Para combatir su adicción, el poeta Coleridge, opiómano, contrató matones a quienes les pagaba para que le impidieran entrar a los fumaderos de opio. ¡Mirá vos! (Fuente: El libro .Confesiones de un comedor de opio inglés., de Thomas de Quincey. Probabilidades de exactitud: 100 %%, porque el tal de Quincey también era drogodependiente, viste cómo son)
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