(Gana el FU y Malvín decide abandonar la persecución y agarrar por otro túnel)
Una corazonada me decía que estaba perdiendo el tiempo. ¿Quién sabe si en este momento la Wanda no estaba corriendo peligro?
¡De un bolsazo, golpeé la palanca que empalma los rieles (que acá en Uruguay se llama así, .palanca que empalma los rieles., porque nos gusta decir las cosas directamente, sin vueltas) y el Gusano Loco se desvió hacia una vía que se abría al túnel de la derecha!
La emoción me embargó completamente: Era un túnel que homenajeaba a los Próceres de la .Uruguayidad.: ¡Nada menos que mis muchachos, los vencedores de la Batalla de la Casa Rosada y Conquistadores del Gasómetro: Washington, Winston, Wilson Walter, Illya, Winston Washington, Washington Winston Winston Washington II, Wilson Washington (¡mi querida Wanda!), Winston Winston y Walter Washington (a quien le decíamos W.W.)! Las figuras animatrónicas me saludaban sonrientes, y los ojos se me enllnaron de lágrimas; lo único que me llamó la atención fue la figura del Winston Winston, el loco del grupo, que muriera en el estallido del Gasómetro, y que estaba reproducido con descarnado realismo, con quemaduras múltiples y todo.
¡Entonces, el Winston Winston saltó sobre mí!
-¿Me extraÑaba, Sargento? .dijo el loco, que mientras me estrangulaba con la fuerza sobrehumana de los lunáticos, me explicaba brevemente que había logrado saltar del gasómetro pocos segundos antes del estallido, pero que igual había sido horriblemente desfigurado por el fuego de la explosión, así que mientras la civilización era reconstruida, decidió ocultarse del mundo como un monstruo odiado y maldito, hasta que se enteró del .Túnel Homenaje. de la papelera; .Allí, entre muÑecos animatrónicos, nadie me perturbará., había pensado, hasta que me vio pasar y se le ocurrió que era un buen momento para asesinarme en venganza por haberlo convertido en una gárgola viviente.
-Y acá estamos, Sargento. .agregó mientras su pulgar se hundía otro centímetro en mi tráquea.
-¡Cortala, bo! .grité con lo que me quedaba de voz – ¡Sé hombre y aceptá tu destino!
-Tiene razón, Sargento .dijo, soltándome al instante. Acto seguido abrió su mochila y se puso a preparar unos mates. Esto es lo bueno del loco: es completamente imprevisible.
Mientras viajábamos a 200 km/h en dirección incierta sobre un Gusano Loco sin control, el Winston Winston preparó lo que necesitaba, un mate a la .manera uruguaya.: Primero, dispuso la yerba en forma de estrella de seis puntas .con un molde para galletitas; a continuación, alternó entre el espacio que quedaba entre las puntas y el borde del mate, la colocación de azúcar, dejando un espacio con azúcar y otro sin (de modo de conseguir un combinado .dulce-amargo.); luego, hirvió el agua, la tiró y la volvió a hervir tres veces, para luego enfriarla con nitrógeno líquido, y arrojó un chorrito de agua desde veinticinco centímetros de distancia, socavando un hueco en la yerba, también en forma de estrella, pero más pequeÑa, en el centro de la estrella grande. En fin, un mate como debe prepararse, y no esa agua de la zanja tibia que toman los .argentis..
Entre mate y mate y mate (el .modo uruguayo. requiere que la ronda sea en números impares, por lo cual cada dos mates debíamos cebar uno y luego tirarlo al piso), puse al día al loco acerca de mis problemas, que inmediatamente se puso a mi disposición: me dijo que conocía los túneles como la palma de su mano.
-¿Entonces nos podés conducir al Salón de Usos Múltiples, bo, donde está la Wanda? .grité galvanizado por la alegría.
-Me encantaría, Sargento; pero este túnel se termina ahora. ¡Estamos por chocar en unos veinte segundos!
El loco tenía razón: ¡enfrente nuestro se alzaba un enorme paredón! Si no lo destruíamos moriríamos apalsatados. Entonces lancé mi bolsa, llena de frascos con líquido de papelera con todas mis fuerzas!
En los cinco segundos que duró la trayectoria de la bolsa, sólo puede pensar en a Wanda. Wanda, Wanda.
Si estuvieras acá, Malvín, te contaría que la Evangelina está completamente sacada. Al parecer, un desconocido estuvo haciendo destrozos en el centro de amalgamiento de .pasta base.. Se acerca a mí, dispuesta a cumplir su promesa.
