lunes, 1 de diciembre de 2008

¡Macabras conclusiones finales!





NO HE TENIDO EL GUSTO DE LEER SUS COMENTARIOS desde el viernes a la tarde, más que nada para preservar mi salud mental. El “artículo” del jueves fue uno de esos emprendimientos épicos, históricos, catastróficos, deonde lo que era un divertimento y una descarga personal se convirtió en una BATALLA SANGRIENTA entre niÑofóbicos vs. gente normal, con insultos, reconvenciones, indignaciones varias y en general el atroz nivel intelectual que nos caracteriza.


Una Hecatombe en todo sentido y a mi pesar, porque a pesar de lo que pueda parecer tengo cero vocación polémica: soy lo más parecido a un FELPUDO HUMANO que pueda imaginarse, y mi máxima ambición siempre ha sido pasar desapercibido, objetivo que no me cuesta un gran esfuerzo ni mucho menos. Pero ciertos temas son un campo minado que no se puede tocar sin provocar heridas mortales y muertes colaterales. Una de las bajas en combate ha sido el don de gentes que me caracteriza, llevándome a extralimitarme en alguna que otra respuesta, así que desde ya pido disculpas si he ofendido a alguien (exceptuando a los lectores EqUIx y macana, a quienes no me ata ninguna consideración por estar cargados con una mala leche de fábrica que mamita querida).


Endemientras, me ha tocado presenciar algunas palabras y argumentos que me azoran un poquito. Algunos parecen creer que el asunto “límites” gira alrededor de que los chicos no corran en un restaurante, que hasta donde yo sé está tan prohibido como usar barbita candado. Agradezco por poner las cosas en su lugar al lector Matigol, que la tiene RECONTRA CLARA sobre qué significan los límites y con el que coincido 100 % o 200 %%, como más les guste.


Otros hablan de “padres permisivos” y me pregunto dónde han visto semejante cosa. Veo a diario padres gritones y abusadores, o desbordados, o desinteresados o muuuuy acomplejados ante la mirada de los demás adultos. Pero no estoy muy seguro de conocer “padres permisivos”.


Tampoco estoy seguro de conocer tantos “chicos malcriados” o “insoportables”, como aseguran otros. Pero hay una regla llamada “La ley de la Multiplicidad del Fastidio”, y que reza algo así como “si hay algo que te molesta, te parece que de eso hay mucho”. El racista, por ejemplo, considera que este país “está lleno de negros”, y yo por mi parte creo que este blog está lleno de fanáticos de South Park. La idea es que quisiéramos que ese Diagrama de Venn de cosas molestas esté vacío. Por lo tanto, el que se siente rodeado de niÑos es porque, sencillamente, le molestan los niÑos.


Luego está aquel que anuncia que no tiene por qué aguantar chicos haciendo un berrinche porque “pagó su entrada”. Buéh. Ya conocemos a esta tipología, el “Defensa del Consumidor”. El hombre cree, primero, que él no es una molestia para nadie, cosa que es MENTIRA porque en cuanto nacemos nos convertimos en un dolor de huevos para alguien y lo seguimos siendo toda nuestra vida; y segundo, que haber pagado lo dota de derechos sobrenaturales y universales, entre ellos los de controlar el comportamiento de otros seres humanos. “Pagué mi entrada, así que no quiero que uses esa remera tan antiestética”. Esto es viejo como el mundo. Es el abuso del que tiene poder económico, del pez gordo, del hombre en su etapa productiva, del cazador de la tribu frente a los ancianos o los lisiados y, por supuesto, a los niÑos. Ellos no tienen derechos; no producen, no hablan de corrido, no pueden subir escaleras. Sólo nos consuela saber que los proferidores de estos reclamos algún día serán guardados en una cómoda por sus hijos porque claro, “pobre abuelo, no entiende nada y aparte no se puede pagar la entrada”.


Por fin, está el que niega la existencia de la “niÑofobia”, que simplemente vive en un termo.


Pedidas las disculpas y contestado en líneas generales lo que pienso, agrego a modo de conclusiones finales lo siguiente: “Dejad que los niÑos corran tranquilos, hato de rompepelotas, histéricos y neuróticos obsesivos, los pibes son pibes y tenerles paciencia es parte de ser adulto; y darles prioridad no es un favor sino una obligación y es así y no hay mucho más que decir, así que si no te lo bancás comprate un refugio antiatómico o hacete satisfacer por un burro pero a los pibes dejalos en paz. Y ahora te vas a tu cuarto media hora, a pensar”.


Con esto me doy por terminado y no contesto un puto comentario más sobre el tema porque si no nos quedamos a vivir acá.


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