lunes, 30 de octubre de 2006

¡MáS QUE UNA MARCHA DE LOS PINGÜNOS ES UN DISTURBIO! UN NUEVO DOCUMENTAL COMPROMETIDO





Por fin, nuestra paciencia tiene su recompensa, y descubrimos con emoción la inmensa colonia de PingüViceministros en el momento más emocionante, por no decir el único, de su existencia: el de su reproducción.


Apagamos las cámaras, porque somos documentalistas, no mirones degenerados (para cubrir este bache visual ponemos estas imágenes de unos bambis re chuchis que nos sobraron del documental anterior) y reflexionamos sobre el fascinante ciclo de este extraordinario animal: Crece y se desarrolla muy lejos de aquí, en la Bahía de los Vientos Fríos, y cuando llega el momento de reproducirse, camina 400 km. bajo las inclemencias del tiempo para llegar aquí, la Estepa del Frío Espantoso; desova luego 500 km. más lejos, en la Meseta de la Desolación, y luego viaja otros 1.500 km. más, hasta la Pradera de la Infelicidad, para empollar el huevo hasta el nacimiento de las crías.


Luego, macho y hembra se turnan para cuidar al polluelo, y mientras uno lo cuida, el otro viaja los 2.400 km. hasta su lugar de origen para tomar un vasito de agua (y eso que tienen un lago acá a cien metros, pero el pingüs un ave de costumbres conservadoras), luego vuelve, reemplaza al otro, y así como sesenta veces; cuando el polluelo puede apenas caminar, es liberado del cuidado paterno, para que emprenda el viaje de regreso solo con su alma.


Ahora, luego de seguir a los pingüen su sufrido periplo, pero algo más confortablemente (a difeencia de los pingü tenemos un jeep) nos encontramos, por fin, en la Pradera de la Infelicidad; y, como mudos testigos, contemplamos el nacimiento de los polluelos. Un momento inolvidable.


Mudos, claro, pero no por eso descomprometidos. Nuestro público sabe que si hay algo que no toleramos de nuestros colegas es el “No te metás”. Así que esta vez iremos al rescate de alguno de los polluelos para que no se tenga que mandar esa punta de cuadras a pie. ¡Escuchame, si nosotros tenemos lugar de sobra en el jeep y no nos cuesta nada!


Es Hugo, nuestro cámara, el que se dirige decididamente a introducirse en la colonia, cosa que alarma ligeramente a los pingü(que no se caracterizan por su tolerancia al diferente), y tomando del alita a uno de los polluelos lo trae hasta el jeep, a la voz de “vení, nene, vamos a andar en brrrm, brrrm”.


Acomodamos a nuestro pequeÑo invitado en el asiento de atrás (en un bebesit), mientras observamos cómo los pingüse acercan lentamente, movidos por la curiosidad -y murmurando unos graznidos que resultarían intranquilizadores sino tuviéramos la conciencia limpia.


Nuestras peores sospechas, sin embargo, se confirman, y la suspicacia típica de este desconfiado animal lo impulsa a lanzarse sobre el jeep a picotazo limpio. La que parece ser la madre, o el padre -este animal se destaca por su ambigüsexual, que llevó a sus descubridores a llamarlo “Pájaro David Bowie” – se muestra especialmente violenta/o. Son desalojados a patadas y nuestro jefe de producción arranca, bastante alterado.


Vemos en estas imágenes la sorprendente velocidad que puede llegar a alcanzar una colonia de 1.200 PingüViceministros cuando desconfía de las intenciones de otro animal. Un espectáculo impresionante. Incluso algunos individiuos más aguerridos logran superar la natural atrofia de sus alas y llegan a volar unos metros. ¡Qué pena que exista tan grande barrera comunicacional entre las especies -no por culpa nuestra, que tenemos un lenguaje con palabras y todo -, ya que evitaríamos malentendidos! Es Hugo, nuevamente (algo resentido por su espalda cubierta de picotazos), quien se encarga de tener a raya a los individuos con ayuda de su Itaka -por supuesto siempre cuidando el equilibrio ecológico (son balas de goma).


Esta retrógrada ave no es rival para la tecnología humana, y luego de un breve ataque con gases lacrimógenos, la colonia queda atrás. Aunque es conmovedora la pasión que han puesto en el “rescate” de su polluelo, esperamos que en el reencuentro con la colonia lograremos aclarar el malentendido.


Entonces Hugo, que hoy tiene un día brillante, es quien propone una idea revolucionaria: “¿Y por qué no lo llevamos a un lugar más copado, en lugar de este agujero de mierda?”.


De regreso en el continente, Jean-Paul, como hemos bautizado al polluelo, crece sano y fuerte en el balneario de Reta, Pcia. de Buenos Aires. Comprobamos cómo las duras condiciones de vida influyen sobre el progreso de la especie, porque el animal, que en su lugar de origen se dedicaría a medrar y amucharse contra su colonia para protegerse del frío, puede en este agradable clima, dedicar sus esfuerzos a otro tipo de aprendizaje: Jean-Paul ya lee, escribe y maneja nuestro jeep algo desmaÑadamente -pero no más que el conductor promedio.


Y aunque estamos intentando resolver el tema de su dieta (el pescado fresco está un poco caro y la dieta de bife de chorizo que comparte con el resto del equipo no le está cayendo muy bien), ya cobra un pequeÑo sueldo como asistente de cámara; y estamos organizando una nueva visita a la Antártida para reunirlo con sus progenitores -para lo que queremos juntar fondos con los que rearmar nuestro pequeÑo arsenal.


Esta fundación acepta colaboraciones.


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