LUCHA TOTAL MORTAL
Novela Interactiva Rápida sobre Luchadores de Catch
CAPíTULO ESPECIAL DE NAVIDAD: “Un Cuento de Navidad”
Resumen del capítulo anterior: Luego de varios viajes por mundos paralelos, sueÑos y otras dimensiones, el “Toro Argentino” escucha indignado que “La Pantera negra”, su hijo travesti, está embarazada de padre desconocido. Este sería el capítulo navideÑo, cosa bastante loable porque recién estamos en junio así que nadie nos puede acusar de oportunismo; El argumento no ha sido sugerido sino que directamente ha sido copypasteado del mail que envió el lector Juan Z.; Apenas toqué un par de comas para justificar el sueldo. SeÑorita, yo terminé, mándeme el cheque a casita por favor y que sea en números redondos si no es molestia)
Anochece. Toro, varón argentino, luego de oír los graves anuncios de Pantera Negra, con paso inseguro, pero firme, gana la puerta del establecimiento gastronómico. Ya en el umbral, escapa a toda carrera hacia su refugio secreto, un aséptico sótano, algo mugroso, en el barrio de Boedo. Allí, es presa fácil de la hosca mortificación. Desde su ventana, que domina las terrazas de este barrio de prosapia tanguera, mira sin ver cómo la nieve estival cubre densamente, de manera imperceptible, todo el paisaje. Entra entonces un luchador. Es pesado. Es invencible. Es ubicuo. Es alegórico. Porque en realidad estamos hablando del SueÑo. Toro cae dormido en su poltrona.
Un golpe quedo en la puerta del cuchitril devuelve a Toro la conciencia. La ciudad duerme. Sólo se oyen el vago estertor de los camiones de basura compactando la basura, y los ladridos de los perros ladrando. Otro golpe termina de despertar a Toro. “Es quizás”, piensa este, “un sujeto audaz, que llamando está a la puerta. Eso es todo y nada más”. Toro abre de golpe la puerta. Es Zalomona, su ama de llaves, que viene a traerle el mate al coÑac consuetudinario.
ZALOMONA (meliflua): ¿El seÑor va a desear alguna otra cosa de mí esta noche?
TORO (taciturno): No, Zalomona, puedes retirarte a tu jergón.
El ama se va con aires de ofendida y cierra la puerta tras sí. Pero no pasan cinco (3) segundos, que nuevos golpes vienen a importunar a Toro. “¡Que no! Zalomona, ya te dij…”, grita Toro abriendo la puerta y cortándose en seco, pues ante su atónita argentinidad se yergue, monstruoso, un niÑo de 3 aÑos. Toro comprende que se enfrenta a una fuerza superior, sobrenatural.
EL NIÑO (con voz polifónica): Haz de saber, Toro, que yo soy el Espíritu de la Navidad Pasada. Estoy aquí para mostrarte lo que fue.
TORO (lloroso): ¡Ay, mi pasado! La gloria que pude tener. ¡Lo que engaÑosamente pagué por tenerla! ¿No querés un pedazo de mantecol, ¡oh! espíritu?
EL ESPíRITU (afectado): No, gracias. Mi alimento es la ambrosía, o en su defecto el pan dulce de navidades pasadas que aÑeja en las vidrieras de panaderos sin escrúpulos. La noche, Toro, será como una mala tira de asado: larga y dura. Cuando yo te haya dejado, otros espíritus te visitarán. Pero como este es un mundo de luchadores, para pasar de nivel, por decirlo así, deberás enfrentarte al final de cada capítulo de esta noche, con el guardián del nivel. Ahora sígueme.
TORO (estoico): Conforme. Nada temo.
Toro y el Espíritu de la Navidad Pasada atraviesan el vano de la puerta. Pero en lugar de dar con las otras habitaciones de la casa, salen al campo raso, cuyo suelo es el de la pampa argentina.
TORO: Reconozco esta noche y este lugar. Por la altura y orientación de la Cruz del Sur puedo decir que estamos en la Noche Buena del aÑo
86, en medio de la chacra donde trabajé como capataz, arriero y domador. Pero ¡oh!… esa luz que se avizora en lontananza… ese punteo de guitarras… esas risas… ¡esa voz!
EL ESPíRITU : Conoces bien.
