lunes, 23 de octubre de 2006

¿PERO éSTE NO SE HABíA MUERTO?: CRíTICA HIPOTéTICA DE UNA .PELíCULA CORAL.





La-Vie-en-Colours1.jpg (Crítica hipotética de una película de esas que cuentan muchas historias paralelas y que no podés ni retener cómo se llama ni un personaje)


El director Etiénne Sovegniére vuelve a sorprender con .Chispazos., una extraordinaria .película coral.; una sinfonía de sensaciones y sentimientos donde diversidad de entraÑables personajes se cruzan y entrecruzan en un entramado de relaciones como salidas de la vida misma.


La película inicia con la llegada de Peter, un escritor americano (interpretado con solvencia por Ethan Hawke) a una pequeÑa pensión en Lyon, decidido a terminar la novela que viene prometiéndole a su editor desde hace aÑos, y que un bloqueo creativo le impide concretar; allí comoce a Chantal (una perfecta Audrey Tatou), la atractiva hija sordomuda de la dueÑa de la pensión.


Pero la mirada del director se aleja pronto de allí (cuando Peter dice .Hola, quería una habitación.) para posarse en el destrozado hogar de Adélaide (una fascinante Michelle Ardoux), una adolescente que acaba de salir de su adicción a la heroína, y que vive con su padre, alcohólico y golpeador, y su madre, Jovite (Interpretada a la perfección por la exquisita Chantal Montpellier), una importante ejecutiva de una empresa de cosméticos. También vemos un pantallazo de la vida cada uno de los 15 hermanos de Adélaide: Adalbert, Joseph, Pierre, Mimi, Eténne, Roland, Alain, Philippe, Brigitte, Roseline, Robert, Michel, Rosemonde, Michelle y Renée.


Es entonces (cuando Adélaide dice .hola, ya salí de mi adicción de la heroína.) que nos trasladamos a un exclusivo restaurante parisino, donde conocemos a Daniel (interpretado a la perfección por su homónimo Daniel Auteuil), un exitoso camarero homosexual que por primera vez se siente atraído por una mujer, la recién llegada Norah (una fantástica Juliette Binoche). Y apenas llega ésta, nos trasladamos a un barco noruego, donde conocemos a Ibsen (un increíble Max Von Sydow), el viejo pescador que se siente amenazado por la llegada de Sven (un ascendente Orlando Bloom), un pescador muy habilidoso; luego, nos asomamos .muy brevemente .a la vida familiar de Lin (un carismático Jackie Chan), un funcionario del gobierno chino que lleva una doble vida como padre de familia y portero exhibicionista.


De allí (incluso antes de ver la segunda vida de Lin, porque no hay tiempo, hay que presentar muchos personajes) vemos a la enfermera neoyorquina Claudine enamorada de su paciente Marcus (vemos la partecita .muy breve -en que conoce a su paciente), a Flora, harta ama de casa de un pueblito del medio oeste americano, a Alejandro, una ex estrella mediática de la .Movida EspaÑola. que quiere recuperar la relación con su hija, a Lyndon, el hijo autista de una rica familia inglesa que se comunica a la perfección con los insectos, y al Dr. Siberius, un científico loco ruso que está a punto de lanzar una invasión de hombres robot que lanzan nieve envenenada.


Pasadas las tres horitas iniciales, donde vemos este primer pantallazo, volvemos a Peter; el director tiene la delicadeza de hacer una especie de .racconto. de lo que ya vimos, porque a esta altura ya nos habíamos olvidado de este personaje (es más, tampoco estoy tan tan tan seguro de que se llame Peter), con lo que pasan diez minutos donde volvemos a ver exactamente la primera escena. Luego, Peter sube a su habitación y coloca su equipaje en la cama.


Corte al hogar destrozado de Adélaide (con “racconto” incluido), donde sus padres le dicen .hola.; y luego, cuando estamos esperando reencontrarnos con Daniel, el camarero homosexual, el director -en un rasgo de genialidad -nos sorprende con cuarenta historias paralelas nuevas: la de un pequeÑo circo de pueblo que está a punto de cerrar debido a la muerte del domador, la de Mossamba, un rey nigeriano del siglo XIX, la de Osvaldo, un ponedor de cable clandestino de un barrio de Buenos Aires obsesionado con Robert Mitchum, y la de Carlo, un joven seminarista florentino que luego de ver a unos jóvenes skinheads apaleando a un inmigrante libanés empieza a sentir que su fe tambalea, entre otros.


Ahí volvemos a Peter (luego de un segundo .racconto.), pero no logramos pasar de unas breves imágenes en las que el joven escritor saca la ropa de su valija; cabe aclarar que a esta altura van ocho horitas de película y todavía no hubo ni un tiro. Ni una miserable persecución de autos. A decir verdad, no hemos logrado presenciar un diálogo con más de dos réplicas. Es entendible el fastidio de algunos espectadores que se retiran lanzando insultos contra el director y el séptimo arte en general: son los estragos de la cultura del videoclip, del fast-food, de lo inmediato.


Es cierto, sin embargo, que las nuevas ciento ochenta y siete historias que el director Sovegniére nos presenta a continuación no contribuyen mucho a la cohesión de la trama. Encima, algunas son muy parecidas a otras que ya hemos visto en la misma película (la de un chico llamado Adalbert, que quiere poner una radio pirata en la terraza es idéntica a la de Adalbert, uno de los hermanos de Adélaide, que también quiere poner una radio pirata en la terraza de su casa; también es posible que se trate de la misma historia, pero ya ha pasado tanto tiempo desde su primera aparición que es difícil asegurarlo. En fin).


A las treinta y dos horitas de película (afortunadamente, en la versión local se ha programado un intermedio, y también se le ha proporcionado un cuadernito a los espectadores para que anoten todo), sin embargo, un giro sorprendente revive la trama y, por primera vez, dos de las 1.248 historias .las conté -se entrecruzan: luego de terminar de acomodar su ropa en el placard de la pensión, Peter baja a comprar una maquinita de afeitar, y en la calle le pregunta la hora a la enfermera Claudine, que justo en ese momento estaba de vacaciones en Francia.


Sin embargo, se trata de una falsa alarma, porque la mujer le da la hora y sigue su camino. O tal vez se trate de otro personaje nuevo (la imaginación del director / guionista parece ser inagotable). O la actriz era muy parecida; teniendo en cuenta que hemos visto a Claudine sólo dos veces en casi un día y medio de proyección, el error es muy factible.


También es posible que Sovegniére haya tenido que repetir intérpretes porque ya usó todos actores los existentes (aparece incluso nuestro querido Pepe Díaz Lastra). En todo caso no se justifica porque la escena no aporta mucho a la trama (y encima se ve el micrófono). Este es, tal vez, uno de los 12.567 momentos flojos del film, que son pocos debido a la grandiosidad (y duración) de la obra. Mi honestidad profesional me obliga a especular, sin embargo, con que puede haber tenido más; no lo puedo asegurar porque a los nueve días de película me tuve que ir (tenía hambre), en el momento en que Peter llega al kiosco (post .racconto.).


En resumen, una maravillosa sinfonía coral de personajes y sentimientos, para ver con deleite, emoción y tiempo. Se aconseja verla en una sala cinematográfica, no por su espectacularidad visual (3 puntos) sino porque aún no se ha inventado un DVD que almacene tanta información.


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