miércoles, 3 de mayo de 2006

MúSICA ONLINE: ¿ES LA RAZóN DE SU éXITO SU BAJO PRECIO O QUE LAS CAJITAS DE CD SON UNA PORQUERíA INMUNDA?





De nada servirá que nos hagan la pantomima de lucha corporativa entre Steve Jobs y los capitanes de la industria discográfica; de nada servirá que nos PUDRAN EL CEREBRO con artículos y propaganda sobre modernos sistemas de compilación de música, de Ipods, de micropagos virtuales, de canciones compradas por kilo o docena, de especulaciones futuristas sobre la muerte del “midia” (porque se dice así: “midia”), es decir, CDs, DVDs, casetes, long plays, simples, plastidiscos, magasines o cilindros de cera, colocados en fila para morir ante el avance lento – no tanto, en realidad – pero seguro de la acumulación de data en un único, universal y definitivo disco rígido.


Nosotros, los que vemos más allá de nuestras narices, digamos dos metros más allá, en ese estante o mesita donde nuestros disquitos comprados y grabados en la última década y media se apilan y tambalean peligrosamente, percibimos sin demasiado esfuerzo – alcanza con tener ojos – que esta decadencia ha sido craneada y planificada cuidadosamente por los mercachifles tecnológicos desde el inicio, y producida maquiavélicamente en alianza con los fabricantes de la verdadera, despiadada asesina: la cajita de acrílico de CDs.


A los poseedores de discos, a los patéticos dinosaurios que aún poseemos discos (y por supuesto al decir “disco” estoy queriendo decir “CD”) nos rodea la zozobra. Nuestra discoteca, más que un pequeÑo reducto de cultura, se parece a una villa miseria, o por lo menos a un barrio abandonado por el Municipio; El CD podrá estar más o menos rayado, manchado o impreso de huellas digitales, pero las cajitas están, en un 90 %, cascadas, sus rincones hechos trizas, rajaduras dignas de una vendetta siciliana cruzándolas en diagonal, la tapa completamente separada de la base, en algunos casos reconstruidas frankensteinianamente con la base de uno y la tapa de otro, en muchos casos compuestas sólo de base, y el disco, desnudo e indefenso, agarrado lastimeramente de la estrella central, a la que tal vez sólo quedan dos puntas; en otros casos, la tapa sola, y completamente inútil, yace semioculta entre el resto de la colección, con la esperanza de encontrar su base correspondiente y sobrevivir unas semanas más.


¿Quién fue el DISEÑADOR INDUSTRIAL DEGENERADO Y CORRUPTO que decidió que la mejor música del mundo, la nuestra, debía ser almacenada en una cajita hecha de un material más duro que la cartulina – como para que se quiebre – y más blando que el Adamantium – como para que no resista?


Una caja hecha de dos partes sostenidas entre sí por unas miserables ranuras quebradizas y ruines; una caja que NUNCA fue muy sencilla de abrir – como para que le tengamos bronca, y que, cuando ya estaba DEMASIADO MAL HECHA, aprisionaba nuestro CD a dentelladas con los colmillos de su “agarrador” central, y que nos obligaba a tirar de él, doblándolo dolorosamente, hasta que lo lberaba con un chasquido de resentimiento, como diciendo “Está bien, llevátelo… De cualquier manera volverá a ser mío muy pronto… Mío… Mío!!!”


La historia del recipiente está llena de gaffes imperdonables: el sachecito de mayonesa que no se puede abrir; la cáscara del huevo, que no se puede volver a cerrar; la alcancía; el bolsillo, que se rompe a la tercera vez que guardás las llaves; la bolsa de nylon del súper, que se multiplica por veinte aunque tengas que llevar sólo diez cosas; la antestética riÑonera.


Pero ninguno de estos reservorios está destinado a algo tan noble, tan etéreo, elevador y frágil como la Música. Ella tenía un habitáculo más noble en el sobre de cartulina del long play; Algunas editoras han intentado reproducir este sistema, pero no han logrado imponerlo a escala y yacen en la categoría de “curiosidades bonitas para melómanos de Palermo con camperita Adidas”, dicho con todo respeto.


Entonces, ¿a quién quieren hacer creer que NO FUE A PROPóSITO? ¿Cómo comernos que NO ESTABA PLANIFICADO? ¿Cómo dudar, vista la torpeza y engorro de su confección, de que la p**a cajita no ha sido pergeÑada, mal y pronto y desde el mismo génesis de la música digital, sólo para allanar el camino de la música online, que no satisface ningún tipo de fetichismo, que no trae fotitos ni letras ni se puede contemplar con ansiedad en el colectivo deseando llegar a casa para poner el track 1 y el 3, pero tiene la ENORME, MONSTRUOSA, MEGALíTICA VENTAJA de NO VENIR EN CAJITA DE CD?


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