viernes, 14 de noviembre de 2008

¡Embarazo Masculino: la Nueva Utopía del Dr. Tranca!





Drtranca.gif Escribe el Dr. Tranca

Premio Nobel de Facto de la Medicina Ilegal

ayudemedrtranca@ubbi.com



Imaginarán que no soy de llorar, ni de suspirar, ni de conmoverme, ni siquiera de carraspear. Pero confieso .aunque tampoco soy de .confesar.- que la historia de Thomas Beatie, el hombre que quedó embarazado por segunda vez, me produjo un par de eructos de emoción (.emoción. en un sentido amplio).


El hecho de que esté embarazado es secundario y hablaremos de eso en un par de párrafos; en cambio, es para destacar que sea por segunda vez. Eso es ser tener lo que hay que tener. Porque si hubiera sido una vez, se podría pensar que fue una casualidad. Y que la experiencia le resultó un poco dura (tengamos en cuenta que es hawaiano, y en esos lugares con mar, playa y solcito no son de ser muy muy muy hombres. Por la cosa de andar en malla, Aunque tienen volcanes, que capaz eso forma un poco el carácter).


Pero no; se embarazó por segunda vez, con lo que vamos viendo que el tipo lo puede hacer prácticamente a voluntad. Y aparte, nada de esos quejidos de papitos modernos de .uy, no, no sabés lo duro que es., .uy, uy, no dormí en toda la noche., .ay, ay, tuve que limpiarle la caquita, qué asquito, ay, ay, comprame la revista Cosmopolitan.. No sé qué dirían entonces si tuvieran que estar despiertos 72 horas vigilando la puerta de una casa de ladrillos oscuros, esperando que salga una persona determinada a la que hay conducirla a un lugar y hacerle unas cosas para que a cambio nos de cierta información; pero, en fin, eso sería mucho pedir. No, el tipo se embaraza de nuevo, sabiendo que el fin último de todo hombre es sembrar su simiente a diestra y siniestra, para que sus genes tengan más posibilidades de competir contra otros genes. La Creación, todos lo sabemos, es una Guerra. Y tener un ejército abundante empuja la balanza a nuestro favor.


Precisamente por eso es que el Sr. Beatie (que desde ya debería cambiar su apellido por uno más varonil) es un verdadero prohombre de la causa masculina. Un iconoclasta. Un quebrador de barreras. él ha demostrado que se puede, que es una cuestión de ponerse media pila, que alcanza con abandonar nuestros preconceptos. Gracias él, podremos ocuparnos personalmente desde el principio de nuestro patrimonio genético, en lugar de dejarlo en manos de las mujeres. No soy machista; no tengo nada contra las mujeres. Por el contrario, la mujer es la flor que adorna nuestras vidas con sus vestiditos y sus baby-dolls y sus cositas. Pero esta Guerra Genética, esta Batalla Biológica, tiene que estar en manos de hombres bien hombres; de aquellos que no dudamos un instante en quebrarle el cuello al alfeÑique que finja estar dormido para no darnos el asiento a nosotros y nuestras panzas de ocho meses. La natural dulzura del corazón femenino no les permite este tipo de maniobras.


Supongo que a partir de este cambio habrá alguna oposición, alguna resistencia. Es lo que pasa cuando se viene arrastrando un error lamentable durante millones y millones de aÑos y a alguien se le ocurre corregirlo. Sé que algunas mujeres piensan que, con el monoplio del embarazo perderán algunos privilegios. Nada de eso. Es una .win-win situation.. Ellas, por ejemplo, podrán volver a usar pantalones ajustados, como corresponde a toda hembra dispuesta a solazar al guerrero. Los hombres no sufriremos mucho la adaptación a cambios corporales de ninguna clase, ya que nuestras dietas ricas en choricina y mollejina han transformado nuestros vientres en insuperables máquinas de almacenar bebés. Sin contar nuestra natural fuerza física, hecha de manejar maquinaria pesada y cargar cajas con municiones de armas rusas.


