martes, 12 de febrero de 2013

Crítica Lateral: El Momento Clave


Quienes desde hace años (o minutos, como un servidor) nos dedicamos al Periodismo Cultural, así, con mayúsculas, y mayúsculas al principio de las palabras, como debe ser, sabemos el esfuerzo que implica. El camino ríspido, escarpado, la mayor parte de las veces sin recompensa ni paga alguna –excepto la paga en metálico por parte de la editorial, aclaro esto para que no haya lío cuando mande la factura y mi CBU.



Para empezar, hay que tomar contacto con el tema sobre el cual se realizará la nota o crítica. Una película, ponele. Ya el hecho de ver una película supone -para decirlo de un modo que dé a entender que he vivido en España o tengo amigos españoles, que siempre queda bien- un “incordio”. Ir al cine, estacionar, que el pochoclo, los nachos con queso, costearse hasta la puerta del cine. Entrar, sentarse, ver, apagar el celular, etc. Ehhhhhhh, pará. En fin. Y luego hay que acordarse de lo que uno vio y escribir como no sé cuántos caracteres (los tengo anotados por ahí para no pasarme). Pero un Periodista Cultural, si quiere darle de comer a sus hijos, tiene que ver no una, sino más, como dos, o hasta tres películas por semana.! ¡A veces hasta debe leer libros, o peor: ir al teatro! Con el riesgo de que se te mezclen las películas y contar el principio de una con el final de otra. Y las terribles exigencias de los editores, que no permiten que uno se refiera al protagonista como “el chaboncito ese que hacía de estafador”.



Afortunadamente el Periodismo Cultural cuenta con una larga tradición de maximización del tiempo & recursos, esto es, una tradición que dice que no necesariamente debe verse la película, o leerse el libro, o asistirse a la vernisagge (sobre todo a aquellas que no regalan vino) para realizar la nota: ésta puede enllenarse con pequeñas anécdotas camino al teatro, o reflexiones sobre la Sociedad, biografías de los autores bajadas de Internet o párrafos y párrafos de sarcasmos e ironías, dejando el comentario puntual de la obra para los últimos renglones, que pueden cubrirse con generalidades.



Propongo entonces desde este espacio hacer un recorrido no sólo por la Cultura, sino por las infinitas técnicas disponibles para dedicarse al periodismo cultural sin hacer tanta alharaca con lo de ver la película, que en definitiva no es lo importante. Lo importante es el aporte del crítico, porque sino nos quedaríamos en la mera descripción. Llamemos a esta escuela de periodismo “Critica Lateral”, que suena un poco más preciso que otros nombres que surgieron en el brainstorming (“Boca de Ganso”, por ej.).



Hoy: El Momento Clave



Arranco entonces con una técnica llamada “Momento Clave”, que si bien no evita por completo el consumo de la obra a analizar, la reduce al máximo. Se trata de encontrar un momento clave de la obra que de algún modo resuma la totalidad de la obra, y decirlo sin tapujos: “Esta es la escena que de algún modo resume toda la obra”. Gracias a lo cual podemos hacer un análisis extenso y completo contemplando una escena de dos o tres minutos. Imagínense las posibilidades que se abren al Crítico Lateral gracias a esta técnica; en una hora puede analizar unas veinte películas, lo que le deja tiempo para pulir y embellecer la redacción de la nota con frases floridas y reflexiones azucaradas.



Entiendo las objeciones, muchas proferidas por jefes de redaccion, productores, distribuidores y críticos de la competencia, entre las cuales está una que encuentro particularmente ponzoñosa: “Ah, qué conveniente que todos los ‘momentos claves’ que encontrás aparecen en los tres primeros minutos de la película”. Eso me dicen. Me parece de una mala fe que no merece contestación. Porque el Periodista Cultural de verdad, profesional experimentado, sabe “ver” el meollo de la película en cualquier escena, sabe “leer” en un párrafo el libro entero, “discernir” el “quid” de la “obra de teatro” en los “comentarios” de la gente de la “cola” (también debe “entender” el “correcto” “uso” de las “comillas”, pero eso “es” “para” un “nivel” más “avanzado”). Si no, estaríamos poniéndonos en el nivel del lector. Y entonces, ¿quién nos va a pagar?


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