestas inesperadas y absurdas de Dani (.Es fácil de educar, lo único que consume paco.) no quiso despegarse de él, como si sorpresivamente y en pleno Parque de Agronomía se hubiera encontrado con un Juan Verdaguer gratuito y desinteresado.


La gente amaba a Dani the O y esto se notó por estos días, donde una multitud de amigos y compaÑeros de trabajo se mostró desconcertada por la tragedia, pero sobre todo por el protagonista de la misma, que era la persona menos merecedora de una muerte prematura. Este es tal vez un magro consuelo: saber que hay mucha más gente que se siente mal, como también lo es ver los amigos que tenía Dani, especialmente Roberto y Pepe que no se movieron un milímetro de al lado de la familia de Dani a lo largo de su semana de internación. Es un consuelo, al sentir lo que sentimos, confirmar el cariÑo que le teníamos a Dani aunque hubiéramos preferido que fuera de otra manera.


Así que cúrtanse, hoy no hay chistes, no hay risa, ni política de café, ni siquiera respuestas venenosas ni nada que se parezca lejanamente al .humor.. En este momento no quiero recordar a Dani .con una sonrisa., porque me cuesta mucho sonreír, y sinceramente no quiero ver sonreír a nadie. En este momento sólo quiero usar mi insignificante poder mediático para hacerlos sentir mal. Es lo mínimo que le debemos a Dani the O. Así que les dejo links tristes, este, este, este y este, para que se concienticen de que hoy el mundo es más de mierda que de costumbre. Te extraÑamos, Dani.


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