Escribe Agustín Pandolfi
Corresponsal en el exterior de “Yo contra el Mundo”.
volvepandolfi@ubbi.com
Barcelona, 25 de octubre.
Recibí estos mails:
“Coincido con este hombre que el argentino espera sacar siempre una ventaja de todo, siempre tenemos un perdón para adelante y tal vez por eso estemos así. Pero los dichos suenan a yo me y salvé los demás no me importan, ¿Cómo puede decir que acá no hay más lugar? ¿Quién es él para afirmar eso? Hay mucha gente que conserva la esperanza de salir, de progresar, de vivir tranquilo. Esa posibilidad que a él nadie le negó no debería él negársela a nadie, no está bien andar por la vida rompiendo los sueÑos de la gente.” (Bababudio RR. Ponchfffyaletx)
“¡Nos hiciste un favor a todos los argentinos al irte del país! No necesitamos gente como vos. Cada día estamos saliendo de ese pozo que dejaron gente como vos y como otros tan tristes y tan patéticos… Con 19 aÑos te digo esto, simplemente esto, gracias por irte de este país. La basura con la basura.” (Planblanbaldo chorq. Chopofoppo)
“¿Te asusta haber perdido a tu país? No te preocupes, él te va a perdonar. Volvé tranquilo, cuando puedas.” (Macartupyyo ln. rPoyyvoyy, de San Strafffuido)
Los lectores Ponchfffyaletx, Chopofoppo y rPoyyvoyy (los nombres han sido modificados para preservar su identidad) son sólo algunos más de tantos argentinos llenos de dolor por la situación que les ha tocado vivir. Yo los entiendo porque estas misivas también me llenan de dolor y pena (yo también viví allá), y por eso es que perdono sus muestras de odio, resentimiento y envidia por quien ha triunfado en el exterior.
Y lo digo desde el lugar de quien también siente un gran dolor. No es fácil estar lejos de todo y de todos, empezar de nuevo en esta patria que me ha acogido en su seno como una madre a un hijo descarriado; pero sobre todo, lo digo desde el lugar de quien está meditando en volver porque esto de la gripe del pollo no le gusta nada y todo muy lindo, todo funciona, los servicios, todo bárbaro, pero francamente no quiere morir por clavarse un Chickenito engripado.
¡Es el dolor de quien quiere volver, quiere volver a sentir el cálido abrazo de los suyos, volver a ver las calles de su barrio – desde la ventana, porque también es consciente de que hoy por hoy salís a la calle y te matan por un par de zapatillas -, pero al mismo tiempo quiere tantear el terreno porque teme que lo caguen a palos!
Sé que desde mi nueva Patria a veces he sido ligeramente petulante con quienes tienen la desgracia de haberse quedado allá; sé, también, que por suerte ninguno de los lectores de esta columna conoce mi dirección (Desembargador Barroso 356. N. del E.); pero sobre todo, sé que mis compatriotas sabrán perdonarme estos pequeÑos deslices de quien se ha visto, a veces, tal vez no lo hayan notado, ligeramente deslumbrado por el Primer Mundo. Lo que pasa es que acá, la verdad, todo funciona. Es ora cosa, otra mentalidad. Igual no lo justifico, ¿eh? No lo justifico. Pero, te tomás el subte, y… Qué se yo, es otra cosa, allá estamos en la Edad de Piedra. Pero no lo justifico, ¿eh?
Igual, y esto ya va en plan de confidencia, se extraÑa esa chispa, esa idiosincracia tan especial de la personalidad de esa forma de ser única y tan particular del carácter de los argentinos. Acá es como les falta algo. Qué se yo, son gallegos, dicho con todo respeto. Un ejemplo. Recién. Yo iba bastante nervioso con esto de la gripe y de pronto me dio hambre. Entré en la rotisería, el tipo me atiende, le digo, “Cien gramos”, pim, pam, pum… Y el tipo se me queda mirando.
“¿Cien gramos de qué?”, me dice. Acá te das cuenta de esa diferencia tan grande entre nuestros dos pueblos. Qué se yo, allá el tipo por la cara ya sabe más o menos de qué querés los cien gramos. No sé, es esa chispa tan especial que tenemos allá y que acá como que les falta. Todo bien, te atienden regio pero como que algo les falta. No lo sé explicar bien. Son como más cuadrados, son gallegos.
¡Y lo digo con todo respeto, porque tampoco quiero que de golpe la gente de acá se lo tome a mal – aunque yo ya decidí que vuelvo a la Patria que me vio nacer, pero tengo que juntar algo de plata para el pasaje y un tiempito acá tengo que pasar -, que yo estoy agradecidísimo por el trato que se me ha dispensado (aunque de a ratos te miran con una superioridad que te dan ganas de decirle “a quién le ganaron”, dicho igual con todo respeto)! Peeeeero, también es verdad que allá no hay gripe del pollo y eso pesa. Pesa.
En fin, prefiero no seguir porque la emoción y los nervios por los últimos acontecimientos me están haciendo decir cosas que no deseo (me tengo que acordar de pedirle a Podeti que me enseÑe cómo se borran las frases inconvenientes); sólo espero que podamos hacer borrón y cuenta nueva como hermanos que se pelean pero en el fondo se quieren mucho, y que hasta de golpe por ahí me hagan una fiesta, que yo desde mi lugar acá considero que he aportado algo, una visión, una mirada, para que no se crean que Argentina es el Centro del Universo, nada que ver, allá no nos conoce nadie, ni salimos en los diarios, y un mínimo de gratitud no trae cáncer, ¿eh?
Vuelvo a vos, mi Tierra. Mi Argentina. Vuelvo, vuelvo.
Vuelvo. Allá. Vuelvo. Voy allá.
Publicado a las 10:32 a.m.
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