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Luego de erradicar del idioma castellano los idiotismos “a ver”, “cuac” y “gente”, le toca el pasillo de la muerte esta vez a una expresión algo más compleja pero infinitamente más canallesca: Se trata de esa frase hecha cada vez más extendida en los medios de comunicación que reza “Lo que digo lo pensamos todos, la diferencia es que yo lo digo”, o su variante “alguien tenía que decirlo”.
Por lo general es utilizada como introducción o garrotazo final a una serie de barbaridades donde se arremete contra gente inocente, se pide pena de muerte, se arrojan conclusiones racistas que harían exclamar al Gran Maestre del Ku Kux Klan un indignado “bueno, bueno, pará un poquito, me parece que te estás yendo de mambo con la discriminación racial” o se denuncian públicamente las evidentes opciones sexuales de tal cual famoso; en definitiva, todas las variantes infames que conforman ese discurso entre bobo y malvado que se ha dado llamar “incorrección política”.
Así, el opinador vocacional de turno suele concluir, luego de decir que las mujeres deberían ser encerradas en corrales o que habría que esterilizar a los inmigrantes ilegales que “sólo está diciendo en voz alta lo que todos pensamos y nadie se atreve a decir”, adornándose, tras la salpicadura de inmundicia, con la sobrevalorada virtud de la “frontalidad” – que lanzó a un transitorio status de Juana de Arco a la hoy olvidada Tamara del primer “Gran Hermano”.
No es necesario aclarar lo burdo de la estrategia. El enfermito no hace más que sembrar la duda, en primer lugar sobre la gente débil de carácter, acerca de nuestra coincidencia con su pensamiento. Como por lo general no tenemos la más pálida idea de lo que estamos diciendo y nuestras opiniones suelen depender de si al levantarnos nos hemos golpeado el dedo chiquito del pie, es muy probable que a muchas personas, en algún momento, se nos haya pasado por la cabeza que – por poner un ejemplo – enviando al paredón a tal o cual personaje público (o vecino o gremio o etnia o habitante de determiando país) todos nuestros problemas desaparecerían.
Lo que no significa que esa serie de conclusiones turbias y malformadas que llamamos “opiniones” sigan, al día de hoy, dándonos vuelta por la cabeza.
En segundo lugar siembra la duda sobre la ya bastante horrenda imagen que tenemos sobre nuestro prójimo; efectivamente, no todos pensamos como el energúmeno, pero tenemos una facilidad asombrosa a pensar que el resto de la humanidad Sí piensa como el energúmeno. Así, el subhumano de turno logra escudarse tras una serie de personajes imaginarios, aprovechándose de nuestra inseguridad personal y nuestra misantropía militante.
Por otro lado, aunque estos deleznables homúnculos tuvieran razón, ¿quién les da derecho a decir lo que “todos pensamos”? Esto ya entra en el terreno del buchonaje. Yo no creo haberle dado un poder legal a nadie para que diga lo que yo pienso, ni para que lo insinúe y ni siquiera para que lo verbalice. ¡Si oculto mis opiniones más aberrantes al mundo, será porque sé que son aberrantes y no tengo interés en continuar propagándolas! ¡O sencillamente, porque no quiero que me echen de mi trabajo ni perder amigos o hacerle pasar vergüa determinado conocido por su olor corporal, o que pienso que su hobby es una estupidez digna de risa, o que su cara es horrible!
(A propósito, la sinceridad está un poco sobrevalorada. Pareciera que hoy en día el peor insulto posible es ser un “hipócrita”. Se me ocurren cosas bastante peores, como ser un hijo de puta, o un avaro, o un cobarde o un plomo, o atarse el pulóver en el cuello; sin embargo, el infame que se regodea sobre el olor hediondo que tienen los linyeras, o se ríe de una desgracia que ha visto por televisión, es aplaudido y felicitado, porque aparentemente “dice lo que pensamos todos”, aunque probablemente lo piensen dos o tres imbéciles como él)
En resumen, sería encantador que “aquello que pensamos todos”, si es que esa cosa existe, permanezca en el limbo de los secretos vergonzantes, y que el vocero no solicitado pida permiso antes de enunciarlo – tal vez vía mail al resto de la humanidad, lo que puede llevar un poco de tiempo, qué se yo, dos o tres días – o en todo caso que aclare, al final, “esto es lo que pienso yo, solamente yo, y francamente me siento como una bazofia por decirlo, así que por favor perdónenme”.
Por último, como no sé si lo de hoy fue muy gracioso, tengo que comentarles que lo escribí disfrazado de EMPANADA BAILARINA, con unos guantes de boxeo y cantando una de esas canciones con rima de Benny Hill.
RESUMEN FACILISTA DE LA NOTA: ¡Los que dicen que dicen lo que pensamos todos en realidad no saben lo que pensamos todos y aparte son IDIOTAS!
Publicado a las 10:21 a.m.
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