viernes, 13 de enero de 2006

¡EXPERTOS DETERMINAN QUE LA VEJEZ COMIENZA EXACTAMENTE CUANDO UNO COMPRENDE EL CONCEPTO DE “MANTENIMIENTO”!





Gracias a la espectacular invención de la idea de .juventud de espíritu., muchos cuasi-cuarentones podemos continuar jugando a los fippers o usando zapatillas (yo no; yo uso zapatos, como cualquier persona con dignidad) sin que se nos acuse de inmadurez, que es mucho más denigrante. No soy inmaduro; Soy .Joven de Espíritu..


El problema es que se ha abierto así una especie de .Viva la Pepa. para prolongar nuestra juventud, que se traduce en llamadas al programa de Hanglin por parte de cincuentones quejosos acerca del .Síndrome de Nido Lleno. (Conocido también como el .Síndrome del sketch ese de Olmedo donde hacía de hijo de Portales y le pedía plata para comprarse apuntes para la facu.), como si su corazón no se hinchara de gozo al volver a casa y seguir viendo a sus tiernos corderitos mirando .Operación Triunfo..


Gracias a los avances en cosmética y cirugía plástica no podemos juzgar la edad de nadie por su apariencia física; Gracias al pastillaje de la medicina moderna tampoco por sus achaques o su eficiencia sexual. Tampoco podemos decir .Ah, ese tiene un tatuaje; es joven., ya que se han extendido a todas las generaciones (Chiche Gelblum tiene uno). Ni .Escucha música rock; es joven., ya que yo soy joven (.de espíritu.) y odio el rock con todas mis fuerzas.


Es mi pensamiento (una vez le escuché decir este comienzo de frase a Eliaschev y vengo esperando el momento de usarlo) que el medidor más efectivo de vejez física y espiritual sería nuestra preocupación por el concepto de .Mantenimiento..


Los jóvenes no necesitan mantenimiento. Cuando son pequeÑos se lastiman cada dos por tres y se regeneran con una velocidad que envidiaría el propio Wolverine, de los X-Men; Cuando llegan a la adolescencia consumen los tóxicos más peligrosos y destructores y al día siguiente van al colegio como si tal cosa (aunque recuerdo que cuando me encontraba en esa situación me costaba un poco determinar de qué se trataba la materia a la que estaba asistiendo).


Por supuesto, llega el momento en la vida de un hombre en que descubre que la ebriedad vivificante ha sido sustituida por un sopor instantáneo; la resaca, por otra parte (luego de una noche en la que uno ha tomado un vaso y medio de cerveza), parece durar días y días en los que uno desea una eutanasia urgente.


Sus objetos personales tampoco parecen necesitar mantenimiento regular. ¿Esa lancha a pilas se rompe al segundo día de uso? Se compra otra, o se juega con otra cosa; de hecho, el abaratamiento (en precio y en calidad) de los juguetes actuales hacen que esta situación sea casi diaria. No; quienes no se mantienen solos no tienen por qué conocer la utilidad del mantenimiento.


En cambio, cuando nos percatamos de que las cosas se rompen solas (sí, se rompen solas, yo no toqué nada); cuando nos enteramos cuánto sale arreglar la computadora, el automóvil, las caÑerías o comprar un corazón artificial es cuando pasamos a ser viejos; algo muere en nosotros. Empezamos a ver al mecánico, al cucarachero, al dentista y al tipo que arregla el calefón como males necesarios o aliados circunstanciales más que como enemigos, visitantes ocasionales o monstruos sobrenaturales.


La buena noticia es que podemos ser viejos de cuerpo y circunstancia, pero jóvenes de espíritu: Es entonces cuando sin comerla ni beberla todo a nuestro alrededor se va degradando rápidamente, las paredes descascarándose y los techos desmoronándose sobre nuestra cabeza, como lo que presenciaba el protagonista de .La Máquina del Tiempo. cuando viajaba al futuro. El .joven de espíritu. toma esto como una serie de casualidades desafortunadas, como una conspiración o como hechos aislados sin significado, y llama a los técnicos correspondientes de manera aleatoria y accidental, sin planificación ni lógica, o no los llama, dejando que los desperfectos se acumulen. Pero su espíritu, intacto, no necesita mantenimiento de ningún tipo.


Puedo decir con orgullo que, a pesar de mi avanzada edad, en este momento mi auto cuenta con una puerta que no cierra, otra que no abre, una ventanilla que no baja (le falta su manivela correspondiente), una radio muerta, el limpiaparabrisas roto, un radiador que pierde, dos o tres luces desactivadas, un tapizado del asiento del conductor que parece un nido de calandria y un .cambio de aros., sea esto lo que sea, sin que yo me dé por aludido.


Y hace tres aÑos que NO VOY AL DENTISTA; tomo esto como uno de mis más grandes triunfos personales.


Publicado a las 06:44 p.m.


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