¡Sorpresa, sorpresa! El debate pedagógico del siglo XXI no es si debemos demostrar preferencia por nuestros niÑos clonados o si la educación vía implantación de chip cerebral debe ser laica o libre, sino si está bien AZOTAR A NUESTROS HIJOS.
Presten atención y los detectarán: Al ritmo de frases como “un coscorrón a tiempo previene males mayores” o “antes hacías eso y venía el bife” o “peor es no poner ningún límite”, lo que hace unos aÑos era impensable ahora es propuesto alegremente y al nivel de CAMPAÑA PSICOLóGICA, no por torturadores de mentalidad medieval, sino por cancherísimos y modernos comunicadores de mentalidad medieval. Entre sus credenciales no se encuentran la psicología infantil o la pedagogía – desde ya – sino las respetables profesiones de LOCUTOR RADIAL o HABLADOR PROFESIONAL. Y no se trata tampoco de padres iracundos o desesperados, sino de sujetos que están en edad de ser abuelos.
Acusan a quienes nos horrorizamos por estas prácticas cavernícolas de cosas horribles como ser “políticamente correctos” o “progres” (sólo falta que nos insulten diciendo que estamos A FAVOR DE LOS DERECHOS HUMANOS!). También se nos acusa de tenerle “miedo a la autoridad”, como si esto fuera necesariamente algo malo.
Es que su mundo ideal es un gran country donde celebran asados en chomba y bermudas impecablemente blancas, donde hablan de vinos, ópera, libros de Paulo Coelho –leídos con una sonrisita superada porque ellos están para otra cosa -, viajes a EspaÑa y las desgracias del mundo en tono doctoral, mientras escuchan a Schoenberg los más cultivados y a Joaquín Sabina los más mersones; los chicos no son otra cosa que esas criaturas molestas que chillan de algarabía y arruinan el impacto de la frase ingeniosa que estaban recitando para impresionar a la mujer del arquitecto Sarlanga, que todavía está de buen ver; Los adolescentes son esos granujas de vida nocturna que gastan guita sin trabajar, farfullan incoherencias y ponen a La Renga, encenagando su tilingo paraíso.
Pero principalmente al “Viejo Bermuda” le irrita la existencia de los niÑos porque odian a sus hijos, y no sin razón: los han visto pasar de encantadores niÑitos con perfume a leche y miel a antiestéticos adultos con olor a pata; los han visto ebrios, los han visto pedantes, abusando de sus victorias miserables y quejándose de sus fracasos, sacando créditos hipotecarios, puteando porque se les quedó el auto, mirando a Grondona, haciendo negocios pésimos, empezando sus frases con la construcción verbal “lo que pasa es que en este país de mierda”, peleándose a gritos con su pareja, repitiendo con voz gomosa las mismas frases cargadas de resentimiento que emitían ellos cuando empezaron a descubrir que la juventud era muy breve; en suma, los han visto convertirse en algo demasiado parecido a ellos mismos, como retratos de Dorian Gray vivientes, pero sin las ventajas que aquél reportaba al malogrado Dorian.
Entonces el “Viejo Bermuda”, que es demasiado sofisticado y metropolitano para admitir abiertamente que desearía vivir en un condominio en Miami rodeado de alambre de púas electrificadas donde no se admita a nadie por abajo de los sesenta aÑos – excepto camareras de veinte para adornar el paisaje – empieza su perorata sobre los límites, sobre lo inofensivo que es un chirlo si se hace con amor, sobre que antes … y aquí tartamudea, porque percibe que bordea el síndrome de “en mis tiempos” y en realidad desfallece por ocultar que está DECRéPITO.
Desde mi modesto lugar de padre progre, políticamente correcto y con miedo a la autoridad, quiero decirles, decadentes energúmenos, que no tengo la menor intención de pegarle a mi hijo, y sinceramente me tiene sin cuidado si eso les arruina la fiesta; que su nuevo rol de “golpeadores virtuales” me parece digno de SALVAJES; que darle argumentos a los mano largas nunca fue una buena idea; y que con su mismo criterio podríamos pensar en que de vez en cuando, a los OPINóLOGOS con INCONTINENCIA VERBAL no les vendría mal un coscorrón – o más – para ponerles un límite.
Pero con amor, ¿eh? Siempre con amor.
Aclaración: Ya sé que esta es una columna de humor, así que la escribí COMPLETAMENTE DESNUDO, con una careta de Carlitos Balá y parando cada cinco minutos para imitar a Costello cuando tiene miedo.
Publicado a las 08:21 a.m.
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