Caminan hacia la reunión. Alrededor de unas tablas sobre caballetes hay varios peones. Una china garrida escancia el vino de las damajuanas. Las luces del arbolito iluminan la escena. Todos se emborrachan y mascan asado de cuero, que alguien corta directamente de una vaquillona entera espetada sobre las brasas.
PEóN 1: ¡Propongo un brindis por nuestro capataz, don ***! ¡Salud!
PEóN 2: ¡Camarada fidelísimo! ¡Salud!
PEóN 3: ¡Que no se aparta de la huella aunque vengan degollando! ¡Salud!
TORO (absorto): ¡Aquí estoy! Soy yo, don ***.
EL ESPíRITU (monoaural): Ellos no pueden verte ni oírte mi mucho menos olerte, Toro; ni tú tocar nada puedes.
TORO (incipiente): pero yo, quiero decir, mi yo joven, el de aquel momento, ¿dónde estoy?
EL ESPíRITU (austero): veo que sólo recuerdas lo que te conviene. Vayamos al rancho.
Allí van los dos. Y allí está, mírenlo: Toro de joven, y con él un seÑor de traje de color indefinido y portafolios de cocodrilo; lentes ahumados ribetean su rostro inescrutable.
EL JOVEN TORO: ¿quiere decir que si firmo esos papeles, todo esos cueros de chancho serán míos?
EMPRESARIO: Esencialmente. A cambio deberás trabajar como luchador en la CompaÑía que represento. Te he visto en la doma. Eres bueno. ¡Eres muy bueno! Puedo hacer tu fortuna, y tú la mía. Firma los papeles, deja estos andurriales. Las luces de la arena central del Club Juventud de NúÑez te esperan.
TORO: ¡No lo escuchés, joven Toro!
EL JOVEN TORO: Lo que usted dice es muy tentador. Pero me da cosa firmar. Antes querría consultarlo con mi china.
EMPRESARIO (por lo bajo, con voz finita): Pollerudo.
EL JOVEN TORO (tensando los músculos del cuello y rajando con eso la camisa): ¿Qué dijo?
EMPRESARIO: Nada, nada. Que si sabía hubiera ido a hablar con quien manda, y no con usté. Además no creo que pueda ganarle a nadie.
El empresario hace ademán de arrojar los contratos al fuego de la chimenea: Ya vuelan hacia el fuego, ya se queman las rebarbas del pergamino, ya una mano hábil, la mano del joven Toro, los salva de la conflagración.
EL JOVEN TORO: Firmaré. No le tengo miedo a nadie.
El joven Toro firma los contratos. De las sombras salen cuatro luchadores enmascarados, lo sujetan.
EMPRESARIO: Ahora perteneces a La CompaÑía. Al auto con él, muchachos.
Se lo llevan.
EL ESPíRITU : ¿Ahora recuerdas dónde estabas aquella noche Toro?
TORO: ¡Ay! Lo recuerdo.
EL ESPíRITU: Sin tu mano directriz la chacra pronto quebró. Casi todos murieron. Tu china casó con otro, la cadena de restaurantes Pumper Nic…
TORO: ¡No sigas!…
EL ESPíRITU : … la revista Anteojito…
TORO: ¡Detente! Ahora veo que pagué demasiado cara mi fama.
EL ESPíRITU (desvaneciéndose): El tiempo de mi misión se ha cumplido.
Unos chorros de humo de hielo seco cubren la escena. La nube se disipa. Toro Argentino está solo en el círculo de luz del único reflector que ilumina una arena de lucha. Toro asume instintivamente su posición de guardia, que es como si llevara en cada mano una gran bolsa de abono químico. El suelo empieza a temblar rítmicamente. Desde la oscuridad, un mugido como trueno precede a una ráfaga de viento que hace volar hacia atrás el pelo de Toro Argentino. Una pezuÑa gigantesca aparece en el borde del círculo de luz.
TORO : ¡LA VACA FéNIX! Perdido, perdido… estoy perdido.
(Fin del episodio. Podeti se queda re angustiado esperando que le digan como sigue y con la esperanza de que algún lector tenga la delicadeza de seguir cierta continuidad argumental, diantre. También se va a dormir muy contento pensando que por una vez no lo van a acusar a él de escribir “muy largo”)
Publicado a las 11:20 p.m.
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