(Crítica hipotética de una película realizada por un crítico que nunca antes había ido al cine)
Charles y Nadine son un matrimonio con un buen pasar, que habita un coqueto departamento en un acomodado barrio parisino. Todo parece perfecto en sus vidas. Pero sin embargo, la aparición de una vieja deuda del pasado en la vida de Nadine comenzará a resquebrajar las hipócritas bases en que se basa su acuerdo.
Así comienza .Normandie., la nueva película de Sacha Montmartre, el autor .según este papelito que tengo acá, porque yo nunca había ido al cine .de otras joyas de la cinematografía como .La Pileta. y .Tres malentendidos.. En esta película, sin embargo, el director da un traspié tras otro. Las incoherencias se suceden y el espectador se ve confundido por una serie de torpeza narrativas sin solución de continuidad.
Por ejemplo, la escena en la que Charles decide ir al dentista se ve bruscamente interrumpida por su presencia en el consultorio del facultativo. ¿Cómo llegó allí? ¿Se teletransportó? ¿Automáticamente, y sin avisar? Yo tengo que pedir turno dos semanas antes para ver a mi odontólogo. Además, en ningún momento se nos muestra cuando sale de su casa, ni cuando llama al taxi, ni cuando le indica la dirección ni cuando le paga ni cuando el taxista le entrega el cambio y toca el timbre y se sube al ascensor hasta el consultorio. ¿Se habrá perdido toda esa escena en la sala de edición (es una ironía)?
En otra escena, Nadine recuerda un episodio de su infancia en Las Ardennes, y de pronto la pelìla pasa a ocurrir en las Ardennes, y Nadine se convierte en ella misma pero a los ocho aÑos. ¿Qué pasó? ¿Nadine tiene una máquina del tiempo? ¿Acaso algún accidente cuántico, un pliegue en el espacio – tiempo ha regresado el tiempo atrás? Si es así, ¿por qué no se nos muestra este accidente y no se nos explica la causa? ¿Y por qué, minutos después, la acción vuelve al presente? ¿No es abusar de la credibilidad del espectador que ocurran dos accidentes espacio . temporales en menos de diez minutos?
Y hablando de abuso, el director Montmartre parece haberse tomado algún tipo de alucinógeno antes de filmar la película, porque sus personajes sufren toda clase de transformaciones anatómicas: En la escena del bar, Charles está de cuerpo entero, frente a Nadine. Inmediatamente, sin mediar explicación, Charles se transforma en un monstruo macrocefálico cuya cabeza ocupa todo el campo visual del espectador. Luego, es Nadine quien sufre esta transformación (y no me cierra la explicación de un colega, que tampoco había ido nunca al cine, de que tal vez tomaron un elixir mágico que les produce estas horrendas mutaciones. Si es así, ¿por qué no se nos muestra el momento en que compran los ingredientes para el elixir y luego lo preparan y luego lo beben?). Luego se los vuelve a ver más pequeÑos, pero hasta la cintura. Sin piernas. ¿Acaso sufrieron un accidente ferroviario? ¿En qué momento, si están en un bar? Ni siquiera se nos da a entender el accidente mediante algún efecto de sonido.
Estas mutaciones y accidentes ferroviarios se repiten a lo largo de toda la película y son sufridas por todos los personajes. ¿Acaso pretende el director Montmarte hacernos creer que las epidemias de mutaciones y accidentes ferroviarios imperceptibles son frecuentes en su país (es otra ironía)?
A estas incoherencias flagrantes se suman otras que el director parece haber incluído sin ningún tipo de freno ni criterio, en una especie de .pout-pourri. sesentista de experimentación estética sin sentido. Por ejemplo, cuando Charles es abandonado por Nadine, se escucha en el aire una música muy triste (???), sin que nos muestren el momento en que Charles se dirige hasta el equipo de sonido o ponga el disco con música triste y busque el tema (aunque podríamos aceptar que la música triste estuviera en el primer track, pero resulta un poco forzado); en todo momento aparecen unas misteriosas letras blancas en la parte inferior de los personajes, que .casualmente. forman las palabras que los personajes dicen, pero en castellano. ¡¿Por qué?! En ningún momento se nos explica que un científico haya inventado una máquina holográfica que proyecte palabras en idioma castellano en la parte inferior de las personas, ni el momento en que este científico construye la máquina ni cuando estudia holografía y tipografía y cursillos de castellano en la universidad. Su motivación, además, permanece en el misterio (¿se tratará de un activista hispanoamericano?).
Por último, no sabemos si se trata de un simbolismo representando la condición de prisioneros de su sistema de vida de Charles y Nadine, pero todo transcurre en un rectángulo acotado, ubicado en la parte de adelante del cine, que no deja ver el resto del mundo en el que transcurre la acción (aunque es probable que esta decisiòstética fuera tomada para ahorrar costos).
Por fin, la película finaliza abruptamente (cuando Nadine y Charles deciden empezar juntos de nuevo, en Córcega), a la hora y media, como si la vida de estas personas durara una hora y media, sin aclararnos que tal vez sufren de envejecimiento prematuro ni mostrarnos cuando fallecen ni justificar por qué justo justo dos personas con Síndrome Matusalénico han contraído matrimonio (que es, una vez más, abusar de nuestra suspensión de la incredulidad). El colmo de la incoherencia es el epílogo, unas letritas blancas que suben con fondo negro, suponemos que otra trapisonda del científico que proyecta esas letras en la parte de abajo durante el resto de la película (pero no te lo explican).
En resumen, esto de ser crítico cinematográfico no ha sido una buena experiencia, así que volveré a mi primer amor: la crítica teatral, género un poco más coherente, salvo porque la casa de los personajes siempre tiene una pared menos y nadie te explique que justo justo, siempre, están haciendo una reforma arquitectónica, pero salvo por eso está mejor.
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