miércoles, 1 de febrero de 2006

“LOS 12 ORIENTALES”: PRIMERA MINISERIE VIRTUAL INSPIRADA EN LA INMINENTE GUERRA ARGENTINO – URUGUAYA!





LOS MUCHACHOS DEL SARGENTO MALVíN

Capítulo 1: “Traición en el Buquebus”


Mi nombre es Malvín, y me gusta definirme como no más que un viejo soldado, a pesar de que mi experiencia militar no va más allá de algunos desfiles (caracterizado como la Mama Vieja) durante la Llamada Montevideana (aunque nosotros, los montevideanos depura cepa, le decimos “llamada” a secas)


Pero cuando el Comandante Roos me dijo que reuniera grupo de doce hombres valientes para acabar la guerra con Argentina con un golpe comando no lo pensé dos veces; tal vez esto podría evitar la muerte de miles de jóvenes de ambas orillas, en este conflicto absurdo que ya llevaba una década!


Así logré reunir a Washington, experto en explosivos; a Winston, mago de la estrategia; a Wilson, el jovencito; a Walter, el “hombre fuerte”; a Illya, el ruso; a Winston Washington, el amo del disfraz; a Washington Winston, el gracioso; a Winston Washington II, el muchacho del interior – es de Carmelo; a Wilson Washington, un muchacho un poco raro que, si se sacara su eterna gorra y desplegara una larga cabellera, nos daríamos cuenta de que es una chica; a Winston Winston, el loco impulsivo; y a Walter Washington (a quien le decíamos W.W.), el muchacho de clase alta – vive por Carrasco – y traidor del grupo. El resto no me acuerdo cómo se llamaba, así que los anoté para mandarlos en primera fila.


Los reuní y les dije que porobablemente moriríamos en la misión. Todos – excepto W.W. – dijeron que sería un orgullo morir “por su patria y la papelera”. Algunas lágrimas acudieron a mis ojos, pero las reprimí rápidamente para que siguieran viéndome como una figura paterna, como una especie de Alfredo Zitarroza del arte de la Guerra. Al dar marcha atrás, el líquido se mezcló con mis mocos, provocándome un ataque de alergia. Cuando logré controlarlo, los reuní frente a un mapa del Río de la Plata y les pregunté su opinión sobre el mejor modo de ejecutar el plan.


-Tenemos que ir por el río; luego tomaremos un camino que los naturales conocen como “Ruta 9”, de modo de atacar a los piqueteros que cortan el puente desde atrás.- se pronunció Winston, ese cerebro incansable.

-¡Brillante, bo! ¡No hay tiempo que perder! ¿Quién se ofrece para ir a comprar los pasajes en el Buquebus?

-¡Deme esa misión a mí, Sargento, bo! – Dijo W.W.


El resto de los muchachos me miró suplicando que no lo permitiera. Pero creí que W.W. merecía una oportunidad para resarcirse (durante la reunión descubrimos que se había comido un postre Chajá más que los demás), así que le entregué el dinero.


Grave error; al día siguiente, a bordo del inmenso buque, mientras veíamos una película con Eddie Murphy y algunos de los muchahcos visitaban el Free Shop, Winston y Walter se me acercaron.


-Sargento, bo, ¿no cree que ya deberíamos haber llegado a Buenos Aires?


Consulte mi viejo reloj “Viglietti” y comprendí que algo había de cierto en lo que me decía. ¡Debíamos haber llegado hace una hora y media!


-¡W.W., bo! ¿En qué ferry nos embarcaste? ¿En el rápido o el que tarda tres horas?

-Me tomé la libertad de sacar pasaje en el lento, Sargento – susurró descaradamente el petimetre – , el viaje es agradable y llegaremos descansados.

-¡Y además sale la mitad, ¿no?! – rugí – ¿Qué hiciste con el dinero que te sobró, bo? –


Todoslorodeamos. El melifluo parásito nos contempló aterrorizado: – Ustedes… Ustedes no entienden… Estoy acostumbrado a la buena vida… Tengo un físico delicado… No pensarían que podría sobrevivir con los chivitos canadienses que nos dan en el rancho… Necesito una dieta especial…


Walter se arrojó sobre él con sus dos metros cuarenta de altura, lo tomó de las solapas y de sus ropas calleron quince Toblerones de los grandes, seguramente comprados en el Free Shop con el dinero de la misión; la situación era desastrosa.


-¡Ahora el cronograma se retrasará dos horas! – dijo Winston, desesperado. – ¿Qué hacemos?

-Lo primero es tomarnos una grapamiel.- dije.

-¡O ver qué hacemos con este traidor asqueroso, bo! – dijo Winston Winston, el loco del grupo amenazadoramente.


Si decides arrojar a W.W. por la borda, vota Sí.

Si en cambio decides conservarlo a tu lado porque “seguramente cumplirá un importante rol en la misión”, tipo Gollum, y tomarte una grapamiel, vota NO.


Fin del episodio)


Publicado a las 10:50 a.m.


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