Y OTRA COSA CON EL TEMA DE LA EDAD -apaaaaarte de los dolores inexplicables, los olvidos de los nombres propios e inluso de algunas palabras del habla cotidiana, tipo “agua”, los terrores que nos asaltan en mitad de la noche, la intolerancia hacia los que están en la década inmediatamente anterior, los manchones, los bultos, las “cosas” difíciles de describir que te aparecen en partes del cuerpo, no sé, “cosas”, son “cosas”, la incapacidad para ver películas enteras y la pérdida de interés en cantidad de cosas (me refiero básicamente a cosas semi-culturales, tipo ir al cine, el teatro, el milenario arte de la Pantomima, la última serie de la televisión independiente producida por un actorcito moderno; no a la otra cosa, eso todavía no me pasó, viejito, quedate tranquilo que falta, si es que llega)- es que tus lecturas se empiezan a volver medio pesadas, trágicas y espantosas y amargas. Tipo cosas sobre exterminios o la Maldad del Hombre. Bah, por lo menos me pasó a mí. De amante de la lectura como entreteneción ligera o distracción como, qué te digo, un P.G. Wodehouse o un Kennedy Toole, o de elevación del alma a través de obras heroicas como un Moby Dick o un Facundo, o de nutrición cultural sobre diversos temas que van de la antropología a la historia de la física en la Edad Media o crónicas sobre bibliotecología, o sea todos temas sobre los que no entiendo NI JOTA pero sirven para decir “ah-ah-ah, qué interesante” cada cinco minutos, me he volcado al interés sobre las PEORES MISERIAS y TRAGEDIAS del planeta Tierra, matanzas en masa y festivales de la corrupción y el imperialismo incluidos; me refiero al PUTO Tambor de Hojalata, al tristísimo El Ferrocidio y para rematarla a la biografía de Jorge Rafael Videla. Yo calculo que es porque aunque falte -porque falta- uno se va preparando para la despedida averiguando por qué NO ES TAN COPADO estar acá. El caso es que de acá a convertirme en Ernesto Sábato hay un pasito.
Y estamos a 42 de noviembre y ni noticias de fin de aÑo. Vamos bárbaro.
Miren, así como los giles que escriben novelas se vuelven locos alternativamente con Paul Auster o Roberto BolaÑo u Osvaldo Lamborghini o lo que dicte el “Boletín” del momento (ese que lee la gente cool y que te dice qué te tiene que gustar y qué no), los dibujantes también tenemos nuestros “ídolos del momento”, y ahora parece que somos tooooodos fanáticos del gran Milt Gross, que aparte me dice el Sr. parés que escribió la primera “Novela Gráfica” de la historia y parece que eso es algo bueno, pero en fin, el tipo es un grande DE VERDAD (entre otras cosas, según John K. es el hombre al que mejor le salen las multitudes), porque ojo que nosotros los dibujantes tenemos criterio en serio, no como esos tontos que escriben palabritas.
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