SIGUIENDO EN “MODO NAVIDEÑO”, Sé QUE EL MEJOR ESPECTáCULO DEL AÑO NO FUE ni la película aquella sin la cual el mundo hubiera seguido girando lo más tranquilo, ni la obra de teatro durante la cual me dormí una siestaza, ni el festival de rock para multimillonarios con grupos que nadie sabe cómo se llaman.
No, el mejor espectáculo del aÑo se está exhibiendo ahora en un conocido shopping suburbano, en la vidriera de una conocida casa de ropa para bebés, y consiste en unos renos autómatas representando (notoriamente beodos; uno incluso está colgado de la lámpara, y eso que es un niÑo) una cálida escena navideÑa, todo mediante un ingenioso sistema de pesos y poleas que haría la envidia del mismo Vaucanson (el creador de la oca, el flautista y el tamborilero.)
Un espectáculo conmovedor, revelador, necesario y transgresor para toda la familia (salvo los dos renos del medio, que parece que se estuvieran recriminando disimuladamente algunos malentendidos pasionales), y que será del agrado especial de los amantes de los espectáculos de seres artificiales automatizados
Y todo sin robarte más de cinco minutos. Vayan a verlo antes de que se les empiecen a romper los hilos y el vidrierista diga “aaaah, no sé, yo ya terminé mi contrato”.
Ahhh, y no compren nada en el conocido shopping ni en la conocida casa de ropa para bebés, a ver si creen que estoy haciendo publicidad encubierta.
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