martes, 27 de enero de 2009

¡Contraturismo Genérico: El .Turismo Marplatense.!





Turismo Alternativo, Turismo Aventura, Turismo Spa, Turismo Dodecafónico de Fractales Invertidos: Todas alternativas al clásico y sufrido turista tradicional, esa figura arquetípica que viaja a playas atestadas de gente, concurre al Bingo todas las noches y se atiborra de cornalitos y rabas fritas.


Alternativas que, además, ya han llegado a su punto de saturación. Hoy es difícil encontrar una persona que no haya decidido pasar sus vacaciones en .una playa re copada en Uruguay que no hay nadie y no tenés electricidad. o que hyaya decidido .recorrer el país a dedo, para conmocer la Argentina Real.. Según la Cámara Argentina de Turismo Alternativo, las playas solitarias donde no hay electricidad ni nada hoy en día reciben la llegada de 300.000 turistas por día, mientras que los viajeros .a dedo. superan en 200 veces la cantidad de automóviles circulantes, lo que hace difícil la logística de este tipo de viaje; y los hospedajes no tradicionales, como monasterios de la Provincia o casas de familia en un pueblito del Sur de Chile se han visto obligados a emprender importantes reformas edilicias, llegando a contar la casita de madera de la Sra. Jocelyne Barros AvendaÑo (una ex profesora de castellano de Castro, Chiloé) con unos veinte pisos de altura y más de 300 empleados.


Por eso es que los amantes del turismo alternativo están regresando al .Turismo Marplatense. (llamado también .Turismo Contraalternativo.) que cultivaban las viejas generaciones, incluso a pesar de que la ciudad de Mar del Plata fue tragada por el Mar Argentino debido al calentamiento global hace ya unos doce aÑos (las imágenes de esta ciudad que vemos en televisión hoy en día son trucadas). Para poder acceder a este servicio no hay más que contratar los servicios de .Virtual Marpla., la agencia turística más importante dedicada a este rubro.


Es junto a Erika, una joven diseÑadora de macetas con venecita a la que le va relativamente bien y que a lo largo de sus jóvenes 26 aÑos sólo ha conocido del turismo en playas sin electricidad (.Y, está re bueno, te re desestresás y te re desconectás., me explica con una voz entre aniÑada y nasal) que emprendemos la experiencia. La primer parada es, precisamente, una playa solitaria y alejada de Uruguay, a la que sólo se accede en un tractor; sin embargo, para mantener la ilusión, los eficientes técnicos de .Virtual Marpla. lo han .tuneado. como una Chevrolet Rural del aÑo .78, en la que viaja, además de nosotros, un grupo de actores que interpretan diferentes papeles: una esposa insatisfecha, una suegra de mal carácter, un suegro que habla en cocoliche, un cuÑado holgazán y amante del Hipódromo, una hija liogera de cascos y su novio cabecita fresca y cuatro niÑos hiperactivos (se trata, en realidad, de enanos cocainómanos, se explica en el folleto de la Agencia, que evita de este modo violar las leyes contra el trabajo infantil) que gritan .¿Cuándo llegamos?. cada dos minutos.


A pesar de que el viaje desde la ciudad más cercana dura unos cuarenta minutos, el tractor está calibrado de tal forma -mediante unas barras de hierro atrancando las ruedas- que se tarda unas siete horas, incluido un embotellamiento de unas tres horitas (con la ayuda de automóviles provistos por la agencia, traídos hasta la zona con helicópteros). La calefacción al máximo y las ventanas herméticamente cerradas ayudan a completar la ilusión, ya que alrededor sopla (me contaron) una acariciante brisa marítima.


Una vez en la playa de arenas blancas y mar transparente (cubierta de arena amarilla y granulosa traída desde la costa Atlántica .o tal vez polenta-, y rodeada de unos gigantescos muros de acrílico transparente color ámbar para amarronar el océano), se nos entrega el equipo reglamentario, consitente en una sombrilla, un heladerito con sánguches de milanesa, varias bolsas con gaseosas, una radio donde se escucha el partido a todo volumen, un par de .best sellers. y cuatro o cinco reposeras, que debemos llevar por nuestra cuenta mientras las actrices que interpretan a las arpías de nuestras mujeres (hablo en plural porque Erika también cuenta con la suya, en versión lesbiana) nos recrimina cosas y nuestros cuÑados nos piden plata para el Bingo (.Tengo una buena racha, cuÑadito.).


