jueves, 27 de octubre de 2005

¿ES POSIBLE QUE ESTéN FRENTE AL PINáCULO DE LA EVOLUCIóN: YO?





“Yo contra el Mundo” se enorgullece de impulsar la entrega del Premio a la Persona más Perfecta: se entregan premios al mejor director de cine, al mejor escritor e incluso a aburridísimas disciplinas como la química. ¡Incluso existe un Premio Nobel de la Paz, que no se entrega, como uno pudiera pensar, a personas pacíficas sino a gente que se mete en lugares peligrosos o desagadables (es como si le entregaran un premio a Indiana Jones)!


Mientras tanto, los que no sabemos hacer nada especialmente bien seguimos esperando algún tipo de reconocimiento, aunque más no sea a nuestra CALIDAD HUMANA. Es hora de que las virtudes morales y personales sean recompensadas – en lo posible en metálico.


Y como una entrega de premios no puede existir sin nominados, y siendo la persona más humanamente dotada que conozco, me postulo a mí mismo, en base a la ausencia de estos defectos:


PERFECCIONISMO: A Dios gracias estoy libre de este terrible defecto. Siempre he sentido una gran compasión por aquellas personas que no pueden terminar un trabajo porque no les parece lo suficientemente bueno. No es mi caso: por lo general mis resultados me resultan de lo más satisfactorios, y en la primera vuelta (Lo llamo el “Efecto Generala Servida”). Es un don. Me cuesta sobremanera encontrarle defectos a mis obras, como un padre amoroso que ve un angelito libre de mácula en cada uno de sus hijos. Es cierto que algunos terceros no opinan lo mismo y no vacilan en seÑalarme algunas fallas, pero gracias a una benevolente falta de concentración me cuesta muchísimo recordar lo que dicen cinco minutos después.


IMPOSIBILIDAD DE DELEGAR: Aaaah, el enemigo número uno del ejecutivo de alto nivel. Todos conocemos a estas personas obsesivas que no confían en nadie más que ellas para realizar un trabajo. Por el contrario, no tengo ningún problema en la delegación de tareas. Lo hago automáticamente, incluso sobre gente que no tendría ninguna obligación de hacerla, o hasta de otros departamentos o incluso otras empresas en edificios vecinos. Esto es posible gracias a que hoy en día nadie sabe muy bien lo que tiene que hacer en su lugar de trabajo, y me permite manejar mis tiempos de una forma más LIBRE y EFICIENTE. Tengo que decir, además, que me parece que todos hacen el trabajo que les delego en forma fantástica, especialmente luego de pedirles cuatro o cinco correcciones. ¡Y sin que me haga falta revisarlo!


OBSESIóN POR LA LIMPIEZA: Quienes me conocen saben muy bien que “Obsesivo por la Limpieza” no es un epíteto que pueda aplicárseme con honestidad. Puedo enorgullecerme de ver el mismo bollo de papel en el piso durante varios días, el mismo limón reseco sobre la mesada durante semanas, y que de ningún modo me obsesionaré por su presencia. Ni hablar de la obsesión por la higiene personal, ese verdadero flagelo de nuestra época. Soy extremadamente tolerante con quienes sufren de esta neurosis, pero eso no significa que mueva mis principios personales usando excesivo desodorante o tirando a la basura una camisa – ¡con lo que sale una camisa! – sólo porque tiene un lamparón de aceite con forma de ícono religioso a la altura del pecho.


CONSUMISMO Y OSTENTACIóN: ¡Otro flagelo del nuevo siglo! La gente gasta toneladas de dinero en cosas que no necesita por cuestiones de status. En cambio, a mí la idea de “cambiar el auto” o “cambiar la computadora” o “cambiar la puerta de la heladera que cada vez que la trato de abrir se me viene encima” me resulta ajena, incomprensible, casi extraterrestre. ¿Para qué “cambiar” una cosa que ya tengo por otra parecida? ¡Y por suerte también estoy libre de la miserable compulsión de prestar dinero, un gesto que sólo busca estimular el clientelismo y la mendicidad! Esto no significa que el sufrimiento de mi prójimo me sea indiferente: siempre obsequio a mis amigos necesitados con palabras de estímulo, explicándoles que tengo plena confianza en su capacidad para salir solos de sus penurias.


OMNIPOTENCIA: Una natural modestia me permite entender y aceptar sanamente mis propias limitaciones. Por esto es que no emprendo, en general, nada, consciente del fracaso inmediato a que esto me llevaría. Me da mucha lástima la gente enferma de omnipotencia, que siempre se pone a hacer cosas y anda contándolo y obligándonos a fingir que le prestamos atención.


PESIMISMO: No tolero a la gente que se la pasa tirándonos pálidas sobre el futuro de la Humanidad y cosas así. A mí todo me parece maravilloso y normal como está; no lo puedo evitar, soy así, si querés me hago el Ernesto Sábato pero sinceramente no me da. No significa que ande siempre jajaja y jijiji porque YO Sí tengo problemas personales, pero trato de no obsesionarme con esas noticias horrendas que salen en los diarios sobre un montón de gente que no conozco. No le veo sentido, me parece inconducente, y, sobre todo, creo que, básicamente, y ahí estaría el secreto de mi virtud, mucho que digamos, por decirlo así, no me importa.


Otros defectos que no tengo: La alegría injustificada, la falsa modestia, la temeridad, la santurronería, la honestidad brutal, la excesiva serenidad, la lealtad compulsiva, la solidaridad enfermiza, la independencia patológica, la inteligencia en demasía (ya sabemos que todos los excesos son malos).


Bueno, yo voy preparando mi discurso porque para mí el premio ya está en casita; o mejor voy e improviso algo, porque si hay un defecto que no tengo es el EXCESO DE PREVISIóN.


Publicado a las 11:01 a.m.


Post original

No hay comentarios.:

Publicar un comentario