Como siempre, la realidad se encarga de darme la razón: Luego de mi prédica por la inyección no inyectable, un grupo de eminencias científicas ha puesto manos a la obra a este temible flagelo. Varios lectores me criticaron duramente por lo que consideraban era una manifestación infantil de “miedo” a las inyecciones. Ahora espero un pedido de disculpas personal y respetuoso.
Confío también que cuando se le entregue el premio Nobel de medicina (nunca tan merecido) a estos nobles investigadores, éstos tengan un mínimo de decencia y me den MI PARTE.
lunes, 19 de abril de 2004
¡VIERON, VIERON QUE YO NO ERA UN TARADO MENTAL!
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