Una vez que llegamos a un rincón especialmente horrible de la atestada playa (ignoramos si el resto de los turistas son los que atestan las playas solitarias sin electricidad o se trata de .extras. contratados por la Agencia), que a Erika le parece .súper copado y re pro., intentamos armar la sombrilla .oxidada artificialmente- mientras somos acribillados por pelotazos, tejos, frisbees y aviones de telgopor que nos arrojan perticipantes de los Juegos Olímpicos contratados especialmente, mientras que los enanos cocainómanos nos reclaman con una voz muy chillona que les compremos diferentes productos, todos de precios exorbitantes (sobrevalorados por la Agencia mediante un sistema de triangulación con la bolsa neoyorquina).


La experiencia está siendo ampliamente satisfactoria, tan satisfactoria que buscamos al coordinador de nuestro grupo para sugerirle darla por terminada. No lo encontramos, porque aparentemente está mezclado con el resto de los actores, para llevar la ilusión a sus últimas consecuencias. De modo que tratamos de sentarnos bajo la sombrilla mientras nuestras suegras nos dicen .hágame lugar, inútil.. Luego de hacerle lugar, nos vemos obligados a permanecer al descubierto, bajo el sol ardiente. Se trata, en realidad, de una lámpara solar al máximo, ya que el auténtico sol de la solitaria playa uruguaya, debido a la inclinación de Uruguay en la esfera terrestre no quema ni causa ninguna enfermedad; por el contrario, dicen que rejuvenece y tonifica la piel, casi como una inyección de colágeno. Sin embargo, estas lámparas (rezago de un Centro de Interrogatorios camboyano y prohibidas por la Convención de Ginebra) nos ponen la espalda al rojo vivo en un par de minutos (lo que a Erika le parece .súper doloroso y re desagradable.).


Luego de contemplar un rato, sin mucho entusiasmo, al resto de los turistas, que cumplen bodriamente con todos y cada uno de los estereotipos del imaginario popular (la Agencia, me dicen, ha contratado los servicios de los publicitarios de Quilmes; incluso hay un par de .cameos. de panelistas de la tele), nos dirigimos hacia la orilla. Nos damos un chapuzón en el mar, enfriado artificialmente gracias a un iceberg y luego de unos veinticinco minutos logramos que el cuerpo se acostumbre. Y cuando la estamos empezando a pasar bien, nuestras suegras nos avisan .Vamos a almorzar, inútil. (tengo que admitir que la suegra de Erika utiliza un tono aún más autoritario). El recogimiento de todos nuestros objetos, algunos completamente inútiles .los sánguches de milanesa han resultado ser de utilería, lo que justifica argumentalmente nuestra salida de la playa- llegamos hasta un monstruoso comedero instalado sobre la Rambla, donde somos obligados a trasegar pilas de medio metro de altura de cornalitos fritos, entre gritos en cocoliche y arena.


Así han transcurrido varios meses, que oscilan entre parvas de cornalitos, carga de objetos y lamparazos. Para completar la ilusión, supongo, .no es que me lo haya propuesto- he engordado treinta kilos, envejecido veinte aÑos y tengo la totalidad de la piel cubierta de ampollas. De lo que era mi abundante cabellera quedan un par de cortinitas a los costaditos, que dan marco a mi cabeza roja e hinchada. He adquirido algunos vicios desagradables, como agarrarme la cabeza y mirar a una cámara imaginaria diciendo .uy uy uy, mamita, qué camionazooooo. cada vez que veo una chica vistosa en la playa. Cuando lo hago se escucha una música graciosa emitida por unos altoparlantes.


Es hora de ir a darnos una ducha y sacarnos las conchillas marinas de la ingle porque a la noche debemos ver una obra con Carmen Barbieri. No sabemos muy bien a quién dirigirnos para dar por terminado el .tour., ya que la Agencia ha decidido llevar su pantomima hasta las últimas consecuencias.


Lo más que he podido hacer fue derivarle, mediante engaÑos, a un par de enanos cocainómanos a la familia artificial de mi compaÑera Erika -a quien observo sumamente deteriorada. De hecho ya ha reemplazado el lenguaje de Palermo que la caracterizaba por la ronca efusión de puteadas constantes y amargas. Sólo parece recordar su vida pasada cada tanto, diciendo .esto no está bueno, esto no está bueno..


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