martes, 9 de diciembre de 2008

¡Experto en catastrofismo denuncia lo de las pelotas esas de tenis!





Escribe el Ing. Jorge Cubero Sosa

Experto en Catastrofismo Municipal

todosvamosamorir@ubbi.com


Mientras los funcionarios de Gobierno porteÑo hacen lo que pueden con las disfuncionalidades climáticas que afectan nuestra urbe tipo diez grados bajo cero en pleno noviembre o inundaciones huracanadas, pasa bajo sus narices un peligro que amenaza con tomar ribetes de Holocausto y Armagedón en lo que menos se espera. Sí, seguramente todos saben muy bien de qué estoy hablando: Me refiero a esas PELOTAS DE TENIS tamaÑo pelota n° cinco que desde hace un tiempo se venden en los semáforos, junto con fundas para celulares, utensilios para el asador y molinetes en forma de florcita. Sé que a estas alturas es casi una lugar común ocuparse de esto, pero hay que seguir haciéndolo hasta que nuestros gobernantes tomen cartas en el asunto. Porque decididamente la Ciudad Autónoma de Buenos aires NO-ESTá-PREPARADA para soportar las tres o cuatro (o cinco, o seis) .burbujas. a punto de estallar provocadas por este flagelo (también comocida en Europa como .Muerte Esférica.):


La .Burbuja de la Ilusión óptica Mortal.: La presencia junto a los semáforos de estos objetos de tamaÑo engaÑoso puede inducir a los automovilistas a errores en la percepción de los tamaÑos (o .Síndrome de Alicia en el País de las Maravillas.). Ante la visión de esta pelota de tenis gigante, las leyes de la perspectiva se hacen difusas. ¿Es la pelota de tenis irregularmente enorme o es tal vez el vendedor ambulante de proporciones diminutas? ¿Ese colectivo, entonces, tiene el tamaÑo de un colectivo o de un Doberman? ¿El cordón de la vereda está a dos metros o a cien? ¿Y se trata del cordón de la vereda o de la Muralla China? Los ojos se abizcan, la mente se nubla, figuras geométricas de mil colores danzan frente a nuestras pupilas y así, conductores que hasta hace cinco minutos eran personas sobrias y honestas tornan en consumidores abusivos de LSD por culpa de este elemento extraÑo, onírico, perturbador, introducido en el orden del tráfico cotidiano y que derriba toda confianza en nuestros sentidos y cordura, como si un día despertáramos y junto a nuestra familia habitual conviviera un centurión romano, vestido de centurión romano y que habla en latín y desayuna con nosotros como si nada, diciéndonos .pasame la tostadus. (porque los que hablan latín hablan como la gente de Trulalá) y el resto de la familia actúa normalmente y nosotros sudamos y nos aguantamos y apretamos los dientes y no nos animamos a decir .¡Pero miren! ¡Es un CENTURIóN ROMANO!. hasta que nos da un pasmo por el descalabro abrupto de nuestra normalidad.


Exactamente ASí, con el agravante de la perturbación visual, puede actuar la pelota de tenis gigante, provocando accidentes de tránsito gravísimos y en cadena, la mayoría contra el Monumento a los EspaÑoles .zona de gran profusión de vendedores ambulantes- hasta que debido a los sucesivos topetazos, el monumento cae aplastando a cientos de personas, o sobre el Zoológico, liberando a la mitad de las fieras salvajes que se lanzarán a devorar a los ciudadanos que no hayan muerto debido a los choques o el aplastamiento.


En otros países más serios, más civilizados, la venta de pelotas de tenis gigantes se hace en el interior de unas cabinas que mediante unos juegos de espejos y de .trompe l.oeil. hacen parecer la pelota de dimensiones normales. También se venden estas cabinas .con ruedas- a gente acomplejada por su altura o tamaÑo de papada, pero ese es otro Servicio. En cualquier caso estamos en Argentina, un país donde las leyes de la perspectiva son desafiadas a cada rato. Por algo nuestra farándula está conformada casi exclusivamente por enanos (Julián Weich, Fabián Vena, etc.).


La .Burbuja del Efecto Gulliver.: La presencia de objetos de tamaÑo mayor al normal en nuestra Metrópoli podría resultar atractiva para eventuales criaturas gigantes buscando un nuevo hábitat. No quiero ser malinterpretado. Sé que la mayoría de estas criaturas .King Kong, Polifemo, Gulliver, Godzilla, Paul Bunyan, Mothra, los Gurbos, Galactus, etc.- son producto de la imaginación de mentes enfermas o personalidades de tipo artístico y fantasioso, consumidores de absenta y terrones de azúcar. Pero SI EXISTIERAN, quiero que quede bien claro que no estoy loco, SI EXISTIERAN, seguramente se sentirían atraídos por lugares donde los objetos estuvieran hechos a su medida. SI EXISTIERAN.


