lunes, 23 de febrero de 2009

¡Webloguero revela que ahora es más hombre!





El camarada Marcelo Lacanna dijo alguna vez que podía decir que se había convertido en un hombre, ya que se había comprado un taladro eléctrico.


Coincidí con él en su momento más que nada porque yo ya tenía un taladro eléctrico, pero actualmente me pérmito a ponerlo en duda. No jodamos, ¿para qué sirve un taladro? Para hacer agujeros donde colocar estanterías. Estanterías para libros, o papeles, o tacitas de porcelana o adornitos o animalitos de cristal de Murano. Es decir, objetivos no muy muy muy masculinos (salvo que los libros sean sobre la Segunda Guerra Mundial o de fotos de minas en pelota, o que los animalitos de cristal sean animales masculinos, como el elefante, el bisonte o la tortuga). Si las estanterías se utilizaran para guardar más herramientas o trozos de motor, o bolsas de cemento o o piedras, ahí no te digo que no. Pero este tipo de elementos suelen ponerse cerca del piso, para evitar accidentes y roturas de cráneos.


No quiero con esto menospreciar el taladro: Después de todo su uso requiere el manejo de cosas peligrosas, como la electricidad, hay que agarrarlo con ambas manos, te vibra, te ensuciás con polvo de ladrillo, da vueltas y si ponés una parte de carne en el camino te podés lastimar, así que tiene bastantes .cosas. de hombre. Pero estaríamos ante un nivel de masculinidad mínimo. Está casi casi cerca de la costura (que también es peligroso; te podés pinchar un ojo, por ejemplo enhebrando una aguja al revés).


Y puedo hablar de esto con cierta autoridad porque durante mis vacaciones no sólo recorrí la parte sur de nuestra Mesopotamia y viví aventuras sobrenaturales como Scooby Doo .con la ayuda de otra herramienta masculina y peligrosa: el Taunus-, sino que me dediqué a algunas tareas de la casa: una de ellas requirió el uso de una moladora.


O sea, no un taladrito que lo puede usar cualquier estudiante de Filosofía recién recibido para pomer sus libritos de Foucaultcito, no, querido, una MO-LA-DO-RA, entendés. Un instrumento como el que podría usar un asesino serial. Una de esas cosas que no la .tenés. (se .tienen. una escoba o un destornillador o un alicate, pero, ¡quién tiene una moladora? Seamos francos), la tenés que comprar, y si tenés un mínimo de sentido común no la comprás (porque, ¿cuántas veces vas a usar una moladora?), sino que se le .pide prestada al vecino., si es que tienen la suerte de vivir en un barrio donde los vecinos hacen cosas de hombre y tienen trabajos de esos de .hacer cosas., no de ver cosas en Youtube.


El objetivo no podía ser más noble y varonil: quitar unas chapas oxidadas y filosas que recubrían la parte de adentro de la parrilla que tengo en la terraza .que lleva unos quince aÑos sin utilizarse- y que .lo he intentado- no salen simplemente con la ayuda de un martillo y una espátula. O sea, un trabajo de hombre, molar, con el objeto de realizar otro trabajo de hombre, asar un animal con la ayuda de fuego. Por supuesto, tomé unas medidas de protección, las antiparras de natación de mi primogénito, una remera cubriéndome la cara a modo de paÑoleta, una camisa de manga larga para protegerme los brazos y una capelina de mis seÑora esposa para cubrirme los orificios de los oídos. Guantes no, porque no soy Rita Haywort, faltaría más. Luego de unas discusiones sobre si me parecía más al Hombre Invisible o a The Shadow, subí a la terraza, a trabajar bajo el despiadado solazo porteÑo.


¿Alguno de ustedes usó una moladora una PUTA vez en su vida? No, qué van a usar. Yo calculo que después de palpar el ternerito adentro de la vaquita embarazada o trabajar en una mina a cielo abierto debe ser una de las cosas más desagradables que hay. No es sólo que estás trabajando tratando de romper una cosa dura, que a su vez se resiste a hacerlo. No es sólo que hace un ruido horrible, hace calor, tenés un aspecto muy ridículo y te sentís solo y desgraciado. La moladora te tira chispas en la cara. No tengo idea de para qué se las ponen (a las chispas), la cosa es que cuando trabaja, siente la necesidad de sacárselas de adentro; debe ser que a la moladora le duele y, como la moladora no sabe hablar y por lo tanto no puede decir malas palabras, en vez, tira chispas. Y aparte, a pesar de su primitivismo, tiene muy claro quién es el responsable de su desgracia y te las tira a la cara, tratando de hacerte el mayor daÑo posible.


Así debían sentirse los capitanes de barco del siglo XV, cuando contrataban para su tripulación a los peores elementos de la sociedad, a los criminales fugados, desheredados, marineros echados de la Armada EspaÑola por borrachines y otras gentes peligrosas, a las que debían obligar a trabajar mientras éstas meditaban cuál era el mejor momento para organizar un motín y una degollina. ¡Y debían ser avaros con las horas de descanso y generosos con el látigo si pretendían mantener el rumbo de la expedición!


Bueno, así es usar una moladora: hacer trabajar a alguien que, mientras trabaja, busca lastimarte o dejarte ciego. Y no hay forma de evitarlo: No se puede .molar. sin chispazos en la cara ni esquirlas de metal que se te van clavando en los trozos de carne desnuda. No existe, y no hay posibilidad de que exista, el molamiento agradable. No, es una cosa sufrida por DE-FI-NI-CIóN.