-Vení, che, boludo, piba, no te voy a meter un balasho en la cabeza, no te voy a .dice, apuntado la ametralladora contra mi frente y diciendo una cosa por otra, como adoran hacer los argentis. Siento el frío del metal contra mi piel, dispuesta a morir como una buena soldado.
Y entonces se escucha una explosión que hace temblar todo el edificio. La Evangelina cae al piso, y me lanzo sobre ella para quitarle el arma. Lucho con todas mis fuerzas, pero entonces, a traición, alguien me golpea la cabeza. La Evangelina se para.
-¡Con vó, che, boludo, vamo a hablar despué .me amenaza, furiosa, y luego se aleja para hablar con los lugartenientes. Miro al argenti que me golpeó .sólo un argenti puede actuar con tanta bajeza .y por poco se me cae la mandíbula: el traicionero era mi compaÑero Washington Obdulio, del departamento de Marketing!
-¡Vas a hacer que nos maten a todos, bo! .me dice el muy cobarde.
¿Por qué no hay un verdadero hombre en este salón? ¿Dónde estás, Malvín, Malvín?
Cuando se disipó el humo de la explosión, y logré salir de los restos retorcidos del Gusano Loco, que luego de atravesar el boquete cayó desde unos diez metros de altura hasta nuestro destino actual, creí que estaba soÑando: Estaba en una paradisíaca playa de Punta del Diablo, la aldea de pescadores más bonita de todo el planeta.
Pero recordé a Washington Winston Pocitos y su retorcido sentido del humor, que lo hizo acreedor al apodo del .Salvador Dalí Uruguayo de la Arquitectura Negro (porque era negro).: en realidad, lo que parecía arena no era otra cosa que papel picado, uno de los productos Premium al que está destinada la papelera; el escenario funcionaba como testeo de la blandura y ligereza del confeti, necesarios para adornar el carnaval montevideano.
-¡Mire, Sargento! .dijo el loco Winston Winston -¡El mar! ¡Vamos a darnos un chapuzón!
Lo detuve. No era el mar. Era otro piletón de “líquido de papelera”, tematizado como “mar”. Empecé a preocuparme; ¿de dónde sale todo este líquido? ¿Dónde se fabrica? Me llamaron tambien la atención las .nubes. que se veían en el falso cielo: no eran otra cosa que grandes bolsas llenas de papel picado fallado, aquel papel picado que, por salir demasiado grueso y tener bordes afilados -capaces de abrirle tajos a la piel más curtida, como los libros de papel ilustración nuevitos -no es capaz de cumplir con su función recreativa; las nubes funcionaban de centro de almacenaje, hasta su posterior reciclado.
-¿Cree que va a llover? .me preguntó el loco, no sé si en un rasgo de ingenuidad o de genialidad. La respuesta la dio una voz que ya conocía. Una voz escalofriante y cascada:
-¡Jemanjá y Oxún, ayúdenme! ¡Invoco a los espíritus de la lluvia! .gritó la diabólica Mama Vieja, que no sé de qué agujero infernal había salido, al tiempo que con una larga cerbatana soplaba un dardo contra una de las nubes.
¡El papel picado fallado cayó sobre nosotros, como una lluvia de millones de microscópicas estrellas shuriken, arrancándonos la piel de a jirones .en realidad, a mí, porque el Winston Winston ya estaba despellejado de antemano! El hecho de estar completamente desnudo no me ayudaba a protegerme de esta verdadera .nevada mortal., por llamarla de alguna forma.
El loco y yo empezamos a correr sin ningún tipo de disciplina, lanzando alaridos desgarradores, y salpicando de rojo la .arena. de la falsa Punta del Diablo. Era como estar bajo el ataque de abejas asesinas armadas de pequeÑas motosierras. Y lo peor estaba por venir: ¡La Mama Vieja apuntaba su cerbatana hacia el .General Artigas., como denominaba un cartelito explicativo al gigantesco nubarrón principal!
Si decides arrojarte al mar de líquido de Papelera para acabar con todo sufrimiento, vota FU
Si decides lanzarte sobre la Mama Vieja, soportando con estoicismo el ataque del papel picado mortal, para hacerle tragar su cerbatana, vota FA
Si decides ordenarle al Winston Winston que se coloque sobre ti como .paraguas humano., vota NI
(Esta historia continuará)
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