miércoles, 11 de octubre de 2006

¡BORGES: ESE MAESTRO DEL BUEN HUMOR! OTRA ENTREVISTA A UNO DE LOS PRóCERES DE LA LITERATURA DEL SIGLO. NO, NO BORGES NO.





Una vez más, P. nos recibe en su mansión, esta vez de pantuflas y smoking completamente blanco, que resalta clamorosamente su tez aceitunada y curtida por sus aventuras de juventud en el Mediterráneo. Pero esta vez no es el escritor quien habla, ni el hombre, bueno, sí, es el hombre .porque es hombre, bien hombre y por favor que nadie dude de ello .pero, sobre todo, habla, el amigo. El camarada que supo compartir tantas aventuras con el genial Jorge Luis Borges. Y sobre todo, su humor.


Maestro, ¿lo extraÑa al Maestro (al otro)?

P: Y, cómo no lo voy a extraÑar. Tantas correrías, tantos proyectos literarios juntos .hasta que cayó en las garras de Bioy, pero no voy a hablar mal de Bioy porque, en fin, ya tengo bastantes juicios encima -, tanta admiración mutua, y, sobre todo, tantas risas, tanta alegría.


Borges era un tipo con mucho sentido del humor.

P: ¿Me lo estás diciendo o me lo estás informando?


Perdón, perdón, ¿Borges era un tipo con mucho sentido del humor?

P: ¡Ah! Me pareció. No, porque si querés el reportaje te lo hago yo. En fin. Sí, Georgie era un humorista genial. Sólo su brillante carrera literaria y si Nobel honorario le han impedido estar al lado de los grandes, como Pepe Iglesias, como Sandrini, como Nalé Roxlo. Recuerdo una anécdota brillante: Estaba cruzando una avenida y una buena mujer lo detiene en medio de la calle y le dice .¿Usted es Borges?. Y él le contesta .Sí, pero si no nos movemos dejaré de serlo..


¡Ja, ja, ja, ja, ja! ¡Genial!

P: Sí, él tenía esas salidas. Ironía, elegancia, sinsentido. Todo improvisado con la velocidad de un Dringue Farías, un Parravicini.


¡Cuéntese otra!

P: Bueno, en otra ocasión él estaba caminando por las vías de un tren. Entonces, justo cuando está por venírsele el tren encima, una mujer lo detiene y le espeta .¿Usted es Borges?. Y él: .Sí, pero si no nos movemos dejaré de serlo.. ¡Ja, ja, ja, ja, ja!


¡Ja, ja, ja, ja, ja!

P: Georgie era así, ja, ja.


Es un poco parecida a la otra anécdota.

P: Sí, sí, puede ser, pero es buena. Resiste la repetición.


¿Y qué hacía Borges caminando por la vía del tren?

P: No sé.


Cuentan que cuando daba clases era igual.

P: (Medio cabrero) Ah, ¿me lo estás contando? Qué, ¿Tenés información que yo no tengo? ¿Vos fuiste amiga de Borges también?


No, no, perdón: ¿Cuentan que cuando daba clases era igual?

P: Una vez, estaba bajando por la escalera de la Facultad de Filosofía y Letras, después de dar una de sus clases magistrales, y un alumno lo para para preguntarle .Maestro, ¿me podrá explicar en dos minutos el origen de la literatura islandesa?. Y él le dice .Sí, pero si no nos movemos dejaré de serlo.. ¡Ja, ja, ja, ja, ja! ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja! (Se enjuga las lágrimas)


Ja, ja. No se entiende mucho, ¿no?

P: Puede ser, bueno, es que la ceguera de Borges ha sido tan mentada que sin duda tapó al gran público su otra desventaja: Su sordera. Borges no escuchaba nada. Pero nada. Pensó que el alumno le estaba preguntando si él era Borges.


Bueno, perooo. ¿Y cuál era el peligro de la escalera?

P: Bueno, no hay que ser tan literal en todo. No te olvides que estamos hablando de uno de los creadores del ultraísmo. Borges, sus laberintos. Qué fantástico. .El Aleph. Eeeehhh. Bueno, todo eso que escribió Borges.


Disculpe pero acá .en estos papelitos que tengo .no dice nada de la sordera de Borges. ¿Ese es un dato de la realidad?

P: Pará, escuchate esta: Borges venía para acá y lo para una seÑora, lo reconoce y le dice .Lo hacía más alto. Lo hacia más joven. Lo hacía más inteligente.. Y él le contesta .¡Pare, seÑora, me está deshaciendo!. ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja! ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja!


¿Pero eso no es de Verdaguer?

P: Pero Borges lo decía con mucha gracia. Lo decía imitando la voz de Verdaguer. Le salía bárbaro.


Debía ser todo un espectáculo.

P: Aaah, así que vos, que no tenés ni treinta aÑos, me vas a decir a mí lo que era un espectáculo y lo que no. Mira, si vamos a seguir en este tono terminemos la entrevista ya mismo (Se levanta y me da la mano).


Bueeeeeno, bueeeeno, ¿Debía ser todo un espectáculo?

P: Sí, debía. Fijate que hay muchos imitadores que saben hacer la voz de Borges, y muchos más saben hacer la de Verdaguer. Pero imaginate lo que era la voz de Borges haciendo la voz de Verdaguer. (Intenta hacerlo. Le sale horrible) .Pare, seÑora me está deshaciendo.. Bueno, era más o menos así.


Le sale bien la parte de Verdaguer y más o menos la de Borges, ¿no?

P: Puede ser, es más difícil. A Borges le salía bien, pero él era un gran imitador. Y además él tenía la ventaja de que no tenía que imitar la voz de Borges (porque ya le salía naturalmente). Es otra faceta de Borges que la gente no conoce, aparte de su legendaria sordera. Y su analfabetismo total.


¿Borges era analfabeto?

P: Sí, por eso dictaba sus cuentos. Lo de la ceguera era una pantalla. También se hacía leer todos los libros que él dice que leyó. ¡Mentira! Se los leía la secretaria. Aparte no retenía nada, porque era sordo. ¡Era un chanta! Otra faceta de Borges que nadie conoce: la de chanta. Jamás me devolvió los trescientos pesos fuertes que le presté una vez.


¡Pero acá .en estos papelitos .no dice nada de eso! ¡Aparte, qué linda forma de hablar de su amigo! Perdón, ¿Qué linda forma de hablar de su amigo?

P: ¡Conocido y gracias! ¡Y te digo “gracias” porque yo en realidad ni lo conocí (los trescientos pesos se los presté a través de un tercero)! Escuchame, le robaba a Verdaguer. Ahora me acuerdo de todo. Mirá, me amargaste la tarde.




Perdón, perdón! ¡Acá dice que usted era el gran amigo de Borges. ¿Puede ser que me haya confundido de nuevo de escritor?


P: ¿Vos con quién querías hablar?


¿Usted no es P.?

P: Sí, pero si no nos movemos, dejaré de serlo. ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja!


Efectivamente, no nos movemos y su enorme araÑa estilo Luis XV cae sobre el cráneo de P. Su fiel asistente griego se acerca a ayudarlo y da .con una torva mirada hacia mi persona .por terminada la entrevista, esperemos que no la existencia de P., aunque le arruine el chiste.


Y nos alejamos, pensando en Borges, querido Borges, sordo, analfabeto y chanta, y en P., hombre, escritor, y amigo.


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