lunes, 3 de agosto de 2009

¡Discriminan los 5 tipos de Monedistas!





El Monedismo o .encanutación profesional de monedas., que el comerciantazgo local cultiva desde tiempos inmemoriales -actualmente exacerbado por la escasez del metálico elemento- ha ido tomado a lo largo de los aÑos derivaciones insospechadas, formando diferentes escuelas, estilos y sectas heréticas. .Yo contra el Mundo., siempre atento a los cambios y tendencias de la Sociedad Moderna, ofrece a continuación un breve pantallazo del abanico de posibilidades que ofrece este noble deporte:


EL .ANDRéS REDONDO.: Tal vez la forma más primitiva e inacpetable de monedismo. Se trata de la negación de la existencia de las .fracciones de billete., ora redondeando a favor del comerciante, ora a favor nuestro. El .Andrés Redondo. pretende volver a una aritmética prehistórica, sin barras, sin decimales ni divisiones; su mundo es el mundo concreto, basto y simplón de los números enteros; un mundo sin fracciones, pero seguramente también sin zonas grises, sin sutilezas, sin sabores agridulces ni cuestionamientos a la moral vigente: un .Mundo Gallego. sin lugar para la investigación subatómica, los dobleces del espíritu o la cata de vino rosado; un mundo que sólo existe a fuerza de negar las infinitas rarezas y excepciones que rigen nuestro Universo. En este Mundo, además, el Monedista nos niega el Trofeo que estamos buscando (las monedas para el colectivo) sin negociación ni contraoferta alguna; simplemente con la brutalidad del .es ocho con veinte, dame ocho.. Para peor, el tipo se cree que le tenemos que agradecer que en el gran Esquema de las cosas nos ganamos 20 centavos, cuando lo único que queremos son esas preciadas monedas con las que llegar al trabajo, o a casa, o alguna parte. Si encima redondea a su favor es porque hay que matarlo.

Lo que dice el .Andrés Redondo.: .No te doy nada, no te doy nada, no te doy nada. Dame todo, dame todo, dame todo.

Lo que pensamos nosotros: .Y compré esta pelotudez para nada.


EL .CLUB DEL TRUEQUE.: Un clásico: El Monedista en cuestión -como el Estado que adorna a sus acreedores con bonos inventados por él mismo-, para encanutarse esas preciadas Rodajas de la Logística, nos ofrece a cambio algún producto equivalente al valor de las mismas, por lo general caramelos o chicles. Algunos, apelando a una especie de Poético Insulto a Nuestra Inteligencia, nos dan una o dos monedas de chocolate (que desgraciadamente no entran en la máquina del colectivo. No pregunten cómo es que lo sé). La costumbre, útlimamente, se esta trasladando a otros rubros donde se venden productos remunerables con monedas, por ejemplo, verdulerías donde se nos da el vuelto en papas o mandarinas. Los interrogantes: ¿Es legal este procedimiento? ¿No se ve perjudicado de alguna manera el banco central o algún organismo de ese tipo con esta práctica que .puentea. nuestro sistema económico? ¿Qué pasa en transacciones de mayor volumen? Si el tipo que te vende un auto no tiene cambio en billetes de cien (si le pagás con un billete de veinte mil, ponele), ¿te puede dar el vuelto en objetos caros (por ejemplo, bifes de lomo, lectoras de DVD, gatos hipoalergénicos, etc)? La operación, claro, se hace en forma compulsiva, y los comerciantes suelen ponerse nerviosos si uno les dice que dejen, que se guarden sus caramelitos que ya estoy grande.

Lo que dice el .Club del Trueque.: .No te doy lo que vos querés, pero te doy otra cosa, elegida por Mí unilateralmente y sin derecho a protesta.

Lo que pensamos nosotros: .Y compré esta pelotudez para nada.