Por supuesto, el trabajo quedó por la mitad (en el sentido amplio de la palabra .mitad.), básicamente porque se me gastó el disco de nanotubo de carbono que había comprado y no tan básicamente porque tardé como dos horas en terminar la octava arte del trabajo y me pudrí. Pero, habiendo utilizado la moladora y sufrido sus tiros y flechazos, siento que, si usar un taladro te hace hombre, yo soy ahora algo así como un hombre y un tercio. En base a esta halagadora conclusión, me tomé la molestia de elaborar, con la ayuda de Tranca, un breve ranking de masculinidad de las herramientas:


Taladro: Nivel Mínimo de Masculinidad. Fuerza minúsucula, DaÑo de Agujero en la pared. Peligro de perforación de la carne. Objetivos de neutrales a femeninos, como bibliotecas o estanterías de la cocina. Arquitectos, DiseÑadores de cosas y Enmarcadores.


Caladora: Nivel medio de masculinidad. Fuerza minúscula. DaÑo de Cortadura de Maderas. Peligro de corte de miembros. Objetivos de masculinos a femeninos, como corte de tablas para tapiar paredes o remodelación de muebles. Carpinteros, Obreros y Decoradores.


Moladora: Nivel Avanzado de Masculinidad. Fuerza media. DaÑo de coradura de chapas, metales, mármoles y rayadura de todo el entorno cercano. Peligro de corte de miembros, cabeza, destripamiento, ceguera y eventualmente muerte. Objetivos masculinos, como refacción de parrillas, desmantelación de automóviles o enrejados o corte de fierros para construir armas blancas. Herreros, Colocadores de piedras pesadas, Constructores y Desguazadores de Autos.


Motosierra: Nivel Superior de Masculinidad. Fuerza de media a grande. DaÑo de talamiento de bosques o personas. Peligro de descuartizamiento. Objetivos masculinos como construir una cabaÑa en el bosque, trabajar de mercenario de una multinacional que necesita acabar con 50 hectáreas del Amazonas o asesinar gente o deshacerse de cadáveres asesinados por terceros. LeÑadores, ErmitaÑos y Asesinos Seriales.


Taladro Pneumático: Nivel Profesional de Masculinidad. Fuerza grande. DaÑo de rompimiento de calles y veredas y molestamiento de los vecinos. Peligro de convertir el propio pie en una pulpa o el de atravesar a un compaÑero en un mal día. Objetivos masculinos como arreglar una calle para que pasen autos o buscar un peligroso escape de gas. Obreros de la Construcción, Personal de CompaÑías de Gas o Electricidad o Agua y Mineros.


Bulldozer: Nivel Máximo de Masculinidad. Fuerza mínima, pero grande de Espíritu. DaÑo de derribamiento de inmuebles o personas. Peligro de que se te caiga una pared encima o matar familias enteras. Objetivos de Sobremasculinidad, como demoler casas, dejar gente en la calle, provocar .bajas no deseadas. entre personas con problemas habitacionales o entrar en la lujosa mansión del narcotraficante (en el final de la película). Operarios de compaÑías de demolición, Mercenarios del gobierno israelí o de la Municipalidad de Buenos Aires y Detectives renegados de películas de los 80.


Grúa con Bola de Demolicón: Doctorado en Masculinidad. Fuerza mínima multiplicada con la ayuda de la mecánica y la Impiedad de un Halcón. DaÑo de destrucción de Monoblocks enteros. Peligro de un poco de polvo que se te mete en los ojos y eventuales cargos de conciencia porque se descubrió que allí vivía un linyera. Objetivos de Hipermasculinidad, como la destrucción de varias hectáreas y miles de metros de altura de cemento y hormigón. Operarios de compaÑías de demolición, Millonarios superpoderosos y excéntricos y Psicópatas que pasaron por ahí, vieron la grúa con las llaves puestas y, en fin, no podían dejar pasar esta oportunidad.


Taladro para construir el Túnel bajo el Canal de la Mancha: Summa Cum Laude de Maculinidad: Fuerza de cientos de Hombres mancomunados en un Objetivo Común. DaÑo de que se te caiga un perno de la máquina ésta en el pie o de quedar atrapado en el Centro de la Tierra. Objetivos de Supermasculinidad freudiana, como penetrar a la Madre Tierra con una Máquina de miles de metros de ancho y largo, tan enorme que debe construirse dentro del agujero porque si no no entra. Ingenieros Dementes, Operarios elegidos entre lo más Torcido y Desesperado del gremio y Capataces con deseos de Desafiar sus Límites.


Colisionador de Hadrones Grande: Teratomasculinidad, o .Masculinidad-Monstruo.. Fuerza Cuántica. DaÑo de romper hadrones, o dejarlos medio aturdidos. Peligro de crear un agujero negro y destruir la galaxia. Objetivos de masculinidad metafísica, como desafiar al Creador utilizando una máquina impía. Científicos locos, Físicos sin fe ni Ley que desean testear los límites de la resistencia de nuestro Universo y Sacerdotes alcohólicos que han perdido la Fe luego de luchar con vampiros y ser derrotados, y ahora asesoran a los capangas por un puÑado de billetes.


Post original

No hay comentarios.:

Publicar un comentario