OTRA ES QUE LAS COMPAÑíAS DE SEGUROS LANCEN ALGO ASí COMO EL .Seguro Moral., o sea un seguro contra daÑos a terceros que los resarza de algún modo de las tropelías con las que destruimos sus vidas y su felicidad, y la lejana posibilidad de su felicidad.
Un ejemplo: Ayer. Tuve la peregrina idea de aprovechar mis vacaciones para llevar el Taunus a que le arreglen el coso del GNC (yo soy así, bipolar: o me voy de gira a Montecarlo y Acapulco o paso mi tiempo libre haciendo estas GRONCHADAS). Se lo dejé todo el día y, como era de esperar, el tipo no hizo nada por X motivo. Que pin, que pan, que voy y cuando saco el auto le rayo el frente a un Mazda muy canchero de otro cliente del taller (con unos fierros muy amenazadores que salen de mi auto en todas direcciones). Por supuesto, aparrrte de la molestia de pasar OTRA MAÑANA DE MIS VACACIONES encontrándome con Mr. Mazda para el intercambio de datos, la colaboración mutua se dio con caballerosidad y respeto, casi diría con alegría: ¡claro, tenemos SEGURO!
Seamos sinceros: El Seguro Contra daÑos a Terceros constituye uno de los pináculos más altos de la civilización. ¿Qué otra institución o invento procura que ante nuestras faltas hacia los demás nos sintamos no sólo obligados, sino contentos y felices de buscar una reparación, en lugar de ocultarnos bajo siete llaves, dejar de frecuentar nuestros lugares habituales o enviar a un sosías a cumplir nuestro horario en el servicio comunitario con tal de no cumplir nuestra parte en el acto de contrición? Bueno, se me ocurre otra: la .culpa judeocristiana., pero un siglo de psicoanálisis .y unos treinta aÑos de libros de autoayuda- la ha desprestigiado por completo. La diferencia es que el Seguro Contra DaÑos a Terceros le agrega cierta SATISFACCIóN MALSANA a la cosa, algo así como .bueno, es hora de que esos LADRONES del SEGURO se pongan con algo., y nuestro perjudicado, además de víctima, se convierte en cómplice, casi en un amigo de la juventud junto al que cometemos inofensivas tropelías.
¿Por qué quedarnos entonces en el ramo de los percances automovilísticos? ¿Por qué no trasladar este servicio a todos los ramos de la Maldad del Hombre? Mediante un modesto seguro, o no tal vez tan modesto, podríamos reparar todas nuestras iniquidades con entusiasmo. ¿No le dije .Buenos Días., Sr. Panadero? ¡Tome mis datos, el seguro le hará entrega de siete pesos con cincuenta! ¿Le he robado su lugar en la cola, Srta. Papamoscas? ¡Alpiste! Pero no se preocupe, mi Productor se comunicará con usted para hacerle entrega de unos veinticinco pesos en monedas de curso legal vigente por esta tropelía. ¿He robado, asesinado, violado, torturado, lanzado bombas sobre la franja de Gaza, organizado un Holocausto, reglamentado un Apartheid, derribado un gobierno democrático, adulterado leche para comedores infantiles, inventado el concepto de .Tránsito lento.? ¡Tranquis, familiares de las víctimas! ¿Tenés una birome? Anotá: El número de mi póliza es 345567.
Escucho las objeciones de los encantadores lectores. Sí, sí, las escucho antes de que las digan , porque los lectores, además de encantadores, son bastante obvios y previsibles. No se enojen. Me parece. Bueno, si se ofenden, hablen con mi aseguradora. Pero escucho sus objeciones: .¡Eso ya existe, P.! Se llama .ser un oligarca. (o ser un Kirchner o un Macri o el dueÑo de un multimedio o el gerente de una Multinacional o el Presidente de una Superpotencia, según el que sea su enemigo favorito y el medio que hayan elegido para que les LAVE EL CEREBRO)!.
Es cierto, es cierto, el poder y el dinero dan cierta impunidad; pero en estos casos, el resarcimiento de iniquidades se va en actividades ilegales como .sobornos. y .adornos. .y en otras que no son exactamente .resarcimientos., como .amenazas telefónicas. o .envío a domicilio de matones.- que lamentablemente quedan fuera del sistema, perdiendo el Estado un montón de recursos en materia de IVA, impidiendo la generación de fuentes de trabajo en la Industria del Seguro Moral, etc.
Escucho otra objeción, sí, sí, la escucho claro y fuerte cinco barra cinco como si estuvieran acá al lado: ¿acaso el resarcimiento moral espontáneo no es una actividad que existe en nuestra vida diaria? Por ejemplo, yo le pateo el bastón a una vieja, entonces la levanto y le compro unas tortitas negras, para cerrarle la boca, digo, para que se sienta bien. Vaaaale, vaaaale, pero el problema es que al estar mal organizado el resarcimiento suele venir con .multas. (por lo general impuestas por la contraparte); por ejemplo, si un hombre engaÑa a su mujer con la vecina, ésta lo engaÑará, a modo de sanción, con media docena de transeúntes, produciéndose así un daÑino .espiral inflacionario.. Esto no ocurriría si hubiera un .vademécum. de compensaciones.
Escucho oooootra objeción más del encantador y previsible .y, para qué negarlo, medio pesadito- lector: .¿Es que acaso, P., es tu creencia que todo puede medirse y compensarse económicamente? ¿Acaso puedes ponerle un precio a la Libertad y a la Vida Humana? ¿En qué te has convertido, P.?. Y yo le respondo .No, querido, qué te pensás que soy. Yo no puedo ponerle precio a la vida humana, ni a dolor de un Pueblo ni a las lágrimas de un niÑo. Eso lo haría un equipo de profesionales especializados, de psicólogos, abogados y ecónomos. Y lo pondrían en un libro actualizado aÑo a aÑo, para que no nos pongamos a discutir si, ponele, botonearte ante el jefe me sale $10 o $200..
Bueno, nada, es una idea, en todo caso lo hubieran pensado antes de pisotear la culpa judeocristiana. Ni siquiera sé para qué la expongo. Estoy de vacaciones. Chau, me voy a merendar.
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