Escribe el Dr. Tranca
Premio Nobel de Facto de la Medicina Ilegal
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Como profesional de la Medicina ya me he manifestado en contra de que los varones heterosexuales adultos miren telenovelas, a menos que contengan persecuciones de coches, en cuyo caso ya no vendrían a ser .telenovelas. así que tranca y délen para adelante. Principalmente porque el exceso de situacones de besitos o escenas de celos producirían en el organismo una serie de perturbaciones a determinar, pero principalmente porque me da bastante bronca.
Y cuando me da bronca me pongo violento. Y cuando me pongo violento me voy a algún bar de mala muerte a desquitarme con un sujeto mal entrazado, pero desgraciadamente cada vez quedan menos bares de mala muerte; La última vez que entré en uno me preguntaron si quería cilantro en mi ginebra o acompaÑarla con un tiramisú y ahí se armó el tole-tole.
Este lamentable fenómeno .el de los varones mirando telenovelas; ya hablaremos del cilantro en otra ocasión .había tenido como principal representante aquella cosa llamada .Resistiré.. En fin. Echemos un manto de piedad. Lamentable, pero viéndolo como excepción, como fenómeno monstruoso, como caso para .Créase o no., uno podía aceptarlo. Por suerte tuvo su finalización .y según entiendo, terminaba con una especie de explosión, así que el maricastaÑuelismo de la cosa lindaba con lo aceptable .y escuchar a un papanatas barbudo decir .bueno, me voy porque empieza la novela. se convirtió en cosa de un pasado triste, pero pasado al fin.
Pero ahora los hombres bien bien bien pero bin hombres tenemos que soportar un contraataque. Y ya se escuchan las voces aflautadas de nuestros congéneres de voluntad débil y tutús rosados escondidos en el fondo del placard preguntando qué pasó en el capítulo de ayer de .Montecristo..
Las diferencias con su fuente de inspiración original son notables. En la novela .El Conde de Montecristo., el protagonista escapaba de la cárcel con la ayuda de un Hombre de Dios, otro prisionero, con quien se comunicaba luego de mover una enorme piedra sucia y llena de moho maloliente de su calabozo.
Ahí está. Ves. Los hombres de verdad hacen eso. Mueven grandes pesos inertes. ¿Acaso mueve un gran peso inerte, forzándolo con sus uÑas chatas y sangrantes, gimiendo y sufriendo pequeÑos ataques al corazón el protagonista de la moderna versión?
Personalmente no tengo idea porque no la vi, por una cuestión de principios. Pero no creo. Se ven muy pocos personajes moviendo pesos inertes en la televisión actual. Y todo bien con Echarri, pero no lo veo moviendo grandes pesos inertes. En realidad no lo veo haciendo nada, porque no lo veo (lo vuelvo a aclarar por las dudas). Sólo lo he visto (de casualidad) en las tapas de las revistas y siempre está recostado como esperando que le hagan la manicura.
Y aparte no está todo bien, porque por segunda vez en menos de dos aÑos se ha puesto a engendrar psicológicamente esta oleada de Maricarmencitas de la Divina Prosternación corriendo a sus casa,s salticando para encender su tele luego de plumerear la pantalla durante diez minutos, no sea cosa que se pierdan alguna escena de celos y duda amorosa entre Juanjo y Juanja o como se llamen los mamertos del fiasco en cuestión.
Yo quiero saber si Echarri es consciente de lo que está haciendo. La primera vez puede haber sido un accidente. Esta vez ya es saÑa. Cuidado, Echarri. Te estoy mirando (metafóricamente, porque, no sé si hace falta decirlo, la novela no la vi).
Tranca y pongan .Brigada A. que seguro en DVD se consigue.
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