sábado, 11 de febrero de 2006

.LOS 12 ORIENTALES., Capítulo 4: .Pánico en el Aire.





(Por una diferencia ínfima de votos, gana el NO, y los 12 Orientales deciden secuestrar un avión)


-Deberíamos desmayar a un par de empleados del Primer Parque Temático Religioso del mundo y vestirnos con sus ropas – dijo Winston Winston, el loco del grupo. – ¡De ese modo despistaremos al ejército argentino!


Al principio pareció una buena idea, pero luego nos enzarzamos en una discusión acerca sobre barbas postizas y lo incómodo que sería usarlas en el húmedo verano de Buenos Aires. ¡Entonces vimos a Chiquilina, la paloma mensajera que nos comunicaba con el Comando Central!


-Malas noticias bo – les comuniqué a los gurises del equipo. . El Presidente anunció que quiere reunirse con Kirchner.

-Pero… ¡Es un grave error! ¡La infalible labia argentina convencerá a nuestro Presi de deponer las armas! . dijo Walter.

-¡Entonces propongo cruzar al Aeroparque, secuestrar un avión y estrellarlo a lo Kamikaze contra la casa de Gobierno argentina y terminar la guerra de un plumazo! . volvió a proponer Winston Winston con los ojos inyectados y esa lucidez que suelen tener las personas con graves trastornos neurológicos.


El grupo, con una mezcla de euforia y desesperación, apoyó la propuesta. No pude más que sentirme orgulloso de mis muchachos. ¡Pero se sentían los pasos del pelotón de los .argentis. – como les decimos despectivamente a los argentinos en la Ciudad Vieja – , así que emprendimos una discreta retirada hacia el fondo de Tierra Santa! No sin antes requisar algunos souvenirs religiosos que nos serían muy útiles a la hora del impacto, y un par de docenas de .shawarmas. por si sobrevivíamos…


El trayecto hasta el Aeroparque, cruzando los patios traseros de unas parrilladas costeras . cansados, mojados y hambrientos, nos sentimos tentados de abandonar todo y pedir un par de pamplonas y unos .chotitos., pero el deber pudo más . no presentó problemas.


-¡Miren, una avioneta! . dijo Winston, el mago de la estrategia. – ¡Ese será un vehículo apropiado.

-¡No, gracias, prefiero viajar cómodo! . dijo Winston Winston, lanzándose audazmente contra un Jumbo 747 de Aerolíneas Argentinas que estaba despegando.

-¡Maldito loco! . dijo Winston.

-¡Pero qué valor! . murmuró Wilson Washington, con voz quebrada por la admiración. – ¡amos con él!


Nos lanzamos para cubrir al loco Winston Winston, que se había encaramado de un salto al parabrisas del avión. El aparato empezó a describir vertiginosas .eses. y frenó a apenas dos metros del espigón. ¡Eso nos bastó para treparnos al avión y desalojar rápidamente a los trescientos pasajeros!


-¡Allá vamos! . dijo Winston Winston mientras hacía arrancar el avión. A pesar de que éramos conscientes de que el loco no tenía la menor experiencia aérea, lo dejamos porque ese día estaba inspirado. – ¡Rumbo al Obelisco!

-¡Impecable, bo! . Gritamos todos, eufóricos.


Excepto una voz. Era Winston, que miraba al loco seriamente.


-Winston Winston, en el Obelisco no está la Casa de Gobierno. Está en la Casa Rosada, bo.

-Mirá, Winston, no te creas todo lo que te venden los folletos turísticos. ¿Vos te creés en serio que van a revelar dónde está la Casa de Gobierno para que cualquiera le estrelle un avión? En mi libro .Conspiraciones del Mundo. explican las verdaderas locaciones de los gobiernos de todo el mundo, y el argentino está en el Obelisco!

-¡Eso es un disparate, bo!


Se armó una pequeÑa batahola. Entonces disparé un tiro, para sofrenarlos.


-¡Basta, bo! ¡No nos peleemos entre nosotros!


Me miraron avergonzados.


-¡No importa dónde está la Casa de Gobierno! Lo importante es ganar esta guerra. ¡Y yo digo que si les tiramos abajo el Obelisco vamos a acabar de un golpe con el orgullo argentino, cosa que es todavía más importante que el Gobierno!


Sentí aplausos. Pero el Winston me miró serio nuevamente: -Entonces, Sargento, cambiemos de rumbo.

-¿Por qué?

-¡Por qué el máximo símbolo argentino no es el Obelisco sino la Flor Gigante de Ibarra, bo!


Otra discusión. ¡Los nervios estaban acabando con nuestro espíritu de grupo! Entonces Ilya, el ruso, hizo una observación con su habitual voz sonora y grave.


-Pero decidamos rápido, sarrgenta… ¡Estamos perrrrdiendo alturrra!


Todos miramos desesperados el cuentakilómetros (en realidad creíamos que era el altímetro, pero daba lo mismo porque se veía que estábamos cayendo). El ruso tenía razón. ¿Qué hacer?


Si decides estrellar el avión contra el Obelisco y acabar con el máximo símbolo de virilidad argentino, vota Sí.


Si decides chocar contra la Flor Gigante de Ibarra y acabar con el máxio símbolo de femineidad argentina y de progreso tecnológico, vota NO


(Esta historia continuará)


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