Escribe Aliosha Gregorich Potemkin
Atormentado Joven Ruso
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Querida prima:
Recostado en el rincón más oscuro, húmedo y feo de mi habitación, en la que llamo .Posición fetal de feto estrangulado por el cordón umbilical., te escribo la que tal vez sea mu última carta antes de hundirme en el negro pozo del dolor y la desesperación. Ayer gasté mi último centavo de rublo en un minúsculo trozo de carbón para calentar un poco este escondrijo de ratas que la cínica Sra. Grushenka llama .cuarto.; tuve que optar entre éste y media col, pero decidí que el Hambre .que ya he aprendido a valorar como la más fiel compaÑera- era un tormento menos doloroso que el Frío. Desgraciadamente perdí el carbón, evitando que me atropellara unn carro que cargaba patatas podridas. Quiso la Providencia que por lo menos me quedaran las manos manchadas, gracias a lo cual puedo escribirte esta carta.
Sin embargo, mi Calvario físico no es nada al lado de la Oscuridad Total en la que se halla sumido mi Espíritu; ¡Siento que mi Alma es una celda en la que mi profundo desprecio por la Humanidad es mi propio Carcelero, que me azota y me tortura haciendpo desfilar delante de mis ojos los rostros repugnantes y satisfechos de los buenos burgueses indigestados en su propia imbecilidad que infestan mi barrio, y ni siquiera tengo quiero escapar de él! ¡Quisiera enterrarme en celdas cada vez más pequeÑas, encerradas unas dentro de las otras, como esas muÑecas tan típicas que vendemos a quí en Rusia que no me acuerdo cómo se llaman, y llenas de púas envenenadas hasta que mi Yo sea pulverizado como una chinche entre dos dedos, y rociar con mi propio líquido nauseabundo al resto de la Creación a modo de Venganza!
¿Y tú cómo estás? ¿Todo bien por allá? Supe que el pequeÑo Kolya camina ya; ¡la imagen mental de tu bella persona jugando con tu hermanito me llena de tibia paz y esperanzas en el futuro de la Humanidad!
¡Pero luego pienso en tu padre, el abyecto Tío Vassili, su rostro mofletudo y sus bigotes grasientos y sucios de esa sopa de remolachas tan típica de acá de Rusia que no me acuerdo como se llama! ¡Sí, sí, abyecto! ¡Sé que te sientes obligada a amarlo, pero por suerte ese blando sentimiento ha sido expulsado hace tiempo de mi Ser, siendo suplantado por una ardiente cólera hacia todo lo que está vivo, todo lo que camina, todo lo que puede nombrarse e incluso imaginarse! ¡Sí, querida prima, todo! ¡Si pudiera estar en posesión de un gigantesco Cascanueces con el que pulverizar los cráneos de la Humanidad toda simultáneamente, pagaría por él cualquier cifra que me pidieran e incluso sacaría un crédito blando para tal fin! ¡Tal haría, para librarme de los monstruos que me visitan cada noche, que ríen de mí, que gritan, me arrancan las spabanas y me ponen papelitos en el pelo! ¡Monstruos formados por fragmentos de cada abyecta faz que he presenciado en el día: el del miserable tendero, el del licencioso charcutero, el del banal boletero del cine!
A propósito de cine, ¿has visto alguna buena película últimamente? Escuché que se estrenó una con Alexei Pachinsky. ¡Aún recuerdo tu rostro puro y juvenil, transfigurándose entre el miedo, el asombro y la emoción mientras veíamos .El Patriarca I. y .El Patriarca II.. Tal vez deberías ir a verla.
