En la película “Arma Mortal II” hay un momento revelador, no un giro inesperado de la trama o un secreto oscuro del protagonista sino sobre algunas miserias lamentables de la Humanidad, que van de los Orígenes mismos de la Vida hasta la maldad de los omnnipresentes medios de comunicación del mundo moderno, pasando por nuestros cuestionables hábitos alimenticios.
Es el momento en que se presenta al villano de la historia (un diplomático sudafricano dedicado al contrabando de Krugerrands en plena era Apartheid): Un travelling (para los no iniciados, algo así como una cámara – trencito; los cineastas son como niÑos) recorre la escena hasta llegar al personaje en cuestión, quedando ubicada abajo del mismo.
Este truco barato es repetido en infinidad de películas cuando se trata de mostrarnos que un personaje es malo o siniestro. Las razones sontan evidentes que las puede descubrir cualquiera (por ejemplo, yo): Los seres humanos no nos vemos bien desde abajo. No estamos diseÑados para eso. Por efectos de la perspectiva, nuestro cráneo, la región más noble y más idiosincrática de nuestra especie, se ve demasiado pequeÑo; Nuestro labio inferior parece monstruosamente grande, dándonos un aspecto lascivo y primitivo; los rasgos generales de la cara parecen amontonarse descuidadamente; la visión general del sujeto, por fin, confiere al personaje un poder terrorífico sobre nosotros.
Pero sobre todo está el temita de la papada: Desde este ángulo es imposible disimularla. Ni inclinaciones de la cabeza, ni ensayadas poses de pretendido fotogenismo, ni intensificaciones varias de la mirada y la expresión logran borrar la presencia de este monstruoso apéndice. Y allí se desbaratan todas nuestras ilusiones sobre “DiseÑo Inteligente”. Si efectivamente hay una Inteligencia Superior planificándolo todo, ¿por qué puso ese repugnante colgajo de carne allí? ¿Por qué permite que la grasa se acumule en un lugar tan antiestético e inconveniente? Yo preferiría pagar mis excesos con un bulto adiposo ubicado en cualquier otro lugar, no sé, en la espalda, en la axila, en los tobillos. No precisamente allí, tan a la vista de todo el mundo – sin contar la potente carga de simbolismo, siendo el lugar estratégico donde la cabeza se comunica con el resto del cuerpo.
Allí interviene el creyente y nos habla de Libre Albedrío; que Dios inventó la papada para que decidamos comer más tarta de acelga y menos paella valenciana. Evidentemente, se trata de un creyente en el Dios vengativo e implacable del Viejo Testamento, no de la fuente de amor infinito de los Evangelios. De cualquier modo, el colocar este Talón de Aquiles de la belleza física me parece un poco artero.
Por fin, este ángulo visual, tan cargado de semiótica negativa, es utilizado por el periodismo para darnos su opinión, disfrazada tras la aparente objetividad del lente fotográfico; Y esta es la lección de vida que les doy hoy gratuitamente. Cuando en el diario salga la foto de un presidente, diputado, ministro, candidato opositor o cualquier otro ganso de estos tomada desde abajo, el nada ingenuo mensaje editorial es clarísimo: “Este tipo es un Monstruo, miren ese cráneo insignificante, esos micrófonos que lo rodean y lo adornan como un collar de cabezas reducidas, y sobre todo, esa asquerosa papada, donde acumula los lípidos que paga con dinero malhabido. ¡A lincharlo y apalearlo, que su Humanidad ya está perdida entre los miasmas grasosos del ángulo inferior de su testa!”.
Después dicen que las películas de acción son una ESTUPIDEZ!
Publicado a las 08:06 a.m.
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