Otras ventajas: los hombres bien bien bien hombres no tenemos .caprichitos. ni .antojitos., ni pediremos que nos vayan a comporar frutillas a las tres de la maÑana. Como mucho alguna ginebra, un whisky. Pero esas son cosas que a las tres de la maÑana se pueden conseguir fácilmante. Alcanzará con que nuestras mujeres se costeen hasta nuestro tugurio en el puerto preferido. Tampoco sufrimos cambios de carácter hormonales. ¡No tenemos hormonas! Eso es un mito. No necesitamos sustancias raras en el cuerpo. Con la sangre -y un poco de saliva para demostrarle nuestro desprecio al enemigo que nos da demasiada lástima para aniquilar- nos alcanza y sobra.


Desde luego, habrá que hacer unos cambios, porque los profesionales que actualmente lucran con el embarazo femenino deberán adaptarse a nuestros gustos personales. Nada de ejercicios de respiración ni clases de gimnasia maternal con musiquita de sintetizadores y flautas de pan (durante el triple embarazo de mi ex protagonicé un desagradable incidente en uno de estos aguantaderos, culpa de una banda sonora de Enya que me puso un poco nervioso): Quince minutos diarios de puÑetazos a la bolsa de arena (acompaÑados por la canción de .Rocky.) y estamos hechpos. De paso oxigenamos al bebé. En la sala de parto, nada de .a ver, papito, pujá, pujá, papito, ya sale. ni peridural ni ninguna de esas mariconadas. Con un trozo de madera para morder es suficiente. Y espero que en las habitaciones de las paternidades no te pongan esos ositos afeminados con el nombre del bebé. No, que te pongan un águila, o un búfalo. Tal vez un rinoceronte. Animales bien hombres.


Por supuesto, están aquellos que, si bien fingen ser hombres por una cuestión de comodidad, se horrorizarán ante la idea de llevar un tipo en el estómago. .Ay, ay, ay, qué asco, ay, me hace acordar una vez que comí media supremita de pollo y después estuve toda la semana estreÑido.. Y ni hablar de tolerar los horrores del parto. Ellos también serán un obstáculo en este cambio. Mientras sale la Ley que estoy redactando, que expropia todos los bienes y confina a un rectángulo de dos por tres hectáreas sin comida ni agua a todo aquel que sepa lo que significa .crema de enjuague. o .festival de cine. o .feria artesanal., deberemos suplir su inoperancia con más bebés. Tener cada uno de nosotros, no sé, de a quince, diceiséis bebés. No me digan que no les despierta el innato instinto de competición, siempre a flor de piel entre aquellos que nos afeitamos con una navaja a resorte.


Esa será la nueva forma de demostrar nuestra hombría, de conseguir el preciado puesto de .macho alfa. que existe en todas las circunstancias de la vida, desde los integrantes de una oficina a circuntanciales compaÑeros de ascensor. Más bebés, más hombre sos. En lugar de trenzarnos a los puÑetazos, pariremos más. O no. A lo mejor podemos parir y agarrarnos a los puÑetazos al mismo tiempo. Para que nuestra descendencia vea desde el principio cómo son las cosas y tenga en claro un modelo a seguir.


Mientras esa utopía se acerca, yo estoy intentando seguir el ejemplo del Sr. Thomas Beatie. No, no, la verdá que .Beatie. no, un desastre. Digámosle Thomas. El ejemplo de Thomas. Pero por más que estoy dándole a la matraca .es una metáfora- hasta con la enana que contrataron en la estación de servicio, sin ningún tipo de protección ni nada parecido no logro quedar embarazado.


Confieso .por segunda vez en el escrito, espero que esto no siente un precedetne- que esto me perturba un poco. Ayer a la noche, por ejemplo, estuve eructando de angustia hasta las dos de la maÑana.


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