miércoles, 13 de abril de 2005

¡CONTEMPLAD EL PROCESO DE CARGA DE GNC: EL ESPECTáCULO DE LA NATURALEZA HUMANA EN TODO SU ESPLENDOR!





Quienes nos hemos embarcado en el maravilloso mundo del automovilismo propulsado a Gas Natural Comprimido tenemos (cada media hora, es decir el tiempo que tarda nuestro auto en necesitar combustible nuevamente) la oportunidad de pasar por una experiencia por lo menos llamativa.


En el momento de la carga se nos requiere, lo mismo que al resto de los ocupantes, que nos bajemos del auto. El motivo es que aparentemente el equipo puede explotar, y no es muy conveniente estar ubicado dentro del auto en esa circunstancia.


Hasta ahí todo maravilloso – excepto por la incómoda sensación de que conducimos una BOMBA DE TIEMPO AMBULANTE. Lo curioso es que las potenciales víctimas de esta catástrofe, luego de bajarnos, nos quedamos a no más de treinta y cinco centímetros de la Máquina Mortal; Como si el peligro fuera, en realidad, que el auto implotara sobre sí mismo hasta convertirse en un agujero negro. En lugar de alejarnos un par de prudenciales cuadras – o de exigir que cada estación de GNC cuente con un refugio antiatómico para los clientes – nuestro cerebro cierra las compuertas de la racionalidad y nos convence de que, por obedecer la majestuosa orden del empleado cargador, seremos premiados con el don de la invulnerabilidad. Ni hablemos del empleado mismo, que debe suprimir su sentido de la supervivencia ocho horas al día.


Somos ayudados en este perverso procedimiento mental por el arma más poderosa de la negación humana: el cartel pegado con cinta scotch. Con el sólo hecho de seÑalarnos el cartel en donde se indica nuestra obligación – que se limita a bajarnos del auto – se suspende toda discusión, todo análisis y toda reflexión acerca del asunto. El cartel está ahí, como si se tratara de un pergamino mágico, para ejercer sus poderes sobre la realidad. Si bajo del auto estaré sano y salvo, aunque me suba al portaequipajes: ¡Lo dice el cartel!


Estamos acostumbrados a someternos al Todopoderoso Cartel: “Zona de no Fumadores”; “La casa de reserva el derecho de admisión”; “Las devoluciones se realizan de lunes a jueves de 10 a 11 de la maÑana”; “Pagos sólo con DNI”.


Deberíamos empezar a llevar nuestros propios carteles, pegados con cinta scotch en la espalda al estilo del clásico “Pegue que no duele”: “Soy feo pero quiero entrar igual”; “Yo sólo puedo venir a cambiar esa polera manchada de grasa de puchero que me vendieron después de las 6 de la tarde”; “No traje el DNI pero soy yo, no te voy a decir una cosa por otra, pagame y te hago un monumento”; “No me alcanza la plata pero igual quiero llevarme ese CD, permiso”; “Dame un besito, cachorrona”; “Hoy me voy del laburo seis horitas antes, ¿puede ser?”; “No es lo que parece”; “30 días de vacaciones YAAA”.


Yo ya me hice el mío que dice “Todo bien, soy ignífugo”. Con eso seguro que no me pasa nada.


Publicado a las 11:56 p.m.


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