La pregunta es: ¿estamos dispuestos a correr el riesgo de que, DE EXISTIR Gigantes, Colosos y Titanes, se vengan todos para acá y rompan todo (en el caso de existir)? ¿Está nuestra ciudad preparada para resistir el ataque de, qué te digo, una Mujer de 50 Pies, o de una Garuda o de un Son of Kong? Siempre hipotéticamente, en el caso de que estos monstruos existieran en la realidad, y no estoy diciendo que existan, nada que ver, en el último juicio que le hice a la ciudad declaré bajo juramento que no creo de verdad de verdad de verdad que estemos en peligro de ser tragados por los Hombres-Topo, por lo que las acusaciones de .Insanía. por parte del Estado fueron desestimadas, lo que digo es que DE EXISTIR, ¿cuál es el .Plan B. del Sr. Macri? ¿Cuenta la nueva Policía Metroplitana con Lanzadores de Misiles Atómicos? ¿Con ballesteros apostados en todos los rascacielos? ¿Ha dedicado una parte del presupuesto a la adquisición de estambre o hilos de acero con los que atar al posible Coloso Invasor cuando éste .de existir- se duerma una siesta luego de alimentarse con nuestro ganado .de haber ganado en la Ciudad? La respuesta es: No (de existir).


En otras ciudades más serias, más civilizadas, más avanzadas, cuentan con planes hipotéticos para ataques de criaturas que tal vez no existan, e incluso con flotillas imaginarias de robots que, de existir, podrían dar cuenta de estas criaturas (de existir éstas). Pero estamos en Argentina, donde los únicos planes imaginarios están destinados a la construcción de subtes.


La .Burbuja de la Industria del Gigantismo.: De tener éxito comercial estas pelotas de tenis desproporcionadas, corremos el riesgo de que por obra y gracia del flujo de capitales y la oferta y la demanda y la plusvalía (disculpen si cometo algún barbarismo, te leí medio rápido los 12 volúmenes de la Enciclopedia Económica Salvat para escribir este artículo) se empiece a generar toda una industria de objetos de tamaÑos inadecuados. Esto, por supuesto, YA-ESTá-PASANDO. Por ejemplo, en la calle se mueven miles de Twingos, donde no entra ningún ser humano de un tamaÑo normal. Miles de restaurantes de Palermo Soho sirven platos cuyos nutrientes están pensados para alinentar hámsters u hormigas. El .boom inmobiliario. ha dado lugar a la construcción de departamentos diseÑados ergonómicamente para Polvorita o Julián Weich o Fabián Vena.


Por supuesto, el empequeÑecimiento de los objetos pasa desapercibido, justamente por esta característica (el empequeÑecimiento). Pero si la tendencia opuesta de las pelotas de tenis gana adeptos, nuestra ciudad está en peligro de sufrir la invasión de celulares del tamaÑo de tablas de surf, hamburguesas completas del tamaÑo de armarios, automóviles del tamaÑo de rascacielos, torres del tamaÑo de montaÑas, haciendo la ciudad completamente inhabitable por falta de espacio, sin contar las muertes por aplastamiento o quebraduras de columna al intentar alzar nuestras llaves del tamaÑo de la que usaba Superman para entrar a la Fortaleza de la Soledad. El panorama es aterrador: ¡Milones y millones de personas arrastrándose, con la espina partida al medio, intentando huir de nuevos productos lanzados al mercado del tamaÑo de continentes, para morir triturados por un Ferrero Rocher King Size!


En Berlín, en París, en Londres, en Toronto, en fin, en ciudades donde el Estado está presente, no se puede diseÑar un objeto que tenga más de diez veces su propioo tamaÑo (por definición), y los gobiernos lanzan a la calle verdaderas cuadrillas de Inspectores Municipales armados de reglas y transportadores para controlar que un sacapuntas, por ejemplo, no tenga el tamaÑo de un Colisionador de Hadrones. Pero sería demasiado pedir esto en un país de mentalidad bananera como el nuestro, donde el máximo orgullo consiste en que .tenemos el Río más Ancho del Mundo. (con lo que sale ir a Colonia pudiendo ir en botecito si fuéramos más racionales).


Todas estas .burbujas., que sin duda ocurrirán y aparte ocurrirán dentro de muy poco (viernes a más tardar) simultáneamente, especialmente la segunda (de existir), no son sin embargo tan graves como otra catástrofe inminente de la que prefiero no hablar porque eso aumenta mis chances de supervivencia. Les ruego no se acerquen a mi refugio, sito bajo una tapa de alcantarilla en el Pasaje El Maestro (el nombre de la calle es falso, lo último que quiero es darles direcciones) porque estoy armado. Buena suerte (es un formulismo, su mala suerte también aumenta mis chances de supervivencia).


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