viernes, 14 de agosto de 2009

¡Clínicas de Humorismo: Lección 12!





Lección 12: Los chistes que no se entienden


La lección de hoy no es tanto una lección como una pregunta. Bueno, para decirlo un poco más precisamente no es que no sea .tanto. una lección sino que directamente no es una lección. No, no es una lección. Es una pregunta. Así, lisa y llanamente. Supongo que algunos se mostrarán indignados de que use una .lección. (con arancel, cuota, matrícula, pago, etc.) no para .dar. una lección sino para hacer una pregunta. Bueno. Están en su derecho. De eso hablaremos en una próxima lección. Ahora estoy embalado con lo otro (la pregunta).


La pregunta es la siguiente: ¿Qué pasa con los chistes que no se entienden? Algunos, aparte de mostrarse indignados con lo de la .lección. preguntarán .cómo .qué pasa.? ¿Qué querés decir con .qué pasa.?. Nada, eso, qué pasa. Qué les pasa a esos chistes. ¿A dónde van? ¿Cuál es su destino? Porque el objetivo de un chiste es que se entienda, o por lo menos que se entienda en el .sentido amplio. de entender un chiste, que es que te cause risa.


Pero a veces los chistes no se entienden. A mí me pasa todo el tiempo (porque soy un adelantado al humorismo de mi época) y entonces el público se queda como .¿.qué?., como con la boca abiertita, como esperando el verdadero chiste y ahí, ¿qué le pasa a ese chiste?


Porque el tema, el obstáculo técnico es que no lo podés explicar. A diferencia del resto de la totalidad de las cosas del planeta (la química, el fútbol, la numismática, el corte y confección, el fenómeno de la evaporación y hasta la poesía .que se puede explicar aunque muchos opinen lo contrario), al chiste si lo explicás, lo matás. Lo liquidás, lo evaporás, lo desintegrás.


Entonces el buen humorista no mata sus chistes explicándolos .salvo que el chiste sea precisamente el hecho de explicarlo, pero de esto hablaremos en otra lección (con una cuota y un arancel diferenciado y mayor)- y prefiere dejarlo ahí, inexplicado, medio mirando al público con desprecio y bronca (porque aparte el chiste capaz que no se entiende pero es buenísimo), pero el chiste lo deja ahí como en animación suspendida e inexplicado. Bueno, la pregunta es ¿qué pasa con esos chistes? O mejor dicho, ¿qué tengo que hacer con esos chistes que no se entienden y que quedan en animación suspendida? .¿Cómo qué tenés que hacer., pregunta el lector indignado por lo de la lección, confundido por la primera pregunta y medio enervado y perturbado por esta insistencia, al punto que le hierve el agua que dejó en la hornalla o se le caen unas chinches al piso: .¡Nada tenés que hacer! ¿Qué vas a hacer?., grita, demostrando su sanguíneo temperamento.


Y yo no coincido con ese sanguíneo lector, porque soy un sentimental y estoy lleno de apego a las cosas y las personas y los chistes, y además porque no me gustan las camisas que usa el sanguíneo lector (están demasiado bien planchaditas y le quedan demasiado ajustadas), y le digo .no, pero algo hay que hacer, escuchame, es una irresponsabilidad dejarlos ahí, como mal terminaditos. y es un problema, porque tampoco los podés seguir contando. Contar un chiste varias veces, con la esperanza de que alguien lo entienda por machacamiento es casi casi como explicarlo, y ¡cataplumba!, lo asesinaste. Que es lo que no queremos hacer. Aparte, ¿a dónde van esos chistes? ¿Hay un .lugar.? ¿Cómo un limbo de los chistes que no se entienden? .¡Pero cómo va a haber un lugar, son chistes, sólo son chistes!., diría el sanguíneo lector, furioso, si no se hubiera ido ya, impaciente, a hacer cosas más importantes. Los que se quedaron, los de espíritu sentimental y afectivamente dependientes, sin embargo, entienden a qué me refiero, o no, pero no se los voy a explicar y no puedo, lamentablemente, decir por qué.


Bueno, gracias por dejarme hacer la pregunta, después les mando la facturita por lo de la lección.


Miren, un tipo no entiende un chiste y pide que se lo expliquen en Yahoo y la gente se lo explica y lo peor es que el chiste sí se entiende y es malísimo (aparte de .misogénico.).


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