Escribe Agustín Pandolfi
Corresponsal en el exterior de “Yo contra el Mundo”.
volvepandolfi@ubbi.com
Barcelona, 6 de octubre.
Me mandaron esto:
“Es tanto el odio que un pobre ignorante como vos siente por su país que termina viviendo de prestado en donde le abran un chiquitin la puerta.
“Y no logra ver el sentido xenofobo (entendes esa palabra ignorante) de ciertas acciones.
“Creo que necesitas dejar de fumar marihuana (que alla en EspaÑa se consigue por toneladas) y sentarte a pensar en serio sobre lo que pensas o decis no sea cosa que de tanto escupir para arriba te salga el tiro por la culata… Si vas a escribir mierda y lo tuyo no es ayudar a reparar o construir segui con tu imbecilidad intacta y no contamines… CERRA LA BOCA P***O” (Robyerto Fg. Gallambrerrrty. El nombre ha sido cambiado para proteger la identidad del verdadero lector, esta vez por mí, porque el Winston me dijo que hasta que no le empiece a pagar lo que le prometí no iba a modificar ni un nombre más)
Este es el tipo de mensaje que a quien, como yo, ha dejado su patria para nunca más volver, le resulta muy doloroso. Siento un gran dolor, porque me recuerda la gran brecha que existe entre mi presente y mi pasado, porque no tiene en cuenta lo lejos que estoy de los míos y especialmente porque me dijo “ignorante”, “imbécil”, “xenófobo” y “p***o”. Cuánto dolor, cuánto, cuánto.
Robyerto Fg. Gallambrerrrty es uno más de tantos argentinos que no encuentra salida a su pobre situación laboral, a su matrimonio fracasado y a que sus amigos del barrio le digan “cornudo” (por no hablar de sus frustraciones a nivel sexual); por eso intenta descargarse y canalizar su ENVIDIA y su RESENTIMIENTO con quien, como yo, ha hecho algo para mejorar un poco (bueno, bastante) su situación. No lo juzguemos, aunque sea un pobre infeliz y medio truchex, para qué negarlo, porque Robyerto sufre lo que pasa cuando estás allá. Los argentinos somos así, nada que hacerle, no cambiamos más, así nos va. Especialmente ustedes. Yo, por suerte (y porque me puse las pilas), zafé. Tampoco me voy a pegar un tiro por eso.
Pero cuánto dolor, cuánto, cuánto.
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