lunes, 19 de abril de 2004

¡POR LA INSTITUCIóN GRATUITA Y OBLIGATORIA EN TODO EL PAíS DEL “DíA DE LA VERGÜNZA”!





Lamento iniciar la semana dando un paso hacia atrás, pero el tema del Sabinismo sigue generando polémica y olas de confesiones sobre la música que no debería gustarnos. Y aunque reincidir en un tema que parecía superado es una seÑal de decadencia (lo que marcaría una especie de récord, teniendo en cuenta que esta página apenas lleva un mes de publicación), un recuerdo súbito pero que puede ser de gran utilidad me obliga a dar esta poco elegante marcha atrás.


Efectivamente, aunque las teorías aportadas por los lectores no carecen de interés (.Sabina nos gusta porque tiene acento espaÑol; con acento argentino nos parecería una mersada., acusa uno; .Todo, escuchado las suficientes veces, termina gustándonos., acierta otro) y algunas confesiones son escalofriantes (como aquel metalero que sincera su gusto por el tema .Barbie Girl.), no es esta valiosa colaboración la que me retiene en este ya fastidioso corsé sabinesco; sino una experiencia laboral reciente que, sin pretender exagerar, puede revolucionar el mundo de las relaciones interpersonales y dar Inicio a una Edad de Oro de las Artes, las Ciencias y el Deporte.


Trabajaba en un lugar como ilustrador cuando, a partir de estas cuestiones musicales, se planteó la necesidad de instituir el .Día de la Vergü: Un día en el que cada uno llevaría al trabajo aquella música que no se atreve a escuchar delante de otras personas. Mi lista, como podrán imaginar, era extensa (lo cual habla muy bien de mi apertura musical y muy mal de mi fuerza de carácter): De Luis Miguel (.¡Afeminado!.) a Roberto Carlos (.¡Mersa!.), pasando por Silvio Rodríguez (.¡Psicobolche!.) y Barry Manilow (.¡Ni siquiera sé qué decir!.), la fuerza del qué dirán me impedía disfrutar de estos intérpretes como no fuera dentro de una cápsula de titanio acustizada y oxigenada. Tal como las fiestas paganas de la antigü la institución de un día en donde todo vale me permitiría pasar desapercibido junto al oprobio ajeno.


La experiencia no fue del todo exitosa, principalmente porque sólo yo y una compaÑera cumplimos con la consigna. Mi compaÑera trajo un cassette de las primeras épocas de Doménico Modugno cantando canciones picarescas (que, encima, no era en absoluto para avergonzarse). Mi antología de Andy Williams no produjo la impresión monstruosa que yo esperaba, y la de Barry Manilow fue cortada por la mitad ante mi propio pedido (la realidad es que después de .Copacabana. venían dos o tres temas malísimos y ni yo tuve paciencia para llegar al final).


La anécdota, como ven, es más bien pobre; en cambio creo que la idea, bien aplicada, puede ser enriquecedora, y revelarnos aspectos ocultos y encantadores de nuestros peores enemigos, suavizando asperezas y tensiones: aquella tilinga intolerable y de una pieza nos parecerá más humana y con más vericuetos de personalidad al revelarse fanática del tema .La Vuelta del Matador.; Aquel cínico intelectual escuchador de Robert Fripp nos provocará algo de ternura al confesar que en soledad escucha a las Spice Girls.


Así, en este día reinará la cordialidad; nadie se considerará mejor que nadie ni se sentirá con autoridad moral para hacer comentarios burlones sobre los gustos ajenos, ni criticará la marca de su chomba ni los ingredientes de su almuerzo.


Por supuesto, una vez acabado el día volveremos a nuestras máscaras habituales, porque el Carnaval no es Carnaval si dura todo el aÑo. Y probablemente durante el resto de la semana evitaremos mirarnos a los ojos y nos comunicaremos a través de un código conformado por breves tosecillas abochornadas, mientras fingimos leer con interés un papel que encontramos por ahí y que nos acompaÑará como un escudo durante horas, tal como hacen aquellas personas que por efectos de la bebida se hacen las confesiones más tortuosas y luego deben convivir incómodamente en un ambiente aséptico. Los más sensibles adelantarán sus vacaciones para ese período, y algunos directamente presentarán su renuncia. ¡Pero habremos vivido un día de Fiesta, Relajo Musical y Armonía Espiritual!


Y luego, podremos seguir fingiendo que nos gustan los Red Hot Chili Peppers.


Publicado a las 08:23 a.m.


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