jueves, 1 de febrero de 2007

¡Pasamiento compulsivo de peine fino: desgarrador testimonio!





Una vez más, Sergio L. (41) se quiebra. A lo largo de esta entrevista ha hablado de su .problemita. de la forma más objetiva posible, pero no pasan siete minutos de monólogo sin que estalle en llanto mechado con hipos y moqueos, tal es la mochila que carga sobre sus espaldas. Y es que Sergio, y productor televisivo, chef en sus ratos libres y por obre todo padre de familia, es un pasador compulsivo de peine fino para piojos.


Todos los días, cientos de miles de padres de familia, antes de enviar a sus hijos a la colonia, se toman el trabajo de despiojar a sus retoÑos. El peine fino recorre las cabezas de sus descendientes, atrapando entre sus implacables dientes plateados a estos diabólicos vampiros microscópicos. Pero esta amorosa tarea no es gratuita. O sea, sí es gratuita, no es que le cobren el .trabajito. a sus hijos. Pero tiene consecuencias.


.Empecé a anotar cada piojo, cada liendre, o incluso cada pelusita con forma sospechosa atrapado por el peine como un triunfo personal. Incluso empecé a llevar una listita de los piojos que había capturado., dice Sergio, entre hipo e hipo. Y luego estalla de nuevo en llanto. Veinticinco minutos después, retoma: .Luego de encontrarlos, los remataba con la uÑa y me sentía orgulloso de mi dedicación paterna, pero también de mi habilidad para la caza de estas inmundas alimaÑas..


Sergio cuenta cómo a veces se le pasaba la hora de llevar a Lorena (8) y Damián (4) a la colonia, porque se quedaba, a veces infructuosamente, buscando más piojos. .No podía creer que se los hubiera sacado todos. Y hasta sentía, tengo que decirlo.. Sergio suspira, tomando coraje, para no estallar en llanto. .Sentía algo de desilusión.. Y estalla en llanto. (Y van.)


.Es un Síndrome o Sindrome (estoy terminando un posgrado para saber cómo se pronuncia correctamente) muy común. Exactamente el mismo que sufrieron poblaciones enteras durante la Fiebre del Oro en Norteamérica o durante los saqueos del 2000 en Argentina., dice el Lic. Robayna (54), jefe del Departamento de Psicopatologías Incurables de la Clínica San Carmelo. .El afectado empieza con una actividad totalmente normal, que tiene que ver con la salud, o la supervivencia, o conseguirse un equipo de aire acondicionado gratarola; luego, el significado del objeto pasa, por desplazamiento, a la tarea misma, y se encuentra siguiendo cacería por la cacería misma.. Francisca Vacca (48), jefa de Cátedra de Antropología de la Universidad de Las Palmas, -y que en realidad está en lo del Lic. Robayna de visita, pero aprovecha para opinar -, agrega: .También es un resabio atávico de cuando los hombres primitivos se acicalaban y cada tanto se mandaban un piojete, recuperando las proteínas perdidas por la invasión de alimaÑas. También puede ser un tema de hambre.. .No., le discute el Lic. Robayna, y se trenzan en una árida discusión académica.


Sergio se enjuga los ojos, algo indignado (escuchó todo, en realidad estamos todos juntos en lo del Lic. Robayna, nos invitó a comer un cochinillo y este cronista aprovechó para hacer una nota de interés humano), que él jamás .se mandó. un piojo y que su intención fue siempre el cuidado del cráneo de sus pequeÑuelos.


¿Entonces por qué la compra de esa media docena de pelucas y su posterior infestación para dedicarle horarios cada vez más crecientes al peine fino en estos objetos inanimado?. Sergio estalla en llanto nuevamente, y este cronista recibe la mirada dura de los invitados del Lic. Robayna (estaban por servir el helado). .Lo hice para mantener mi compulsión en un ambiente controlado. ¡Controlado!!!., se justifica Sergio, poco antes de lanzarse a reir como un loco. .Por lo menos ahora parece que está más contento., opina el Ing. Ramón Artaza (53), jefe del departamento de Control de Calidad de Luxor S.A., y que no sabe mucho del tema (pero es amigo de la infancia del Lic. Robayna y no podía faltar a la mesa).


.Nadie me entiende., prosigue Sergio. .La sensación de encontrar un piojo, a veces tres de un saque, ver su rostro de sorpresa, de fingida inocencia, como diciendo .pero si yo no hice nada!. para luego escuchar sus alaridos .porque si prestás atención se escuchan los alaridos .al ser partidos en dos, mientras les grito .andá a chuparle la sangre a Satanás, hijo de puta!. es embriagadora. Y además estoy haciendo justicia! Justicia! ¡Justicia!.. .Mejor andate a tu casa, querido.., explica el Lic. Robayna, mientras la mujer de Sergio lo ayuda a levantarse, sosteniéndolo del brazo izquierdo.


Y mientras se aleja, este cronista reflexiona sobre los retorcidos cminos del amor parental y en un aparte le pregunta al Lic. Robayna si se puede quedar para el helado, porque en realidad vino con Sergio y capaz que queda medio desubicado, pero la crema americana de Chumbo le puede.


De cada cuatro padres, tres son pasadores compulsivos de peine fino para piojos; no los discriminemos. Esta es una campaÑa de bien público.


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