Varios lectores han intentado responder a mi duda respecto del post “NO SOY UN ANGURRIENTO, LO QUE PASA ES QUE TIRAR ES PECADO”. Algunos me han contado cómo en otros países (léase “Estados Unidos”) la gente se lo lleva a su casa. Esto, por supuesto, elimina el conflicto- al estilo “muerto el perro, se acabó la rabia”-, pero no responde mi pregunta. Otros (lo que da una idea de la clase de personas que leen esta sección) se lamentan más profundamente por las botellas de bebidas alcohólicas abandonadas por la mitad.
El agudo Daniel R. aportando una reflexión más técnica, aduce: “el dueÑo es legalmente quien pagó por ellas, al menos (según ví en la película ‘Verdugos de la Justicia’ que argumentaba un abogado respecto de los desperdicios) hasta que haya sido tirado a la basura y revuelto entre los demás desperdicios.” Pero, acota, .ante la apariencia de abandono, supongo que uno podrá apoderarse de las sobras de facto y dejar que el personal del local, como implícitos apoderados del otro cliente en cuanto al destino de sus sobras, se encargue de avisarle al mismo en caso de que éste prefiera tomar acciones legales.”
Maximiliano A., en una línea parecida, aporta: “como estudiante de quinto aÑo de la carrera de derecho me inclino a pensar que la propiedad vacante de esas ’sobras’ pasa a formar parte del patrimonio del primero que se apodere de ellas para darles un fin medianamente productivo, los romanos llamaban a esto USUCAPION.”
El lector “Yerba Mate”, desde Italia, sugiere que el mozo debería preguntar a los comensales permanecientes en el local “¿alguno quiere este churrasco, bah, la mitad de este churrasco, crudito al medio, tostado por fuera? Y una parte de la ensalada esta sin aderezar. Vamos, algun voluntario, que me lo llevo y lo tiro, que pecado”.
Sin embargo, la experiencia del Sr. “Mzang” invita a dudar de la predisposición de los empleados gastronómicos. Escuchémoslo:
.He tenido la experiencia de ayudar a un amigo propietario de un restaurante, y al estar del lado de “adentro” conocí la verdadera cara del asunto. Un comensal no se apropia de los restos de la comida de otro por múltiples factores como asco, verguenza, etc. Distinta es la situación de quienes trabajan en el establecimiento (mozos, adicionistas, lavacopas, etc).
“Ellos no son personas amables, sonrientes y con actitud de servicio permamente porque sí. Reflexionemos un poco… ¿Nunca te sacaron el plato antes de terminar? ¿Nunca te sugirieron cambiar el plato con la excusa de que lo que estabas pidiendo se había terminado?
“La verdad de la milanesa es que El COMENSAL PIDE PARA ELLOS.
“Son manejadores del subconsciente, personajes siniestros y excelentes actores que controlan todo en todo momento y actúan en consecuencia. Ven si los ravioles que quedaron son de la rubia infartante y delicada que está a dieta, o de un anciano que se ha descompuesto por haber ingerido su 4º plato. Seleccionan los platos que se consumen en forma permanente y día tras día con el objeto de alimentarse con lo que les gusta, y de última, vender lo que no les gusta.
“De esta forma intentarán por todos los medios de que el pobre anciano coma lo que quiera, o algo de lo que ellos ya están satisfechos, y sugerirán una porción de ravioles a la parisiene para la rubia. Como tantas otras cosas, ellos saben que la rubia en su delicadez nunca terminará el plato ni pasará el pan por la salsa.”
El lector finaliza con el siguiente párrafo escalofriante:
“Los recuerdos me estremecen. Todavía recuerdo la imagen de un mozo mojando un bocado de puré de papas de un plato, con el resto de la salsa bolognesa de otro. Luego de esto, limpió su boca y bigotes, puso su mejor sonrisa y partió nuevamente hacia el salón en busca de más.
“Tengan cuidado, no se acerquen a ellos..
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