martes, 19 de septiembre de 2006

¡AAAAHHHHH! ¡QUEMAAAA! ¡QUEMAAAAAAA!!!





Me ha pasado algo HORRIBLE. Compré accidentalmente un tarro de crema de enjuague confundiéndolo con el de shampú. Lo malo no es haberlo comprado .aunque cuatro pesos son cuatro pesos -, sino que me puse unos gramos de crema de enjuague en el pelo.


De ese modo, por culpa de la artera ciencia del packaging confuso, me entregué por unos segundos a una especie de metrosexualismo no profesional; Había jurado que jamás usaría crema de enjuague y mi juramento ha sido quebrado. ¿Qué me queda? ¿Significa que el resto de mis principios aplicados a todos los ramos de mi vida también han caducado definitivamente?


¿Significa que ahora me tengo que comprar un DVD, un celular, usar esos anteojos rectangulares de marco negro de diseÑador gráfico, comprarme una camperita de nylon ajustada, un par de anteojos oscuros y ponérmelos en la frente (y encima de los anteojitos rectangulares), una remerita ajustada con el escudo de Linterna Verde, poner en mis mails las palabras .nah., .gente., y .finde., ir a Creamfields y al Pérsonal Féstival, escuchar discos de U2 y de Bjö ver películas del .Dogma., postear un titular de la revista Barcelona, ver .South Park. y comentarlo en el almuerzo, usar latiguillos de Alejo y Valentina, ser vegetariano, jugar juegos on-line, ir a festivales de cine independiente, pedirle a mi esposa que se refiera a mí diciendo .mi chico. y sacar un crédito para un auto cero kilómetro?


(Observarán que astutamente no incluí .ir a comer a Palermo Hollywood. porque la comida es SAGRADA)


Miren, el tipo que pintaba esos clásicos afiches de fenómenos de circo. Y robots hechos con desperdicios.


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