Nuestra paciencia, por fin, tiene un premio. El Bambi Albino de la pradera del Wienepazookie sale, al fin, de su madriguera, y nuestras cámaras pueden captar su perturbadora belleza. Sólo quedan 43 individuos de esta especie, por culpa del avance de la ciudad y la tala indiscriminada. Porque el hombre, ese destructor, los tala. Les tala los cuernos.
La madre, a quien hemos bautizado Brigitte, una saludable hembra adulta de unos 6 aÑos de edad, duda si alejarse de sus pequeÑos para buscar alimento. Su instinto le dice que ronda un peligro por la zona. Es el eterno dilema de la vida salvaje.
Karl y Frederich, los dos cachorros macho, y Josephine, la pequeÑa hembra, están completamente ajenos al peligro, y juegan entre las pasturas; la inocencia infantil trasciende todas las especies.
Ahora Karl se aleja unos metros, persiguiendo una Mariposa Listada (otra especie en extinción, en este caso debido al crecimiento desmesurado del Camaleón Pardo, que también está en extinción pero cada vez come más porque está un poco ansioso, porque está en extinción). Nuestra cámara sigue a Karl, que imprudentemente ya se ha colocado fuera de la vista de Brigitte.
Nuestra segunda unidad nos muestra la inquietud de Brigitte, que lo llama con un crotoreo angustiado. Mientras tanto, Karl, absorto en su juego, no percibe que la Muerte está cerca.
Es el León Rojo de los Lagos, un magnífico felino de color pardo – rojizo, y su plato preferido es el Venado Albino. La Danza eterna de la Vida y la Muerte, el ciclo de la Naturaleza, está a punto de comenzar una vez más. Adolf -como hemos bautizado al León después de una breve discusión con nuestro equipo -se acerca sigilosamente. Es un ejemplar adulto, experimentado, y no está dispuesto a dejar que su presa escape, aunque se trate de este pequeÑo bambi re lindo y re indefenso. Está a apenas medio metro del pequeÑo Karl. Su cuerpo está en completa tensión y es cuestión de segundos para que salte sobre el cachorro.
¡Bang! Por suerte, nuestro rifle Magnum Weatherby calibre 0.257 atraviesa el cráneo del artero felino. El ruido espanta a Karl, que se pone rápidamente a salvo el muy chuchipiruchi. Su madre lame su frente, aaaaahhhh, y él oculta su hociquito entra las patas de la mamá, aaaaahhh, qué liiiindo.
Hemos recibido algunas críticas por parte de algunos documentalistas más tradicionales, que nos acusan de carecer de la objetividad necesaria para esta profesión, pero no creemos en el documentalismo descomprometido, en el “no te metás”. Yo si hay algo que no puedo ver es una injusticia. ¡Escuchame, un león grande, con dientes, re malo, queriendo matar a un bambi indefenso, re chuchi, me parece que no hay derecho! Eso de donde yo vengo es ser un maula y un atorrante y yo de brazos cruzados no me voy a quedar, querido. Es un defecto que tengo, ¿viste? Si tenés algo que decir decímelo que somos grandes.
Perdón, nos fuimos de tema. Ahora es Josephine la que está lejos de su madre, viste cómo son los chicos los dolores de cabeza que dan. Su madre crotorea buscándolo -me parece igual que los tendría que cuidar mejor, pero viste cómo son algunas madres -pero la pequeÑa Josephine está interesada en otra Mariposa Listada. Con su patita intenta atraparla.
Nuestro sonidista sale de su escondite y le pega un papirotazo en el hocico a la pequeÑa Josephine, porque le parece mal que se meta con la indefensa Mariposa Listada, y vuelve rápidamente acá detrás de los matorrales. Es notorio el rostro de desconcierto de la joven Bambi. ¡Pero no tan notorio como la mirada de terror, cuando un Yacaré SureÑo emerge de las profundidades del lago!
Es el eterno Ciclo de la Vida y la Muerte que renace otra vez, la milenaria Danza de la naturaleza que cobra, una vez más una vida joven. Claro que antes de eso, nuestro Director de Fotografía, un hombre cabal, dice “¡déjenme a mí a ese atorrante!” y se lanza sobre el saurio, puÑal en mano.
La lucha entre el feroz lagarto y el valiente técnico es encarnizada y cruenta; pronto Hugo (porque nuestro cámara se llama Hugo; al lagarto le pusimos Slobodan, luego de un breve debate) logra cortarle un brazo al salvaje y, como no le gusta pelear con ventaja, tira el puÑal a un lado y se vuelve a arrojar sobre él. Una doble Nelson correctamente ejecutada, el sonido de un cuello roto y pronto Slobodan rueda por el piso.
Hugo, luego de patear el cadáver del monstruo varias veces, con bronca -está un poco encendido y le grita “así que te querías comer al Bambi, delincuente, hijo de p**a, te voy a dar, a ver, morfame a mí si sos guapo” -se quita el polvo de los hombros y vuelve a su puesto; es el momento de tomar imágenes de esos convidados indeseables, las aves carroÑeras, tres Buitres Meridionales a quienes hemos bautizado, luego de una votación, Jorge Rafael, Vlad y Ed (por el famoso asesino serial Ed Gein), para dar cuenta del poderoso lagarto.
El Jefe de nuestra Segunda Unidad, entonces, es quien interviene indignado: “A estos los liquido con mi matagatos”, y baja a los tres bichos en el acto; no puede tolerar que se profane así el cadáver del lagarto que murió como un valiente, en su ley (se sucede una discusión entre él y Hugo, que aún está fre caliente con el yacaré y, según sus palabras “se merece que se lo manduquen crudo”).
Pronto llegamos a un acuerdo; el cadáver del saurio, debidamente trozado, servirá para alimentar a los pequeÑos de Brigitte, que a esta altura nos parece una mala madre y una descocada (ya hemos radicado la denuncia correspondiente ante un Juez de Menores). Al principio, los pequeÑos Bambis no quieren saber nada, pero luego de insistir y regaÑarlos con firmeza terminan devorando con fruición al monstruo; Karl, incluso, parece haberle tomado el gusto a la sangre, porque salta con ferocidad sobre el brazo herido de Hugo. Hugo intenta defenderse y extrae su puÑal y me veo obligado a persuadirlo con un tiro en el otro hombro, escuchame, un hombre grande, armado, tratando de lastimar a ese Bambi re chuchi. Logramos separarlos y liberamos nuevamente al Bambi cebado, que se aleja algo trastornado y aullando y tirando tarascones.
Nos alejamos de este verdadero Paraíso; volveremos en una próxima ocasión, para investigar las causas de la rápida extinción del León Rojo de los Lagos, el Yacaré SureÑo y los Buitres Meridionales, y en lo posible, poner nuestro granito de arena para apurarla, porque francamente, no me canso de repetirlo, son unos maulas.
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