Viviendo en la prehistoria de los accesorios y simuladores de las funciones humanas, hay, no obstante alguna faceta divertida dentro del luctuoso panorama de ineficiencia al que nos enfrentamos cotidianamente.
Hace poco adquirí un estúpido traductor de los que ignoran olímpicamente el contexto de lo escrito. Superada la etapa de ira, descubrí que traducir un texto de un idioma a otro en forma reiterada puede ser una fuente inagotable de sana diversión. Propongo las siguientes actividades:
1) Traductor descompuesto
Se ingresa un texto. Luego de ser traducido, se reingresa el resultado para ser traducido al idioma original. Se repite la operación varias veces, hasta que el jugador se aburre, o tiene que atender cuestiones importantes.
(Los diseÑadores gráficos ya conocían esta técnica, haciendo fotocopias de fotocopias; y en la música existe el .decimator., que muestrea el sonido repetidas veces, deteriorándolo con fines artísticos)
Variante A: Si el traductor lo permite se puede traducir de un idioma A a un idioma B; de ahí a un tercer idioma C, y luego regresar al punto de partida.
Variante B: Se puede jugar en modo manual, si los jugadores son estudiantes poco avanzados del traductorado. Cada jugador debe conocer en forma imperfecta al menos uno (1) de los dos idiomas. El primero susurra un breve texto al oído del segundo, y éste lo transmite, traducido, a un tercero, repitiéndose este proceso según la cantidad de comensales. El último revela el texto en voz alta, cuya discordancia en la comparación con el original, generará sorpresa y jocundidad. Este juego hacía furor en los bailes del Lenguas Vivas, conocido como .la torre de Babel humana. hasta que el conocido escándalo del .64 hizo que el rectorado dispusiera su veda.
2) .El transgresor iconoclasta
Se trata aquí de procesar obras célebres, cuanto más reputadas, mejor; y pasarlas por el impertinente cedazo del cibertraductor . Todos sabemos que el arte camina hacia su propia destrucción, de cuyos despojos surgirá una nueva verdad estética, amalgama de nihilismo y desdén por lo pedantesco. No hay aquí Grandes Maestros que se resistan a las fuertes mandíbulas de nuestro Tergiversador en estado sólido: Goethe, Cervantes, Shakespeare, el arcipreste de Hita, sus bustos de mármol se despedazan ya en la misma tolva de succión, como testimonio y ofrenda a un arte desacralizado. Por supuesto, luego se debe difundir el material resultante en los ámbitos más conservadores, que colapsarán en su propio pasmo.
publicado a las 0:10 a.m. por Fabio Zurita
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