jueves, 12 de febrero de 2009

¡El País Submarino: Breve parada en Gualeguaychú!





paissub.JPGLunes 9 de febrero, 14:30 hs. Gualeguaychú.

El Tío tuvo la gentileza de cederme a uno de sus sirvientes para resguardarme de los peligros del viaje. No puedo quejarme; se trata de uno de sus ayudas de cámara más talentosos, nada menos que Ibn, mayordomo de origen egipcio, educado en Eton durante el día y en las artes oscuras de la secta de Anubis por las noches. El resultado es un cóctel explosivo de las maneras más educadas y pensamiento mágico-religioso, combinado con la clásica ironía británica, brillantes poderes de deducción, ciertas capacidades -aún no reveladas- de sicario y una fortísima adicción al opio que lo sume de vez en cuando en ensueÑos febriles, donde grita nombres de mujeres misteriosas (y rememora violentos rituales de sacrificio).


Lamentablemente este cúmulo de talentos no parece incluir los conocimientos básicos de manejo de vehículos, por lo que debo realizar el esvfuerzo al volante yo solo. El Taunus, por cierto, parece dispuesto a romper un nuevo récord de abodriamiento, llegando a tardar unas cuatro horitas en llegar a los arrabales de Gualeguaychú (luego de surcar entre mares del llamado “oro verde”: hectáreas y hectáreas de soja, ese yuyo inmundo).


La progresista ciudad de Gualeguaychú nos recibe con la típica hospitalidad de los pueblecitos del interior, con grandes carteles que dicen “fuera Botnia”, “No Botnia” y “Andate de acá, Botnia”. No puedo sino hacer una larga reflexión acerca de lo poco bienvenido que me siento; si bien no tengo nada que ver con Botnia -y sólo una lejana conexión con la industria papelera, en mi rol de trabajador gráfico- tanto leer “Fuera Botnia”, “Fuera Botnia”, “Fuera Botnia” y se hace difícil pensar como que no te están hablando a vos. “Imaginate, Ibn”, le digo a mi acompaÑante, un poco para que vaya disfrutando de mi jugoso estilo de conversación, “vos estás llegando a un lugar, a una fiesta, ponele, y en lugar de decirte ‘hola seÑor, bienvenido’, te apebullan con carteles y pasacalles que dicen ‘Fuera Rodríguez’, ‘Váyase, Rodríguez’, ‘Rodríguez Go Home’, ¿no te sentís incómodo, aunque te llames Martínez?”.


“No entiendo”, recalca el egipcio. “No me llamo Martínez. Ni siquiera tengo un apellido de origen espaÑol”. “Ese no es el punto”, le digo, “La cosa es que no es muy hospitalario poner esos carteles en la ruta”. “No entiendo, no entiendo. Esta gente está protestando contra un hecho en particular. ¿Por qué sentirse aludido?”, me dice, levantando la ceja. “Y, qué se yo”, le rebato, a modo de argumentación. “Me parece”.


Silencio. Ibn levanta aún más la ceja, y con voz de sutil sarcasmo murmura algo así como “Imagino que esto es un ejemplo del tipo de humor alocado que cultiva el seÑor en su columna humorística. Empiezo a comprender.” Trago saliva, ligeramente molesto.


En Gualeguaychú vemos los primeros hombres con cabeza de perro (parece que era cierto), pero por ahora intentamos no entablar contacto. Algunos dirigentes agrarios juegan a la pelota en la costanera. Mientras disfrutamos de unos sámbuches de jamón, queso, matambre, mayonesa y pan lactal en el pasto confeccionados por mí (“Me temo que la cocina no es mi especialidad, seÑor”, me dice Ibn con algo de asco al ver los ingredientes; asco que desaparece abruptamente al momento de la ingesta) recorro la costa con la vista, intentando detectar manchas blancas y la silueta de la tristemente célebre papelera, que no aparece por ningún lado. Mi conclusión es tajante: La tal papelera no existe.


Ibn observa: “Es probable, seÑor, que la papelera se encuentre en las márgenes del Uruguay y no sobre el río Gualeguaychú”, para luego levantar una ceja (la otra) y exclamar: “Déjeme adivinar: otra muestra de humorismo del siglo XXI. A pesar de que mi severo rostro no revele emoción alguna, permítame informarle que por dentro estoy riendo como un colegial, seÑor.”


De pronto, encuentro que los sámbuches tienen un insoportable sabor a cartulina húmeda y decido arrojarle lo que queda del mío a un hombre con cabeza de perro que se acerca haciendo gemiditos. El viaje promete ser largo.


Botnia.jpg


Una imagen de la siniestra papelera Botnia, tomada desde la costanera gualeguaychina.


Post original

No hay comentarios.:

Publicar un comentario