lunes, 24 de octubre de 2005

¡UNA VERDADERA FIESTA DE LA DEMOCRACIA EN LA QUE SóLO FALTA ALGUNA PASTILLITA CONTRA LA RESACA!





Otra elección, otro sufragio – incluso otro comicio – y un nuevo domingo se ve inundado de entusiastas votantes en lugar de deprimidas vìimas de la resaca yendo a comprar ravioles con las pocas fuerzas que les quedan. Y como en toda elección, sus protagonistas, sus personajes y sus pequeÑos récords:


EL PRIMER VOTANTE: Eugenio Ariel Roviralta, empleado, imbuido de un ardiente espíritu demócrata, acampó frente a la Escuela Nacional Celestino Gutiérrez desde una semana antes para evitar las grandes colas y peleas por el primer lugar. “Aprendí la lección en la última visita de los Rolling Stones”, afirma el entusiasta Eugenio mientras siguen llegando los fiscales con el resentimiento y la somnolencia marcadas en el rostro. Luego del extenso trámite – básicamente tres de los fiscales brullaron por su ausencia y hubo que esperar cuatro horitas hasta conseguir suplentes, el Sr. Roviralta nos confiesa por lo bajo su voto (“puse una foto de Mick Jagger”) y se aleja con la satisfacción del deber cumplido. Un ejemplo a seguir.


EL VOTANTE MáS ANCIANO: A sus ciento sesenta aÑos de edad (“nunca tomé soda”, aconseja el longevo ciudadano), el Sr. Alberto Mario Lombroso todavía conserva cierto aire juvenil alrededor de las muÑecas y un poquito (uno o dos milímetros cuadrados, a decir verdad) en un pedacito de la frente. El resto de su cuerpo semeja un antiguo y noble pergamino abandonado al sol durante siglos, luego sumergido en un pantano durante cien aÑos más y por fin puesto a secar al sol durante por lo menos cuarenta aÑitos más; su Libreta de Enrolamiento no luce mucho mejor – en realidad calificar de “Libreta” a ese bollo de papel hecho pelusas es casi una broma – pero el número se distingue a la perfección, lo que le permite al Presidente de Mesa autorizar el voto de este demócrata cabal. “Podría no haber venido, pero tengo el orgullo de no haberme ausentado una sola vez” – dice el provecto jubilado exhibiendo la cantidad incalculable de sellitos que se agolpan en su Libreta. “Igual impugné y puse una foto de Florencio Parravicini, porque francamente a mí estas elecciones ni fu ni fa (aunque el noble anciano usó otra expresión, un poco más fuerte)”. Un ejemplo para todos.


EL MáS INSOLITO: A Eduardo L. Fv. Glovarrytyyysdd, profesor uiniversitario le tocó ser Presidente de Mesa en el Colegio Nacional Armando Echenagucía; ¡y cuál no sería su sorpresa al ver que se presentaba a votar un ciudadano con su mismo nombre (Eduardo L. Fv. Glovarrytyyysdd)! No sólo eso, sino que el DNI del segundo Eduardo – que también es profesor universitario – es prácticamente igual al del primero – se diferencian apenas por el numerito del medio. Ambos tuvieron un ataque de risa cuando se enteraron de que viven en el mismo edificio – en realidad, en el departamento de al lado. A este cronista incluso le llama la atención el inquietante parecido físico que presentan los tocayos: salvo por una leve diferencia en las yemas de los dedos, producto de la diferencia de edad, parecen prácticamente gemelos. De cualquier modo la naciente relacíón se tornó algo agria por razones ideológicas (el primer Eduardo puso una foto de Pappo y el segundo un Clemente dibujado a mano). Para la foto.


EL MáS EMOCIONANTE: Melina Laura Pausilli (“Sí, todos me cargan por lo parecido del nombre con Laura Pausini”, bromea Melina) se despertó ese día con contracciones cada dos minutos, pero su vocación democrática no le permitió ir directo al hospital: “Lo que pasa es que toda mi familia es radical y mi viejo no me hubiera perdonado nunca que faltara a una elección”, casi se justifica Melina, que le pidió a su marido que primero pasaran por las urnas. Por suerte los fiscales tuvieron consideración por su estado y luego de bancarse la cola de quince personas (“No quería que dijeran que me aprovechaba de mi estado y por ahí por eso no me dejaran votar”), chequearon el DNI rapidito y esta demócrata de 26 aÑos pudo cumplir con su deber cívico: poner en el sobre una foto de Hipólito Yrigoyen, porque, como dice ella, “estas elecciones francamente no me van ni me vienen (en realidad usó otra expresión)”. Un ejemplo.


EL MáS SACRIFICADO: Terencio Santamaría vive en el pintoresco pueblito de Despellejaganados, Salta, y para llegar a la escuela donde vota debe recorrer unos sesenta kilómetros de salinas a pie. Luego, debe atravesar un pantano artificial a nado y subir los 1.065 metros casi en pendiente vertical para llegar a la punta del Cerro Olores, donde se encuentra la escuela – lo que explica en parte el alto índice de deserción escolar de la zona. Allí, siete perros de dos cabezas y lengua de serpiente guardan la Grieta de los Condenados, de la que se dice que quien en ella cae morirá antes de viejo que por el impacto. Luego de vencer a los perros – los ancianos dicen que la única forma de hacerlo es dejarse morder hasta que mueren de aburrimiento – y saltar los cuatro metros de ancho de la grieta, en un esfuerzo que sólo cabe calificar de “agónico”, Terencio llega a la mesa que le ha tocado a pesar de que tiene un Colegio a tres cuadras de su casa (esas cosas de la Justicia Electoral) , ya que es la primera vez que vota y no quiere perder la oportunidad de expresarse como ciudadano. ¿Su voto? “Es secreto”, dice Terencio seriamente, aunque luego, por seÑas, nos da a entender que puso una foto de el actor ese que hacía de malo en las comedias yanquis de adolescentes de los ochenta, porque, como nos da a entender, también por seÑas, esta elección “le es indiferente (aunque en realidad usó – por seÑas – otra expresión, más gráfica)”. Un verdadero ejemplo de conciencia cívica.


Publicado a las 11:23 a.m.


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