EL .BERTRAND RUSSEL.: El Arte del Monedismo desarrolla en algunos de sus cultores increíbles aptitudes matemáticas; así, en lugar de apelar al redondeo o al trueque de productos indeseados, realiza un veloz cálculo mental para ver con qué billete no haría falta que nos entreguen monedas, y pasan a demandarlo cai con violencia. Ejemplo: Comprás algo de un peso y le pagás con un billete de dos, para rascar aunque sea una monedita de un peso; el tipo entonces te pide .si tenés diez., para devolverte un billete de cinco y dos de dos, .si tenés cinco., para darte dos de dos. El cazador de monedas queda arrinconado ante la celeridad matemática y la presión psicológica del Monedista; éste último puede aceptar que el cazador no tenga monedas para darle, pero lanzará una contundente mirada de desprecio si uno intenta fingir que no tiene ningún otro tipo de billete. Además, el Monedista está ofreciendo un arreglo claro y legal, poniéndose a sí mismo en una situación de Sperioridad Moral; no, es casi imposible vencer al .Bertrand Russel. en un duelo de Monedismo.

Lo que dice el .Bertrand Russel.: .Te doy algo, te doy algo, te doy algo, pero que a vos no te sirve..

Lo que pensamos nosotros: .Y compré esta pelotudez para nada.


EL .POSTERGADOR.: O .Procastinador., como dicen los pibes de ahora de cuarenta aÑos que navegan por Internet. Es una variante del .Andrés Redondo., sólo que en vez de redondear la diferencia a tu favor, te la posterga: .Me lo pagás otro día., dice con falsa bonhomía, o .Me lo debés., con velado tono de amenaza. El perjuicio es cuádruple: Nos vamos sin nuestra moneda de colectivo, con un producto que no queríamos tener, con una deuda y por último, con una sensación de implacabe derrota, que amarga hasta la bilis la degustación de nuestra indeseada Rodhesia. La única forma de neutralizar al .Postergador. es fingir una rectitud implacable, y apostrofar con voz amable pero firme que no hemos sido educados de esa manera, y que si algo en la vida nos ha enorgullecido es el no poseer deudas de ningún tipo con persona alguna -siempre que logremos no estallar en carcajadas mientras lo decimos.

Lo que dice el .Postergador.: .No te doy nada, no te doy nada, no te doy nada y encima te dejo en deuda. Te tengo en mi puÑo, miserable criatura.

Lo que pensamos nosotros: .Y compré esta pelotudez para nada.


.THE CLOSER.: La especialidad de .The Closer. es la manipulación psicológica extrema, a través de una penetrante mirada de desconfianza mientras nos interroga si .seguro que no tenemos monedas.. Durante un milisegundo nos sentimos en la sala de interrogatorio, vivildos por microcámaras en el recto, monitoreados por detectores de mentira invisibles y observados a través de una cámara Gessel por telépatas nazis. Ese milisegundo es fundamental, como lo han sido los milisegundos de los grandes personajes de l historia que han debido tomar decisiones importantísimas, como cuando el Presidente Henry Fonda permitió que los rusos contraataquen el ataque atómico. Bueno, ya sé, no es un personaje de la Historia, es de una película. No importa. Se entiende la idea. Si no se sale de ese milisegundo con la fretne alta y una decisión tomada, estamos dejando nuestro destino en manos de un ser de pesadilla: un Inquisidor reencarnado en una Verdulera. De ese milisegundo hay que salir con voz firme y clara, sin gallos, gárgaras, temblores ni ningún tipo de ruido sospechoso, y decir .sea verdad o no- .no, ni una, nadddda.. Si tartamudeamos o dejamos traslucir la Mentira, no podremos volver a ver a la Verdulera a la cara. En cualquier caso, el Monedista en cuestión invariablemente lanzará un suspiro de fastidio y desconfianza y nos entrega, al fin, el vellocino de oro, el Santo Grial, la paponia, la Felicidad que Tintinea: un puÑado de monedas mugrientas.

Lo que dice .The Closer.: .Te doy lo tuyo, pero lleno de odio y resentimiento. Te estoy vigilando..

Lo que pensamos nosotros: .Yipieee yipiee yay yayay yay.


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