jueves, 30 de junio de 2005

¡Sí, SOY YO: EL BRUCE WILLIS DE LOS DESPERFECTOS CINEMATOGRáFICOS!





Bestia Monstruosab.jpgLos espectadores de ese TRUCO BARATO DE FERIA llamado “cine” tienen quien los proteja. No me refiero, por supuesto, a medievales y lúgubres organismos de censores encapuchados, o al gremio de los petulantes críticos encaramados en sus torres de cristal (aunque me da curiosidad saber si esas torres de cristal son son una buena opción inmobiliaria, pero no nos vayamos de tema). No. Me refiero, concretamente, a Mí.


No soy un héroe. Si la vida fuera una película de cine catástrofe, probablemente yo no sería el recio líder que inmediatamente se hace cargo de la situación y conduce al grupo de temerosas víctimas a la salida del barco hundido o el túnel colapsado. Ni siquiera sería el cabrón que todo el tiempo le dice al héroe “¡No sé por qué te hicimos caso! ¡Ahora todos vamos a morir!”. No, yo sería uno de los de la masa suplicante que se queda esperando a los grupos de rescate oficial (y que nunca llegará), o alguno de los afortunados que sigue al protagonista, ubicado en la fila ni muy adelante ni muy atrás. En todo caso seguro que sería uno de los primeros en morir, porque a esos siempre les pasa algo.


Pero cuando se produce algún desperfecto cinematográfico; cuando el sonido sale sucio, la película está fuera de foco o se produce un corrimiento de cuadro; cuando la bovina masa de espectadores se queda sentada sin hacer nada mientras trata de autoconvencerse que “El Comando Salvaje III” es una película de cine experimental, o a lo sumo expele unos chiflidos tímidos o susurra desde su asiento la patética orden “foco!” , allí es donde yo entro en escena.


No culpo a los espectadores de cine por su pasiva actitud. Son eso, espectadores. Si no lo fueran, estarían practicando aladeltismo o descubriendo continentes. Pero YO no me quedo esperando el rescate que jamás llegará o al comando militar que resulta estar entongado en la toma del aeropuerto. No, no; en esos casos, tomo el toro por las astas: Sin dudarlo un instante, me paro, me acerco a la sala de proyección con voz educada pero firme y digo: “No se oye nada”; “Está muy oscuro”; “La película hace así (acompaÑado de un gesto vibratorio manual)”.


A veces, incluso aunque no haya pasado nada, salgo del cine y lanzo una mirada amenazante al que corta las entradas. Nada muy violento. Sólo para que sepan que YO estoy allí; que los estoy VIGILANDO; que es mejor que hagan bien su trabajo o se las verán conmigo. Por lo general se ve que funciona.


La comparación con Bruce Willis es tal vez exagerada, porque por lo general la gente que trabaja en el cine no me hace mucho problema. No sé bien qué haría si la sala de proyección fuera tomada por un comando armado de ultraderecha o si sencillamente el proyectorista me dijera “Y bueno, por diez pesitos qué querés”.


No sé. Quiero pensar que estaría a la altura de la situación, que me las arreglaría para hacerme con un arma y acabar con esos terroristas cinematográficos o que lograría meterme en la salita a través de los conductos de ventilación y proyectaría la película yo mismo.


Pero mientras eso no pase me tomo muy en serio mi rol. Así que quédense tranquilos en sus asientos. Atragántense con su pochoclo y duerman el semi-letargo del espectador adormecido de la vida. Hay alguien que vela por ustedes. ¡Un misterioso ángel guardián que se mueve en las sombras, apenas iluminado por los cartelitos de “Salida de Emergencia”, entregando su cuerpo y alma obsesivamente, sin dejarse vencer por el sueÑo ni la sed ni el cansancio, y jugándose el pellejo hasta el límite con tal de que ustedes puedan ver nítidamente esa octogésimo – sexta PERSECUCIóN DE AUTOS!


Publicado a las 11:46 p.m.


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