¡En cambio, yo no puedo soportar la idea de encerrarme en una caja negra para ver una fabulación estúpida, rodeado de centenares de esos buenos burgueses repletos de grasa y conformismo, las bocas repletas de maíz inflado y de esos huevecillos de pez que comemos acá en Rusia (que ahora ahora ahora no recuerdo cómo se llaman), todo convertido en un bolo pulverizado y ensalivado, con trozos de azúcar horadándole los dientes amarillentos! La última vez que pasé por la experiencia fui expulsado por uno de esos soldados tan típicos de acá de Rusia. ¿Cómo se llaman? Esos que tienen el gorro ese de piel, que hacen ese bailecito sentaditos en el aire. Puta, no me acuerdo. ¡Sí, expulsado, expulsado como un paria porque quise darle su merecido a una anciana abyecta! ¡Y luego volví a casa con 45 grados de fiebre, y estuve una semana revolviéndome en mi jergón, porque duermo en un jergón, aparte me gusta decir la palabra .jergón., jergón, jergón, transpirando de odio, miedo y asco, delirando con la visión de esos rostros rosados e hinchados escupiendo el intolerable olor a regaliz y huevecillos de pez! Si no hubiera estado tan débil al punto de verme obligado a orinar desde el jergón, utilizando como letrina el trofeo que ganara en aquel torneo literario cuando era una joven promesa (¿recuerdas esos tiempos felices, querida prima?), me habría suicidado en alguno de mis breves momentos de lucidez.
A propósito, ¿cómo anda tu perro, el viejo Gregori? ¿Aún corre saltando a saludarte, alegre y peludo, cuando vuelves de tus clases de piano? ¡Lo recuerdo y el corazón se me henche de miel tibia!
¡En cambio, la única mascota que yo merezco es una cucaracha! ¡Un bicho bolita, o tal vez un escorpión que se decida a acabar con mi sufrimiento! ¡Veo mi rostro en el espejo y quisiera entrar en él .con ayuda de una especie de máquina- y apretar mi propio cuello hasta arrancarle el último gramo de aliento! ¡Matarlo! ¡Sí, matarlo! ¡No merezco vivir! ¡Soy la alimaÑa más inmunda que ha existido en la Historia del Mundo, y aún así no puedo tolerar la cercanía de prójimo alguno, doblándome en arcadas cuando el vendedor de periódicos me dice .Hola, pibe.!
A propósito, ¿estuviste leyendo el Correo de San Petersburgo y su desfile de novedades abyectas estas últimas semanas? ¿Cómo no doblarse de náusea cuando nos refriegan por las narices un horrendo caso policial que pretende ser resuelto cargándole un muerto a un chico de 16, sin que nadie se haga eco?
¿No crees que somos una Humanidad de niÑitos, de niÑitos malcriados, mofletudos y horribles peinados con bucles, gritando con voz chillona a cada paso .quiero eso. y .fue él, fue él., niÑos de veinte, treinta, cuarenta o cincuenta aÑos, que hacen estallar guerras para conseguir juguetes con lucecitas de colores, que se enorgullece de odiar a los niÑos de verdad porque son una molestia y un estorbo? ¿Sabías que el Gobernador de la Pcia. de San Petersburgo estuvo rogando para bajar la edad de imputabilidad? ¡Precisamente él, que es un niÑo grande! ¡Una especie de subnormal que hacía carreras en lancha! .¡Mami, mami, mirá, ando en esta super lancha, iupiiiiiiiiiii!. ¿Se puede ser más pelotudo, prima? ¿No te llena de ira que intenten asustarnos con “crudos testimonios sociales” sobre niÑos criminales, para que gritemos .oh, un niÑo, un niÑo., en lugar de estar clamando, aullando, llenando la Plaza de Moscú para obligar a la Czarina que se encargue de darles cobijo, alimentarlos, tratarlos como a niÑos? ¿No te da ganas de hundir a la Humanidad, a Ti, a Mí y a Aquel en un gargajo gigante al escuchar las polémicas de lo del campo, lo de la bolsa, lo de la jubilación, lo del paquete, lo de la impuestito este y el impuestito aquel y el corte de más allá y el corte de más acá en lugar de estar hablando las 24 horas del día y los siete días de la semana de los niÑos hambreados, abandonados, expulsados, hasta que estemos tan hartos que, tal vez, en una de esas, si se llega a dar un milagro, si Dios y la Virgen Santísima nos acompaÑa y nos agarra un ataque de inspiración quién te dice hagamos algo? ¡No, no me contestes, prima, es retórico! Y aparte es una carta. ¡Sólo te digo que cuando estos niÑos crezcan e incendien toda Rusia, sólo podremos agachar la cabeza y decir .lo merecemos, lo merecemos, lo merecemos., y luego ofrecer nuestras yugulares al sacrificio dócilmente!
¿Y la tía cómo anda? Salúdale de mi parte.
Tuyo,
Aliosha
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