miércoles, 18 de febrero de 2009

¡El País Submarino: La madre de todas las tormentas!





paissub.JPGMartes 10 de febrero pero del aÑo 2011, 15:06 hs. El Palmar.

Dos aÑos han pasado ya desde que me encuentro atrapado en este Infierno de Adicción y Palmeras. No sé qué será de mi familia, ni mi hogar, ni mi trabajo .el denserio, el de ocho horas- ni mi blog, al que por supuesto no puedo acceder desde que canjeé mi Nintendo con Wi-Fi inalámbrica con cable por las falsas promesas de felicidad del licor de yatay. Ni siquiera puedo escribir mis impresiones en ningún tipo de máquina; sólo me queda esperar el Milagro, el Milagro que permita que esto sea transfromado de algún misterioso modo al formato .escritura., y luego subido .inexplicablemente, como por arte de magia- a mi weblog, y, si el Prodigio es completo, publicado dos aÑos atrás. Pero sé que eso es completamente imposible.


Mis días pasan en la total degradación, entre jornadas agotadoras plantando yatays y trabajando en la vieja .calera. (una calera colonial que antaÑo formaba parte de una simpática excursión de la ciudad, pero que ahora funciona gracias al sudor y la sangre de miles de esclavos palmarenses, entre ellos yo), labores que me pagan los encargados de la Proveeduría con botellas del preciado licor, y tardes en estado de delirio y ensoÑación producidas por el maligno elixir. Conservo una suerte de relación de amistad/ fidelidad/ rivalidad/ mutualismo con mi sirviente Ibn, gracias a la cual intentamos compartir las botellas de licor y mantener los espantosos efectos del .mono. de yatay .que se manifiestan a los cinco minutos de dejar de tomarlo- en un nivel apenas por debajo de lo aceptable, lo que ya está bien; eso, por supuesto, cuando no nos trenzamos a golpes y mordiscones por el .culito. de licor que queda en la botella. Pero esta sociedad nos es útil a la hora de defendernos de otros adictos, que se acercan diciendo .mu du un tragu, hermanu?. (Nota: Entre las observaciones antropológicas que aún estoy en condiciones de hacer, he logrado determinar que el palmarense en particular y el entrerriano en general habla como .Ursulu., el chofer de Don Fulgencio, culminando la mayoría de las vocales finales con .u., aunque sin acento gallego. Por ejemplo, la frase de Alfred Tennyson .Hay más fe en una honrada duda, creedme, que en la mitad de las creencias. es pronunciada por el entrerriano promedio .sea hombre con cabeza de perro o desdetnado dirigente agrario- .Hay más fu en unu honradu dudu, creedmu, que en lu mitad du las creencias.)


Hoy es un día particularmente caluroso. Las noticias que se escuchan en la radio de la Proveeduría .que giran casi exclusivamente en torno al cultivo de palmeras, fertilizantes de palmeras, su reproducción, ciclo de vida y estado de los palmares del mundo entero- dan cuenta de la sequía que sufre la región desde hace meses, y de los peligros que corre la cosecha de soja .vegetal del que se habla como de una curiosidad exótica, ya que no tiene nada que ver con las palmeras.


Siento un ramalazo de nostalgia por mi vida anterior. Soja, dirigentes agrarios, cortes de ruta, lo del campo, lo del gobierno. ¡Qué tiempos aquellos, en los que yo era feliz sin saberlo! Ahora, prisionero de mis vicios, condenado a alimentarme de tanto en tanto con la correosa carne de la vizcacha, totalmente vestido en un mameluco confeccionado con cuero de lagarto overo, me siento al borde de lo inhumano, pero del lado de afuera del borde.


Sn embargo, ya no soy dueÑo de mi voluntad (como el pobre gatito del refrán). Le entrego el vale por mi día de trabajo en la calera al cretino de turno; con una mueca de desprecio, arroja una botella de medio litro a mis pies.


-¡Tomú, perru, agarrú lu botellu y desaparezú du mi vistu!


Despojado completamente de mi dignidad, me agacho a recogerla; y noto, con cierta consternación, unos hilillos marrones, como de paja, que sobresalen de la pernera del pantalón del cretino. Cruzamos miradas y el cretino, incómodamente, se oculta tras el mostrador.


Entonces salgo. El cielo está algo nublado, pero el calor es agobiante. Ya hace unos dieciocho meses que no pruebo agua, y mi organismo está adaptado a beber exclusivamente licor de yatay. De cualquier modo, siento un ardor insoportable que me inunda la garganta ante el primer sorbo, del pico. Ibn se aparece a mi lado, como por arte de magia.


-¡Hola, seÑor, me tomé la libertad de venir, seÑor, pensando que tal vez necesitaba algo! .Ibn intentaba mantener su protocolo mayordomil hasta las últimas consecuencias, pero vivía desencajado, lo que lo convertía en una caricatura- Veo que el seÑor está disfrutando de una botella de licor de yatay, eh, tal vez, seÑor, le interese saber al seÑor que yo no lo pruebo desde hoy a las 11 de la maÑana y, por supuesto, el seÑor sabe que para el cabal cumplimiento de mis tareas, eh, seÑor, necesito cierto estímulo y el seÑor no me paga desde hace tiempo, aunque ya sé que no es responsabilidad del seÑor.


No sé ni de qué tareas habla, porque jamás logré que cumpliera una orden. Ni cuando era un ser humano. Pero somos camaradad; hermanos en la desgracia, y le cedo mi botella para que le de .un beso., como se dice vulgarmente. Ibn me agradece, con obsecuencia exagerada, y trata de contenerse las ganas de beberla toda, y respira con ruido mientras traga y algunas gotas se le escapan por el costado debido a la urgencia. La imagen es de un patetismo insoportable, sobre todo proque sé que mi estado no es mejor. Es como verse en un espejo: el Espejo de la Tristeza.


Entonces me desplomo y lloro.


E Ibn llora, y lloramos juntos y no logramos entender cómo hemos llegado tan bajo. Entonces, como acompaÑando nuestros sentimientos, se escuchan truenos admonitorios. Y a los pocos segundos, estalla el peor temporal que me tocó vivir. ¡Llueve como si no hubiera un maÑana, y nos refugiamos, totalmente empapados. en el techito de la proveeduría como perros callejeros! Es, como dice Ibn, .la lluvia que estaba necesitando la soja, seÑor.. Nuestra desgracia, en suma, significa la salvación de las cosechas. Después no quieren que odie a los del campo.


Entonces me preocupa el apuro con el que Ibn corrió desde la tienda hasta mí al percibir el reflejo de mi botella de licor. .¿Cerraste bien la tienda, Ibn?., le pregunto. Ibn se me queda mirando con la expresión alucinada que toma de vez en cuando. Corremos hasta la tienda, completamente empapada por dentro y por fuera. El sobretecho también ha volado. Ahora sí, somos parias de verdad, y nos quedan dos opciones: huir del Palmar y morir de abstinencia y locura, o dormir al fresco, a merced de los lagartos overos y las palmeras nocturnas, que suelen crecer sobre la carne humana de aquellos que se descuidan.


No sé qué será de mí. ¡Sí sólo esto que ocurre fuera .milagrosamente, lo sé- leído por alguien! ¡Si pudiera compartir estas vivencias antes de morir! Por ejemplo, en el caso de que esto estuviera en Internet, y a alguien le interesara, le convidaría con una copita de licor de yatay, que llegaría a su computadora clikeando en este ícono (bueno, si de algún modo que desafía la técnica y las leyes de la lógica pudiera poner, sin acceso a internet ni nada parecido, un ícono y un licor de yatay vía web).


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